—Tu... —dijo en tono de acusación— Ahora todo tiene sentido. Volteó medio rostro hacia Shayla, desde que llegamos es la primera vez que logro verla y sus ojos están rojos. Cruzamos miradas y ella agacha la cabeza, como si hubiera cometido algún delito o si estuviera avergonzada de que yo este viéndola de ese modo. —Tú le diste ese bicharraco a mi hija —concluyó al ver como el cachorro me mordía las manos y me lamía— Eso explica por qué desde que llegó lleva haciendo mi vida un infierno y porque me odia de la manera que lo hace, es un espía secreto de la base de alienígenas malvados. Maldita vieja loca, no deja de decir cosas sin sentido alguno y el perro no la odia. Tan solo es un pequeño cachorro juguetón, un animal que puede darse cuenta cuando alguien no quiere que esté cerca y que s

