Capítulo 11

2111 Words
Había un estrés que se notaba, casi salía de las paredes en el salón en el que nos encontrábamos. Numero 1: Se había acabado el fin de semana. Numero 2: Con ello otra clase de historia. Numero 3: Examen sorpresa a primera hora. Excelente. De hecho perfecto, para una persona como yo, que se le complicaba la retención de la información. Teníamos diez estúpidos minutos para repasar en nuestras libretas, ¡Diez! La profesora, nos miraba con cara de pocos amigos. — Uy no mi vida yo te odio más de lo que tú a mi.—El pensamiento me hizo reír un poco. Intentaba concentrarme, me estaba esforzando, pero no podía evitar sacar una imagen de mi cabeza. Había tenido un sueño muy raro. Ojitos se encontraba en él. Se me hacía raro, pues no le conocía de mucho y normalmente para soñar con alguien, mi mente requería de ello; Muy raro soñaba con personas totalmente desconocidas. El punto era que en el sueño yo estaba sentada en sus piernas. Él me susurraba en el oído lo tentado que estaba por mí y me comenzaba a tocar las piernas. Recuerdo que mi cuerpo se erizaba por su toque y que me encontraba encantada y a la vez aterrada. Yo le decía, que dejara de hacerlo, que no debíamos hacer eso, que no estaba bien, pero él me provocaba cada vez más. A poco de finalizar el sueño, todo cambio radicalmente, recuerdo bien, que su mirada cambió y me empezó a tratar con desprecio, sentí mucho miedo, de hecho cada vez que mi mente va a ello me provoca escalofríos. Cuando intenté zafarme de su persona, me jaló nuevamente hacia él, comenzando a ahorcarme de un momento para otro. No podía respirar, no podía hacer nada, la desesperación era tanta, que luego me desperté llorando. Estaba intentando procesar lo que había soñado, encontrar el significado detrás; Lo único que sabía es que me ponía los nervios de punta, y que por ende, eso no podía ser algo bueno. CAPITULO 11 En la hora de descanso, fui a por Jess, pero no se encontraba. Por más que le buscaba parecía que no había rastro de ella. Decidí preguntarle a una de sus compañeras de la primera clase que le tocaba. —Hola, ¿Has visto a Jess? Una chica muy delgada y de tes pálida me devolvió la mirada. Su cabello estaba algo desordenado y sus lentes se deslizaron hacia abajo de su nariz cuando me respondió. —No asistió a clases hoy. —Asentí. —Gracias. Cuando estaba por darme la vuelta, su mano me detuvo. Estaba helada, por lo que cuando sentí su toque, me sobresalté un poco. —Ten cuidado con él. —¿Eh? —Ese muchacho. — Me señaló con la cabeza al tiempo que lo decía. Yo le seguí con la mirada. Era Ojitos. Estaba hablando con par de chicas, se le veía fascinado y pues claro, era la sensación de todo el Instituto. —¿Por qué dices eso? Noté como su reacción, pasaba a ser nerviosa. —Ahí viene. —Soltó rápido y se escabulló por los pasillos. Yo pasé saliva. Miré detrás de mi y ciertamente, se encontraba Ojitos, acercándose hacia mi. —Hey nula, qué haces perdida en los pasillos. ¿Buscando a tu amiguita? Me quedé en silencio. —¿Eres sorda acaso? —Su semblante era de verdadera molestia. Comencé a caminar y noté como me seguía el paso. —¿Para dónde vas chiquilla? Si tu única amiga, no está para salvarte. —Puedo defenderme sola cabrón, déjame en paz. —Caminé más rápido. —Estas al tanto de lo que se escucha de ti en el Instituto, ¿Verdad? —No y tampoco me importa. —Estás envuelta en el primer chisme. Parece que siempre quieres llamar la atención. —Me volteé de repente y casi se choca con mi cuerpo. Me miró con interés. — No soy como tú rey, anda y buscate a la más zorra, aquí hay cientos de ellas. —Cierto, pero me fui a por la primera. El sonido de mi mano, impactando