Capítulo 14

1364 Words
A la media hora llegó Santiago mirándome efusivo. Su cabello estaba algo desordenado le caía sobre su frente, haciendolo ver más joven de lo que era. —Estas hermosa, Vick. —Soltó y no pude evitar ser sarcástica ante el comentario. —Sí, me veo perfecta con el uniforme de todos los días del Instituto. —No inventes, siempre estas hermosa. —Ajá.—Dije a regañadientes. Mientras las mariposas comenzaban a revolotear dejandome sin aliento. Estaba jodidamente perdida, de eso no cabía dudas. Y temía que en algún momento el karma me pasara factura; Pero eso sí, que él se diera cuenta de mi inestabilidad y lo mal que me ponía en el buen sentido de la palabra, jamás. Porque si algo sabía es que mi orgullo y mi yo testaruda, no eran algo facil de manejar. Sus labios se pegaron en mi mejilla y posteriormente cerca de mi oído. —Vamos al baño. —Negué con la cabeza, nerviosa. —No Santiago estás loco, ¿Y si nos cachan? —Susurré. — No nos va a pasar nada. —De ninguna manera Santiago, ya te dije. —La comisura de mis labios, fueron sellados por su revoltosa pero deliciosa boca. Pasé saliva. A nadie quería engañar, si había tomado un taxi para venir hasta acá no era para hablar estupideces, quería estar con él, quería abrazarle, sentirle... Me guió haciéndome señas y yo me levanté sorprendida de la mala influencia que podía llegar a ser este hombre. Entré al baño de mujeres rápidamente mientras el corazón me latía a trompicones. Me vi en el espejo, todo estaba perfecto. Deslicé las manos en mi cabello, tratando de peinarlo con ello y vi su sombra pasar rápidamente. Entonces de pronto sus labios se comenzaron a posar en mi cuello poco a poco, empezando a erizarseme la piel, mientras que un escalofrío me recorría por todo el cuerpo. Su pecho pegado al mío, me hacía respirar con dificultad. Pero al parecer eso no bastaba, sus labios en mi oreja, me encendían de una manera inexplicable. Era un delirio, estar de este modo con él, sabiendo perfectamente que esto nos llevaría a una decisión algo apresurada. Una decisión de la que luego, nos íbamos a arrepentir, o tal vez no. Un misterio por resolver me esperaba y para rematar yo era amante de la curiosidad. —Te amo Vick. —Soltó en un susurro, mientras me sujetaba con fuerza de la cintura, para quedar más cerca suyo. Las mías subieron a su cuello intentando sostenerme, tenía miedo de desmayarme en cualquier momento ante la debilidad y el cosquilleo que estaba habitando a mi cuerpo en este momento. Me echó el cabello para atrás y besó lentamente la parte superior de mi boca, luego mis mejillas, mi nariz y mi frente, lo hacía con tan condenada dulzura, que debía estar como un tomate de roja. Cuando llegó nuevamente a mi boca, introdujo su lengua y la movió contra la mía en un baile maravilloso. Nuestras lenguas se deslizaron otros segundos más, mientras sus manos subían a mis pechos. Pero la tela del uniforme era demasiado gruesa para sentir sus manos como verdaderamente quería. Para cuando las tocó abajo de la camiseta ya yo estaba jadeante, me iba a volver loca, con sus dedos escabulléndose dentro de mi sostén, moviendose cada vez de una manera diferente, con su lengua contra la mía, con su cuerpo quemándose por el mío... Sus manos empezaron a navegar a la parte de atrás del sosten, pero aunque quisiera seguir, sabía que no era lo correcto, quería que las cosas salieran bien. Le detuve separando mi boca de la suya, y le miré culpable. —¿Qué pasó? —Que vamos muy rápido. —¿Eh? Vick...No... Me tienes muy mal, no puedo controlarme. —Volvió a besar mi cuello. —Hablo en serio. —Me separé otra vez, evitando sus besos, observandole