En la hora de descanso ya Jess sabía lo que había pasado entre Ojitos y yo. Y ahora, en ves de mirarlo como una conquista para mí, lo odiaba y yo me alegraba por ello. No quería que mi amiga, viviera cegada con la ilusión de que él era una buena persona. Porque no lo era.
—Es un patán Dios mío ¿Cómo te va a decir eso?
—Sí y lo peor de todo que había mucha gente alrededor estoy segura que le escucharon.
—No puede ser. Victoria, olvida lo que te dije antes, mantente alejada lo más que puedas.
—Eso intentaré. Parece que le encanta venir a hacerme la vida cuadritos.
—Que barbaridad de verdad.
—Una chica rellenita y morena se acercó a nosotras tímida. — Eres Victoria ¿Verdad?— Su voz era muy suave.
Asentí.
—Ten. — Me tendió un papel y un chocolate pequeño. Yo le miré confusa.
—Chica esto no es mío. —Alcé la voz cuando salió casi corriendo. Pero hizo caso omiso.
Suspiré y abrí la carta.
—Oh Victoria, tienes un admirador secreto. —Jess soltó emocionada.
—Cállate que no me dejas concentrar.
Rió.
Para: Victoria.
—Perdón por tratarte así, se me fue de las manos...
De: Liam.
Entonces así era que se llamaba, "Liam" . El muy imbécil pensaba que me convencería con sus disculpas falsas, sabía que en cualquier momento volvería a atacar y tenía que estar alerta pese a cualquier acontecimiento.
Jess me miró atónita al escucharme.
—¿Qué vas a hacer?
—Cómo que qué haré ¿Estás loca? No pienso verle más. Es un falso Jess, todo esto es teatro que está haciendo, para agarrarme con la guarda baja. No soy tonta.
—Tienes razón está raro, después de estarte tratando como lo hizo.
—No te digo yo. Iluso que piensa que me creeré su cuento.
—Lo peor es que es muy cínico. — Me dijo negando con la cabeza.
— Dizque no "Se me fue de las manos" —Le imité con voz varonil.
—Mi amiga carcajeó. — Me encanta. —Soltó y yo también reí.
La campana nuevamente invadió el espacio y yo apreté los ojos. No puede ser que pasara la hora, tan benditamente rápida.
— No quiero ir a clases. ¿Por qué será que nos tocan tantas clases separadas?
—Fui yo, le dije a la directora, que no quería ese tormento toda la mañana.
—¿Ah sí? —Su risa fue tal de películas de comiquita.— Desgraciada y yo pensando que me querías.
—Ya yo te dije, me quiero casar contigo nada más. —Solté apunto de darnos la vuelta y tomar caminos separados.
—¡Te adoro! —Gritó caminando.
Y yo sonreí. Encontrarme a Jess, era una de las pocas cosas bonitas que me habían pasado.
El día siguiente...
Contaba con que quedarme en el salón sería impedimento perfecto para no verme con el muy imbécil de Liam, quien últimamente parecía extrañamente, atento conmigo.
El aire acondicionado acompañado con el trasnocho que cargaba, me estaba volviendo completamente loca del sueño. Pero de pronto como si lo adivinase llegó Liam a mi puesto, me miró con ojos interrogantes y se sentó a mi lado de un paciente que repasaba mis niveles de incredulidad.
Todo estaba en sumo silencio, yo no quería decir nada, estaba cansada de discutir. Y con respecto a él, ni idea de lo que pasaba por la cabeza de una persona que carecía de neuronas.
Casi cuando pensé que todo podía llegar a ser perfecto, habló.
—¿Qué tienes?
— Mi mirada se clavó en la pared, no quería verle.—¿Realmente importa?
Al notar que me seguía mirando en sumo silencio, le enfrenté.
—No me pasa nada. ¿A ti qué te pasa?
—¿A mí?
Asentí.
—¿Por qué tendría que pasarme algo?
—Porque tu comportamiento es raro... ¿Qué planeas? ¿Burlarte de mí? ¿O llevarme a la dirección luego de engatusarme?
—Solo intento ser buena persona.
—Eso es imposible para alguien que sólo sabe hacer el mal.
—No me conoces.
—Me parece suficiente, con lo que ya sé de ti, de hecho.
—¿Qué mierdas sabes tú de mí? No sabes nada, eres una puñetera loca, por eso te trato como te mereces.
—¿Y yo soy la loca? Estás alzando la voz por una estupidez.
Pasó saliva, pensando en sus actos. Y cuando pensé que iba a decir algo más, se fue dejándome estupefacta.
¿Cómo intentar comprender a alguien que solo gritaba y no se paraba a pensar?, Que no le importaba lo que sentían los demás, que todo le daba igual... Y si le estaba juzgando, ¿Cómo podía conocerle en verdad, para demostrar que estoy completamente errada en rechazarle?
Ya era suficiente con las tormentosas pesadillas que no paraban, que cada vez iban de mal en peor.