en su mejilla inundó el espacio, mientras todas las miradas recaían en nosotros. —Imbécil. —Solté y me eché a andar rápidamente. Ví por el rabillo del ojo si me seguía, cuando descarté que no lo hacía, comencé a respirar. ¿Qué era lo que estaba pasando en esta mierda de instituto? Todos estaban en contra de mí, ¿O cómo? Horas más tarde... Pensé que alguien me acusaría en la Dirección, pero la tarde fue mucho más tranquila de lo que pensaba. Gracias a Dios. Cuando me fui a casa la tarde parecía noche. El cielo estaba nublado y todo conseguía verse un poco espeluznante a su paso. —¿Está bien señorita? —Inquirió Carlos, mirándome por el espejo retrovisor. —Lo estoy, gracias por preocuparte. Asintió no muy convencido y miró hacia al frente. A penas llegue a casa. me acosté enseguida, no iba a pretender luchar con mis pensamientos, otra vez. Ya era suficiente por hoy. Pero cuando me desperté todavía no era de día;Miré el reloj, y eran las dos de la mañana. No pude evitar rodar los ojos, se suponía que dormiría corrido. Me fui a por el teléfono. Tenía dos mensajes y una llamada perdida. La llamada perdida era del Restaurante de Santiago, donde se comunicaba siempre, para decirme cualquier cosa, y los mensajes eran de dos personas diferentes. Los abrí sin pensarlo. Jess —Perdón por no avisarte que faltaría, mañana te explico, te adoro—Y un corazoncito adornaba el mensaje. Sonreí y fui a por el otro. Número desconocido: Hora: 8:47 pm —Perdóname... No pude evitar entrecerrar los ojos. ¿Quién me había escrito y cómo había conseguido mi número? Al final decidí dejar los mensajes sin responder, el primero no sabía que decirle y el segundo, no sabía quién era. Me fui a por una serie de Netflix y me comí un pedazo de torta rellena, que me había regalado Santiago ayer. Cada que podía me traía algo del restaurante, era de lo más lindo. Cuando iba por la mitad del primer capítulo, de "Locas y poderosas" empecé a escuchar un sonido repetitivo. —Tap, tap... Me saqué los audífonos. Eran ideas mías, o realmente estaba sonando algo. —Tap, tap, tap. Miré hacia donde creía que provenía: la ventana. Me acerqué a ella despacio temía que se tratara de algún animal raro. Cuando por fin pude ver, me eché a reír. Y la cara confusa de Santiago, me provocó aún más risa. —Shhsss... —Hizo para que hiciera silencio. —Todos están dormidos ¿Estas loca? —Eso te digo yo, qué haces despierto a estas horas. —Ven.—Me susurró haciendo señas para que cruzara a su ventana. Acercó su mano hacia la mía y me ayudó a cruzar. Era una locura todo esto, si cayera creo que mínimo me partiera las piernas, pero las ganas de verlo eran tantas, que siempre me cegaba a ello. Cuando estuve en su ventana me ayudo a bajarme colocando sus manos en mis caderas y ya en el suelo me besó en la frente. —Te extrañaba. ¿Por qué no contestaste a mis llamadas? —Eh, ¿Ya ves lo que se siente? Él sonrió —Ya te dije que lo sentía Vick...Ven, vamos a dormir juntos. Tomó mi mano y caminamos hasta su cama. Cuando nos acostamos, me acomodé quedando de espaldas a él, podía escuchar sus latidos, y no sabía cómo pero provocaba paz en todo mi sistema. —¿Cómo te fue? —Estuvo bien...—Mentí —Lo mismo de siempre, ¿Y el tuyo? —Estuvo agotador amor, había cientas de personas allá. —Me imagino. —Gracias a Dios ya puedo estar aquí contigo. — Mi corazón saltó cuando lo dijo. —No sabes cuánto deseaba esto. —Yo quisiera estudiar contigo...Todo fuese diferente. Lástima que nos llevemos un año de edad. ¿Que hay de la Universidad Santiago? —Sabes que no puedo Vick, tengo que cuidar a mis hermanos, ¿Que comerán si me pongo a estudiar? —No es justo que te dañes la vida de esa forma, pero en cierta manera lo entiendo. Y sí...