un poco más sería —Lo siento. —Yo también. No debí haber aceptado, esto es una locura. Sonidos en la puerta empezaron y casi grito del susto. Alguien estaba esperando afuera en el baño. Lo que era obvio, en cualquier momento pasaría. Santiago me miró también asustado. Si nos veían podían botarlo a él, estaba en modo de prueba. —¡Dios mío! — Susurré. —Mientras escondía a Santiago en uno de las cabinas del baño. —¡Quedate ahí! Continuaban tocando. —¡Un momento...! Me bajé la camisa, la metí abajo de la falda del uniforme y arreglé mi cabello una vez más como pude. Perfecto, ahora me tocaba decir que tenía diarrea. Cuando llegué a la mesa la mirada fulminante de la muy perra de la amiguita de él, me repasaba lentamente. Acaso yo era payasita ahora para andar entretiendole la vida a la plástica esa. —¿Quién eres? —Se acercó a mi con una voz, más plastica que su fisico mismo. —¿Te importa? —Digo porque parece que siempre vienes por Santiago, ¿Tal vez su hermanita menor? Si es así dejame decirte que tu hermano es un encanto, es super dulce conmigo. La molestia brotaba por mis poros. —Soy su novia. ¿Y tú quién eres? — Le miré de arriba a abajo. —Uy lo siento nena, no pensé que serías su novia, con el comportamiento que tiene él aquí se me hace casi imposible creerte. Creo que nunca había estado tan roja de la ira. Por el rabillo del ojo vi como salía del baño Santiago. Quien me debía ahora, muchas cosas por aclarar. O tal vez no, la plástica esta, se veía que era, de esas que arrasan con todo lo que ven a su paso, con cada ojito bonito que se cruza en su camino. —¡Vick! Intenté no rodar los ojos. —Que bueno que ya estás aquí. —Fingió verme por primera vez en el día. —No sabía que tenías novia Sant ni tampoco que pareciera tu hermanita. —Karina, ¿Puedo hablar a solas con ella? Gracias. —Por supuesto Sant, lo que tu quieras. Dios mío es que se me revolvía el estómago, de solo escuchar sus tacones en la porcelana. Me recordaba tanto a Sarah, atorrante, estupida, con ganas únicamente de dañar. —Santiago, ¿Se puede saber por qué la estupida esa me habla así? —Lo siento amor, es algo picosa. —¿Algo? ¿De verdad? Me tiene hasta los cojones. —Sí pero no es nada a lo que le tengas que tomar importancia, de verdad. Quedate tranquila. —Suspire, tratando de bajar mi enfado. — Mira que si me llego a enterar de algo, ¡Ay Santiago, no me ves! —Respira, todo está bien, solo es un poco creída y ya. Tu eres más guapa que ella y le causa molestia no ser el centro de las miradas como la mayoría del tiempo. —Mmju. —Respondí comicamente. — Si es el centro de las miradas es porque tu también te la pasas coqueteandole. — ¿Qué dices Vick? Por favor, ¿Solo créeme sí? No entiendes cuan de colado estoy por ti. No tienes por qué pensar de esa manera. —No lo sé Santiago, no confío en ella. —Y no te estoy diciendo que lo hagas solo que confies en mi palabra cuando te digo que no me pasa nada con ella. Asentí intentando no pensar más en el tema. Me tomó de los hombros mirándome con seriedad. — Me encantas. —Las palabras que salieron de sus labios me hicieron poner nerviosa, y el enfado iba disminuyendo poco a poco, tal como si se tratara de una dosis que me hubieran inyectado. —No te voy a cambiar por nada del mundo y menos por alguien con esa personalidad. Asentí sin saber que decirle. Su boca se acercó con cuidado a mi mejilla y depositó un beso ahí mismo. Era de lo más tierno. — Nos vemos en la noche Vick, tengo que seguir trabajando. Ya me montarón el ojo. Pasé saliva. De cierta manera me sentía un poco utilizada, pero yo misma me lo había buscado.
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