Capítulo 6 "Nuestra América"

1719 Words
—Madre mía, se nota que traes mis genes en tu sangre, porque no recuerdo que nunca en la vida me vieras hacer algo como eso —asegura con orgullo alzando el dedo índice. —Esperaba un ¡Estas que matas a alguien Shay! De ambas —me cruzo de brazos y ambas dirigen sus ojos a mi escote— Tomaré en cuenta eso como algo que no debo volver a hacer mientras lo traiga puesto. —Tengo que comentar esto porque como tu mejor amiga que ha dormido contigo incluso me quedé en un completo shock —traga saliva con la boca semi abierta— Sabía que tus pechugas eran grandes y que tenías el melón para partir, pero j***r me haces dudar de mi sexualidad más de lo que debería. —Anda a cambiarte antes de que mi madre traiga la escoba y no sea exactamente para mi disfraz —comienzo a reír y la veo correr con una bolsa al baño. Nos sentamos en mi cama y mi madre baja la mirada como si quisiera hablar de lo que antes había sucedido, pero no se atreviera a pronunciar ni una sola palabra, entonces tomo la decisión de ser yo quien diga la primera frase. —Lamento como actué antes —suelto un pequeño suspiro entrecortado y apoyo mi cabeza en su hombro como solía hacerlo cuando era una niña. Cuando de niña veía a mi madre en la cama triste corría a donde se encontraba, me paraba sobre la cama y apoyaba el mentón en su hombro, ella solamente sonreía como si eso le llenara el alma como lo hacen conmigo las caricias de Tam. —Cariño, entiendo todo el rencor que tienes, fueron muchos años en los cuales no lo tuviste —me acaricia la mejilla— Escucha lo que tiene que decirte y luego si no quieres verlo más yo no voy a ser quien te obligue. —Pensaré en esto mamá —depósito un pequeño beso en la frente y vi como sale mi mejor amiga del baño. La bruja esta noche será acompaña por un ángel de cupido que lleva en mano un arco y en su espalda flechas suficientes para formar varias parejas. El ángel que va a derretir un corazón con aquel top y los shorts que apenas le tapaban las nalgas, no lo creo solo porque es mi mejor amiga, se ve jodidamente sexy. De esa manera emprendemos el corto trayecto a la casa de Ethan en el auto de Tam, el chofer nos mira por el espejo retrovisor, cada que puede desviar su mirada de la carretera y cuando no nos ve le damos un trago a un coctel que mi mejor amiga trajo. Escuchamos una canción de rock que es mi género favorito y una de kpop que es el de Tam mientras bebemos y cantamos, así fue como el trayecto se nos hizo tan corto que cuando llegamos nos encontramos lo suficientemente alcoholizadas para reírnos de todo. Entramos y la música está tan alta que debemos hablarnos en el oído, Tam no tarda en decirme que irá por una bebida y me deja allí bailando hasta que me doy cuenta de las miradas. El pánico casi se quiere apoderar de mí cuando veo a Ethan que se me acerca con una sonrisa traviesa en los labios, el efecto del alcohol me nubla los sentidos o nunca me había dado cuenta de que ese chico de ojos celestes y cabello n***o intenso también está esculpido por los dioses. Lleva puesto un disfraz jodidamente sexy de Gladiador romano y puedo ver su abdomen marcado, «Reacciona Shay lo estás mirando directo a su abdomen» pero ya es demasiado tarde. —¿Te gusta lo que ves? Porque me gusta lo que veo —le da un trago a la bebida de un vaso que ni siquiera me había dado cuenta que lleva en la mano. Me encantaría responderte Ethan, pero mi atención va directo a Christopher que lleva una camisa blanca abierta; arriba un gorro que se ve ridículo y debajo unos pantalones que no sé dé que museo se los abra robado, pero sí, estaba vestido de Cristóbal Colón. Vuelvo mi mirada a Ethan, que parece desconcertado porque de la nada ya no le estoy ni siquiera mirando y le doy una leve sonrisa de labios cerrados para luego acercarme a su oreja. —Querido anfitrión, me imagino que tendrás muchas más personas a las cuales saludar, así que hablaremos más tarde —hago una leve reverencia y él solo se queda riéndose en negación. Camino hasta Cristóbal Colón, en medio del camino le saco el vaso a un chico que está bailando y me bebo de una aquella mezcla que no tengo la menor idea de lo que es, pero que si no la tomaba no tengo el valor para acercarme. —Estás muy sexy —me susurra al oído y me toma por la cintura guiándome al ritmo de la música. —Ahora soy la bruja de la que tanto me acusas ser —pongo mis brazos alrededor de su cuello. —Sí, eres la bruja que me tiene hechizado y yo soy el Cristóbal