Capítulo 13

1537 Words
Jess vendría con alguien del instituto a casa, al parecer el trabajo era de tres personas y debíamos presentarlo para el día de mañana sin más prorroga..Vendría a las 2:00pm pero creo que ya se les estaba haciendo tarde; Iban a dar las 3. La cosa era que ninguna de las dos lo conocíamos, porque sí, era él. Y por eso mismo Jess se había atrevido a decirle que se juntara con nosotras. No significaba que eramos odiadas pero tampoco eramos amadas, pues la muy perra de Karen y sus amiguitas se habían encargado de regar por todo el instituto mi accidente. El pequeño pasado tormentoso, que ahora me acompañaba todas las noches, y mismo por el cual, todos los días me arrepentía. La cuestión de todo, era que solía ser muy impulsiva, a pesar de verme algo vulnerable por fuera. Cuando me hacían enojar de verdad, no había nadie que me detuviese. Y pues eso, sumado a la reputación que había creado, o tal vez la ausente reputación, no ayudaban mucho en cuanto a hacer amistades. Mis padres, no sabían sobre ello. Si recordaba escuchar que de pequeña era muy revoltosa cuando me molestaba, que de hecho muchas veces mi madre lloraba. Pero que con los años todo había empezado a mejorar. Claro que lo que pasó esa noche fue la gota que derramó el vaso. Increíble como algo tan pequeño, puede volverse algo tan delicado y grave. Todos se preguntaran como era que no estaba en la cárcel, como vivía tan relativamente tranquila... Pues la verdad era que el caso se había tomado de a grados menores, por no cumplir con la mayoría de edad y gracias también a el dinero de mis padres, que pudieron librarme de muchos años de atadura. No fue tan sencillo, como se alcanza a sonar, claro. Tuve que ir dos años a terapia, y tuve por estos últimos meses, a una psicóloga casi de niñera. Sin embargo aquí estaba, aun con las pesadillas, y aun con la culpabilidad latente en mi sistema. De pronto tocaron la puerta con firmeza, al parecer ya estaban aquí. La cabellera ahora larga de Jess transformada en un montón de trenzas, hizo que la cabeza me diera vueltas. Esta mujer era tan impredecible. —¿Qué te hiciste Jess Margarita? —Así se llamaba. Ella odiaba su nombre, por lo que la fastidiaba todo el tiempo con ello, o bueno, cada vez que tenía oportunidad. —Me fulminó con sus ojos cafés— Algo nuevo. A diferencia de ti que siempre estas igual y no me dejas cortarte el cabello. — Me sacó la lengua en forma de juego. Lo había olvidado pero para seguirle el juego, le saqué la lengua también. —Y yo que estaba por decirte que te quedaban bonitas...—Dije y noté como hacía un gesto de indiferencia fingida. Tras ella entró un chico alto y delgado, pero no de una forma exagerada. Sus ojos eran grandes y muy expresivos y tenía una sonrisa tímida, con pequeños hoyuelos en sus mejillas. Su cabello castaño medio largo, se encontraba echado para atrás. Cabello que estaba segura que no peinaba. No porque se le viera mal sino por lo liso y lo manejable que se veía. Por poco no escabullía mis dedos entre su cabello, nada más para experimentar la sensación que producía. Y sí, pueden llamarme loca si quieren. —Hola. —Soltó casi imperceptible cuando me miró. —Hey, ¿Eres nuevo? —La simple pregunta me daba algo de vergüenza, sí decía que estudiaba desde hace años en el Instituto, iba a morir de ese mal. —Eh sí, empecé este año. —Asentí.— Pues bienvenido, supongo. —Sonreí nerviosa. Hacía mucho tiempo que no hablaba con alguien más, bueno alguien que no fuera trabajador de casa, mis padres o Jess. —Soy Oliver... —Me tendió la mano. — El trabajo no está difícil pero, hay que empezarlo ahorita si no queremos reprobar. Okeey, era responsable el muchacho. Buena. —No traje nada. —Continuó Jess.— Tu debes de tener cientas de cosas acá. La manera en que trataba siempre de buscar un pretexto para dársela de vaga conmigo, me divertía en sobremanera. —Y si no tuviera te fuera echo parir a buscarlos, abusadora. —Tu me amas. —Guiñó. Negué con la cabeza al tanto de lo boba que era mi amiga. — Entonces, ¿Que hacemos? ¿Tu trajiste apuntes? — Dije dirigiendome a Oliver. —De hecho sí, y aquí tengo también un par de borradores. —¡Este hombre si era eficiente señor! —Perfecto. Yo descargué varios textos y libros que hablan sobre el tema, creo que con eso bastaría. Estuvimos toda la tarde en ello. Mientras Ally se había encargado de traernos unas galletas súper deliciosas. Adoraba el día que mi madre le había aprobado el trabajo aquí. Cocinaba tan benditamente sabroso. Ellas venían acompañadas de chocolate caliente, casi me dormía, con tanta consentidera. Para cuando terminamos el trabajo, nos pusimos a ver películas como si estuviésemos en el jardín de niños. Sentados en el piso y parloteando de todo lo que pasaba o iba a pasar en la peli. —¿Cómo es que son sólo ustedes dos? —Me miró intrigado Oliver tras un pequeño silencio. Nos quedamos en silencio por unos segundos. —¿Qué quieres decir con eso? —Me resulta extraño, que dos chicas tan interesantes estén solitas por el mundo. Jess clavó su mirada en mi nerviosa. —Pues... —Somos así, supongo...—Soltó Jess, tratando de alguna forma, salvarme de la pregunta. Pero yo no iba a mentirle, no iba a dejar que le envenenaran la cabeza igual que a los demás. Si él no sabía, tenía que decirle la verdad. —Es una historia larga. Una historia que estoy dispuesta a contarte, si mañana en la hora de descanso, te sientas con nosotras. —Es un trato entonces señoritas. — Perfecto—Le respondí intentando sonar tranquila. Porque la verdad debía estarlo, ya era hora de dejar de sabotearme, de pensar en mi misma. //// A la hora del descanso tal y como le había dicho a Oliver, nos reunimos para charlar del acontecimiento por el cual todos me aborrecían en el instituto, y otros hasta tenían miedo de mi. Mientras le iba contando, su mirada comenzó a transformarse y a tornarse angustiada, e incluso anonadada, no se imaginaba ni de cerca, lo que había pasado. Para cuando culminé, se aclaró la garganta, sin saber que decir. —Mierda es delicado. Yo asentí. —Pero...¿Tú estás bien? ¿Todo está bien desde eso? – Me preguntó luego, mirándome fijamente. Desde luego que mi mente continuaba siendo una montaña rusa de emociones, y aunque habían noches en las que las pesadillas no me dejaban descansar, simplemente no podía decirle aquello; No quería alejar a una persona más, ya bastante difícil era que comprendiera o se pusiera en mis zapatos ante todo lo que le había contado. —Lo estoy. —Respondí. — Sé que tal vez sonó horrible todo, y lo es. Pero si decides alejarte, o distanciarte todo está bien. No voy a juzgarte por ello Oliver. —No me quiero ni imaginar, la pesadilla que vives todos los días en este instituto. Ni lo dudes, tienes mi apoyo. Y no porque sienta lástima ni nada por el estilo, si no porque realmente sé que eres una buena persona, puedo notarlo. —Yo...No sé que decirte. —Tu mirada Victoria, tu forma de actuar, de decir las cosas, sé que fue un accidente. —Gracias Oliver. —No tienes por qué agradecerme...En serio. Jess en todo el rato se quedó en sumo silencio, pero en cuanto Oliver terminó de hablar se le lanzó a abrazarlo. Mi amiga era super efusiva, y dos lágrimas se deslizaron en mi mejilla, sin poder evitarlo. —Bienvenido al grupo. —Soltó Jess, emocionada. —Bienvenido. —Continué yo. —Y su mano hizo un puño, en un gesto de que estaba de acuerdo. Jess y yo le correspondimos. Después cada uno de los cuentos y chistes del instituto, salieron a flote. Porque después de todo, no queríamos que sintiera, que el instituto siempre había sido una mierda. Porque no era así. De hecho. antes solía ser más como Jess, más sociable. Creo que el accidente de alguna forma se había llevado también, mi manera particular de ser. La niña carismática y alegre que solía recorrer el instituto. Después de clases, Santiago me llamó para que fuera para el restaurante un rato a visitarle. Así que avisé a mi madre que llegaría un poco más tarde, y cuando llegó Carlos le dije que se devolviera a casa. No me atrevería a que me llevara hasta el restaurante, pues iba a ser motivo de sospecha para mis padres. Y pues, por ahora no pensaba contarles nada al respecto. Cuando llegué me senté en una de las primeras mesas que encontré. Me atendió una chica pelinegra y alta, le miré sonriendo cuando pidió mi orden y le dije que esperaba a Santiago. La misma, se ofreció a buscarlo por mi y le agradecí sonriente.
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