—Eso es un golpe bajo, sabes que aunque me guste mucho no soy bueno en las relaciones —se acerca a la bandeja de mi cama, observa con detenimiento y toma una de las tostadas en el plato.
—Eso es muy mío, pequeña rata escurridiza —le arrebato la tostada antes de que pueda darle una mordida y se queda mirándome con la boca semiabierta— El punto de todo esto es que, mi madre está furiosa conmigo y eso que no está enterada de que en medio de la fiesta bese a Shayla frente a Natalia.
—No me hagas imaginar a tu madre convertida en dragona —le da un sorbo a mi vaso de jugo.
—¿Acaso no te dan de comer en tu casa? —se sacó el vaso de la mano y lo miro de pies a cabeza.
—Creo que tu mamá no te enseñó la parte de compartir con los amigos —me palmea el hombro— La comida en casa ajena sabe mucho mejor que en la casa de uno.
—No sabes lo chistoso que eres, casi puedo verte con la cara de payaso —murmuro ante su gesto de diversión.
Terminé rápido el vaso de jugo con las tostadas, luego me miré en el espejo y respiré profundo antes de salir de la habitación. Quiero recordar bien mi cara, la cara de un fracasado que va camino a arruinar su miserable existencia.
No tardamos mucho en llegar, los chicos se aproximaron a nosotros y empezaron a hablar sobre sus cosas. Mientras caminamos en dirección a la cafetería veo en su casillero a Shayla, noto su nerviosismo cuando me ve caminando y solo puedo hacer la cosa más cobarde que me pasa por la mente.
La ignoro, como si no estuviera allí parada con sus mejillas ruborizadas por lo que pasó la noche anterior ¿Pero qué podría decirle? ¿Quizá que mi madre no quiere que esté con la hija de su peor enemiga?
Llegamos a la cafetería y veo a Natalia, está con su grupito de siempre. Veo por mis reflejos que sigue cada uno de mis movimientos, todavía falta un rato para la primera clase y seguramente espera que tenga una excusa ante todos los presentes.
Tal vez espera una disculpa épica, una que deje a todos con la boca abierta y que la deja a ella por encima de todas las chicas. Porque alguien como ella cree merecer lo mejor, algo que todas las chicas del instituto quisieran tener y por supuesto yo soy una de esas cosas. Sin embargo, para eso debo de dar un discurso convincente delante de todos, una disculpa que ante todos sea perfectamente conmovedora y dicho sea de paso vergonzoso.
Me senté junto a los chicos en completo silencio, Richi no fue el único en darse cuenta de que las cosas no andaban del todo bien y entonces fue que la vi entrar. Con una sonrisa deslumbrante que me paralizó el corazón por un momento, luego cruzaron sus ojos verdes con los míos y se aproximó.
El momento perfecto para arruinar cualquier oportunidad entre nosotros, el momento perfecto para volver a ser enemigos y que continúe todo como fue hasta ahora, eso es lo correcto ¿Verdad?
—Te estaba buscando Sr. Cristóbal Colón —hizo una leve reverencia soltando una pequeña risa.
—Bueno, me encontraste bruja —digo en un tono bastante cortante y fijo mis ojos en los suyos.
Guarda un completo silencio y se pone tensa, por supuesto sabe que algo no anda bien. O al menos algo no anda igual a la noche anterior, sus labios se separan y vuelven a juntarse, así un par de veces antes de soltar un gran suspiro.
—Esta fue de mis mejores bromas, la broma maestra —digo lo suficientemente alto para que todos los que se encuentran en la cafetería se den cuenta— Pensé que te darías cuenta de que todo esto no fue más que un chiste, mi novia es Natalia y es una chica maravillosa ¿No te habrá cruzado la absurda idea por la cabeza de que podría cambiarla por ti?
Las risitas de la multitud volvieron la situación un poco más incómoda de lo que ya era, sus ojos verdes se cristalizaron y optó por llenar sus pulmones de aire ante el silencio que había entre ambos.
—Claro, esta era mi oportunidad para ocuparme de ti y quedarme con el puesto de capitana —dijo aclarando su voz.
Aunque esas palabras hayan salido de sus labios, pude verlo, su corazón destrozado ante la simple idea de que yo pude estar jugando con ella y con la situación. Su mirada se llenó de odio, por supuesto que iba a odiar al idiota que le acaba de romper el corazón.
—De todos modos un idiota como tú —esboza una media sonrisa divertida— Jamás va a estar a la altura de la mujer en la que me estoy convirtiendo.
Un golpe bajo quiere darme en algún lugar que me duela y me gustaría decir mi querida Shayla que me duelen tus palabras. Pero en estos momentos no existe peor dolor que el que yo mismo me ocasione, me siento fracasado y manipulado por todos los que me rodean.
—Cari —escucho la voz escandalosa de Natalia que se acerca meneando sus caderas— Te estoy esperando para que podamos desayunar juntos, estoy ansiosa por volver a probar tus dulces labios después de este teatro.
En mi garganta se forma un nudo, dibujo una sonrisa fingida y siento sus labios sobre los míos mientras me rodea en un extenso beso. Cuando se separa de mí me toma de la mano con fuerza, mi mirada se topa con la de Shayla y veo como sus ojos se cristalizan.
—Vamos Cari, te compré un delicioso café y unas donas —canturrea caminando pasos más adelante de mí.
Las horas de clase fueron de las peores torturas que alguien como yo alguna vez tuvo, de por sí no me gusta demasiado venir al instituto y no es que sea un rebelde.