—Me senté en la cama para verle a los ojos. —Si yo pagara para que cuiden a tus hermanos. ¿Lo harías? —Nena sabes que no. No inventes. No me gustan esas cosas. —¿El qué? —No quiero que gastes en mí. —No tiene nada Santiago, es por un bien mayor. Piensa en las posibilidades que tuvieras si terminarás una carrera. —No puedo pensar, sabiendo todo lo que tengo en casa. —¿Por qué te niegas a tu bienestar? —No es que me niegue Vick, simplemente no me parece que el dinero de otro, sea utilizado en mí. Y menos sabiendo que la que lo está gastando eres tú. —No te entiendo. —Dejemos de hablar del tema, ¿Sí? Acabamos de salir de una pelea, ya es hora de estar tranquilos. Aunque mi necedad, iba por más me obligué a acostarme nuevamente y tomar silencio. —¿Todo bien? —Su voz demostraba preocupación. —Todo bien amor. —No iba a rendirme, pero por hoy era suficiente. Mis labios se juntaron con los suyos lentamente, y cuando me separé, me abrazó y así nos quedamos por vario rato. CAPÍTULO 12 —¡Señorita!, ¡Señorita! —La voz de Ally me despertó en la mañana. Cuando empecé a abrir los ojos, me asusté al ver que no estaba en mi cama. ¡j***r! Había olvidado colocar alarma. Normalmente la colocaba para que no me pasaran cosas como estas. Cosas de maravilla. —¡Señorita! —Dijo nuevamente y yo le miré sobresaltada. —Ay, lo siento, lo siento... Santiago también se levantó por la bulla. —Vick, j***r— Observó su reloj de pared. ¡Son las siete tienes que ir a clase! —Me voy. —Le besé en los labios. Y miré a Ally culpable. —Lo siento Ally no pensé que...—Solté al cruzar hacia mi ventana. —Ya hablaremos. ¡Ahora vistase, que Carlos está abajo! Asentí y me metí al baño tras ello. Me lavé la cara, cepillé, y pasé el peine por mi cabello enmarañado de la mañana. Hice lo que pude por lavar mi cuerpo rápidamente, y me vestí con lo primero que vi. Parecía una loca. Cuando bajé Carlos me fulminaba con la mirada. —¿Qué? —Pregunté haciéndome la tonta. —Vas tarde. —Lo sé lo lamento, me quedé dormida. —Dije cerrando la puerta. — No le digas a mis padres porfa. Me miró por el retrovisor de forma acusadora. —¿Síii? —Coloqué la cara para mi, más tierna, que se podía. —Ay Victoria, qué voy a hacer contigo. —Riñó. —¡Gracias! El auto arrancó y me coloqué una coleta, para que el cabello no luciera tan desarreglado. Tras eso, respiré hondo. Otro día más en este instituto hermoso. Y que se me note el sarcasmo por favor. Estaba arreglando las cosas en el casillero, cuando Jess se acercó a mi, con rostro pálido. —Hola. —¿Jess? ¿Estás bien? ¿Qué tienes? —El frío de la noche de la fiesta me hizo daño.Ahora tengo gripe. —Su voz nasal hizo que me riera un poco. —Ay amiga, que cosa contigo y yo que pensaba que habías faltado por quedarte durmiendo. —Nada de eso. Me siento muy mal, y ayer me sentía peor. —Rodó los ojos. — Mañana te traigo las vitaminas que toma mi madre para subir las defensas, esas son buenísimas. —Gracias mi amor. —Me abrazó. —Se escuchó un carraspeo, y observamos quién lo producía: Era Ojitos, o como se llamara. Parecía increíble que no me sabía su nombre aún. Es que el interés era tan poco el de conocerlo... —¿Puedo hablar un momento con Victoria? —Inquirió con voz suave. Era creo que la primera vez que se refería a nosotros en ese tono tan tranquilo. Agarré a mi amiga del brazo. Ella me miró extrañada, cuando le hice una mirada que lo decía todo. —No, ya nos vamos. —Soltó Jess y salimos disparadas de ahí. —Solté un suspiro en mis adentros. — Gracias. — Le dije cuando ya estábamos lejos. —¡Tienes que contarme todo! —Y lo voy a hacer.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD