Al día siguiente intenté hacer algo diferente y levantarme más temprano de lo habitual. ¿Que cómo había logrado levantarme tan temprano con buen pie? No tenía ni la menor idea. Pero salí a hacer ejercicio o bueno, a trotar.
El frío me arropaba de lleno, estaba muy fresco el día y empezaba a temer el daño que eso, le iba a hacer a mis pulmones. No es que fuera asmática, pero si era muy enfermiza.
Desde chiquita vivía en un hospital, mi madre siempre se reía contando los malos ratos que tuvo que pasar conmigo, y todos los regaños que recibía por faltar tanto al trabajo por las mismas razones. La gente poco creía que podía existir una persona tan inestable en esa parte.
A parte, cargaba puestas unas simples licras junto con un top de tela gruesa como para sostener mis senos, pero no lo suficiente como para no helarme los pezones.
Me detuve después de unos diez minutos aproximadamente, ya me imaginaba mis mejillas bien rojas y mi cabello bien desordenado por el movimiento. Abrí la botella de agua que cargaba en mi pequeño bolsito de cadera.
El cuerpo empezaba a picarme por el movimiento constante de la piel, ya era hora de que me pusiera de lleno con el ejercicio, estaba muy descuidada.
—Hey.
Voltee incredula sin reconocer la voz.
Era Jess, con una sudadera y unas licras negras que le llegaban por abajo de las rodillas. Su melena estaba atada en un moño alto, y su rostro se encontraba limpio, sin un atisbo de maquillaje de por medio.
Le miré extrañada.
¿Jess haciendo ejercicio? Esto tenía que ser un mal chiste.
— Necesito contarte algo.
—Ajá. — Solté en forma de que prosiguiera con lo que iba a decir.
—No me dejó dormir toda la noche, no sé tal vez, me puso algo nerviosa. No sé como lo tomarás.
— Jess, sólo dilo.
—Ojitos me escribió.
— Casi me ahogo con mi propia saliva al escucharle. — Hablas en serio.
—Más en serio no podría estar hablando. No sé qué hacer.
—Pero espera. — Le toma el brazo como si se tratara de una niña pequeña regañada por su madre. —Sentemosnos..
Un banco de cemento se encontraba a pocos pasos de nosotras, y fuimos por el.
Le noté pasar saliva cuando me miró a la cara.
—¿Qué te dijo?— Inquirí tratando de sonar menos molesta, y más como una amiga que se angustiaba por lo que estaba sucediendo.
— No sé como consiguió mi número pero me dijo que quería verme hoy en la tarde, despues de clases.
— Intenté deslizar los mechones que sobresalían detrás de mis orejas. — Pues no sé si te sea de ayuda esto, pero ayer me salté un poco en decirte que él estaba muy interesado en saber de ti, bueno en realidad de si saldríamos juntas. Tal vez era para eso, para poder reunirse contigo.
—¿La cosa es que para qué quiere verme? No me parece muy normal que me diga a estas alturas que le gusto.
Sin querer mi corazón dió un pequeño vuelco.
—Tal vez... —Solté pensando al azar. — Tal vez por eso me trata, para yo servir de puente para acercarse a ti.
—¿Tú crees? Pero si es así, no entiendo el por qué su trato malo hacia a ti.
—Tal vez le caigo mal Jess, no sería el primero.
—No lo sé. — Soltó mirando ahora, a unos niños que jugaban persiguiendose unos a otros. — No tengo nada que ponerme, tenía mucho tiempo sin tener citas, y aunque no sea un mal partido, porque el tipo está rebueno, no sé, como que no me cuadra algo.
—Que no te cuadra Jess, no divagues.
—Es que su manera de llamar mi atención es un poco tonta. ¿Acaso estoy loca o a ti no te parece un poco raro?
—La verdad es que sí, pero quien sabe tal vez no sea tan malo como parece. Tal vez sólo se comporte así conmigo. Aveces las personas necesitan una segunda oportunidad.
—Se quedó pensativa, mirando a nada en especifico. — Creo que tienes razón, no puedo juzgarle de esa manera, no cuando ni le conocemos en realidad. Voy a ir y despues te cuento como me va, ¿Sí?
— Pasé saliva. — Me parece bien.
Me besó en la mejilla y sonriendo se fue tan rápido como llegó.
No pude continuar haciendo la rutina, los pensamientos me agobiaban con fuerza. Por lo que decidí irme a casa y descansar un poco.
Pues no era cierto el positivismo que embargaba con Jess, realmente no presentía venir nada bueno, porque si era increiblemente extraño todo y también porque sin quererlo, sentía un poco de celos al respecto.
Cuando llegue a casa mi madre cocinaba, estaba de pies a cabeza llena de harina de trigo, la imagen tan sorprendente me causó mucha risa. Parecía estar haciendo una torta, pero como nunca cocinaba, cuando lo hacía terminaba envuelta en crisis.
—¡Hija, ven acá a ayudarme! —Alzó la voz al verme.
— Ah no, yo voy a mi habitación. — Bromée para ver que decía.
—Ni se te ocurra jovencita.
Reí al escuchar la palabra "Jovencita" pues solo la escuchaba, cuando esta llegaba a ponerse muy desencajada con lo que yo decía o hacía.
—Mamá cómo se te ocurre que vaya y te deje sola, con esa harina de trigo que te quiere comer.
— Ja. La verdad, soy malísima para esto, no entiendo como tu padre, aun así se fijó en mi.
—Eres una gran persona mamá, y no es como que fuera un requisito indispensable para no enamorarse de ti.
—Gracias mi amor. — Me abrazó con la mano que no había ensuciado. —Sabes que eres mi chiquita hermosa ¿Verdad?
—Le correspondí con un beso en la frente. — Te quiero mamá.
—Yo te amo mi vida, aunque seas igual de fría que tu madre.
Algo dentro de mí pareció entristecerse por su comentario, pero me costaba ser cariñosa, no era algo natural en mi. No era algo que para mi fuera importante, pero para los demás sí y esa era la cuestión. No quería que se pensasen que no los quería, pues yo lo hacía pero a mi peculiar manera.