Colón del que tanto te has reído —veo como se separa un poco y alza una de sus cejas mientras saca un papel de su cintura. —¿Qué tienes en ese papel? —le acaricio el abdomen descaradamente y me aproximó. —¿Qué te parece si vamos a descubrir América? —coloca mis manos alrededor de su cintura. —Parece una propuesta tentadora —me empieza a guiar al escuchar mis palabras por la multitud, sin soltar mis manos que permanecen en su cintura. La casa de Ethan es tan grande que puedes perderte, pasamos la piscina del patio trasero y la cancha de futbol que incluso tiene gradas para que pueda invitar un público a las prácticas, nunca entendí la gran finalidad de esa cancha, pero detrás hay incluso vestidores. No sabía que ellos fueran grandes amigos, pero al parecer mi Cristóbal Colón conoce muy bien la casa, me lleva a un lugar en donde nadie nos buscaría y que podemos estar solo él y yo. Enciende las luces y se sienta sobre una banca, quedo justo frente a él a la altura justa para besarlo justo en aquel instante, pero no lo hago. —Parece que conoces bastante el lugar, ¿Esto es América? —susurro acariciando su torso mientras me acerco un poco más. —Esta será nuestra América esta noche. No sé decir si es alcohol está jugando a mi favor o en contra, pero me dejo llevar y hago lo que quiero por primera vez en la vida, lo beso y sus labios no solo son el puto cielo. Son una droga, una de esas que si la pruebas una vez estás entrando a un callejón sin salida y como toda adicta solo puedo decir que esto me hace bien, que no quiero salir. Sus labios se sienten cálidos, puedo sentir incluso como su respiración se agita con cada movimiento de nuestros labios unidos, me sostiene por las caderas con fuerza como si fuera a caerme y tenemos los ojos fijos uno al otro. Nuestras miradas hablan, yo le digo que quiero devorarlo ¿Y él? No solo por su mirada, sé que él también. Separamos nuestros labios y él decide recorrer mi cuerpo con sus besos, muerde mi cuello, succiona mi piel y cuando se decide a subir arrastra sus labios desde la clavícula hasta la mandíbula. Muerde mi mentón y cuando vuelve a estar nuevamente sobre mis labios sonriendo con picardía. —Cuando era niño mi madre me asustaba con que las brujas vendrían por mí y me iban a llevar, si hubiera sabido que las brujas eran así me hubiera reído de ella —me vuelve a besar. Su lengua entra en mi boca y me estremezco, lo que está sucediendo no me parece correcto, entonces recuerdo que muchas veces lo que no es correcto se siente tan bien. Mis caderas empiezan a moverse como si supiera lo que estoy haciendo, una de sus manos sube hasta mi espalda y un jadeo se escapa de sus labios. Se dibuja una sonrisa sobre mis labios en medio del beso y uno de los tiradores del vestido resbala por mi hombro casi como si le estuviera pidiendo que me lo quite. —Tengo que decirte algo —separa sus labios de los míos por un momento— Me gustas y si esto pasa a más no quiero que las cosas se queden como han estado hasta el momento. —También me gustas pero, ¿De qué hablas? No lo entiendo —solo lo miro mientras trato de recuperar mi respiración normal. —A que no quiero seguir compitiendo contigo, no quiero estar más con Nat y no me importa la pelea entre nuestras madres —me acaricia las mejillas que siento calientes. —¿Estás dispuesto a tanto por mí? —lo abrazo y pongo mi rostro en su cuello. —Estoy dispuesto a todo por ti, nunca supe como asumir lo que estaba sintiendo por ti, era verte y el mundo se me venía encima —acomoda mi cabello y apoya su mentón en mi hombro— La única manera que encontré de acercarme fue con esa serie de bromas y lo siento porque lo arruine todo, te alejé de mí por mucho tiempo. —Me gustan las bromas que tenemos y no me alejaba de ti por ellas, me alejaba por la competencia de basquetbol, sentí miedo porque pensé que si me acercaba demasiado me enamoraría y al final tendrías el camino libre para ganar —la lengua se me enreda al hablar y la siento adormecida— El basquetbol es muy importante para mí, lo llevo en la sangre y me siento tan libre en la cancha que haría lo que fuera para que valoren mi esfuerzo. Todo se vuelve silencio y cuando comienza a acariciar mi cabello tan suave me transmite la confianza que aún no había sentido cuando lo tengo cerca. Me voy durmiendo lentamente, el alcohol me tiene el estómago revuelto y mi último pensamiento es que no volvería a tomar de esas maneras nunca más.
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