Thomas se siente extasiado, caminando en la cuerda floja, a punto de caer en un abismo que lo hace sentir algo de vértigo.
Amari, ella, por su parte, está perdida, solo es un cuerpo tembloroso, que no deja de moverse buscando más y más.
¿Más que? Más placer, más profundidad, más calor, más de Thomas.
Y Thomas va a darle todo lo que ella pida hasta dejarla saceada.
El señor Cárter es un hombre apuesto, pero no solo es guapo, incluso sexy. Metro noventa, su tez morena, su barbilla recta cubierta con una cuidada barba, sus gruesos brazos y su gran espalda. Sí es considerado un hombre con un enorme s*x appeal.
Pero no solo eso. Quizás sean sus duros y fríos ojos grises, su mirada normalmente indiferente, o simplemente algo en su aura, pero también es un hombre misterioso. No hay que mantener largas conversaciones con él para asegurar que detrás de él, hay muchos misterios.
Cómo sea, Thomas Carter es un hombre por el cual muchas mujeres se ofrecería en bandeja de plata, tanto por su atractivo físico, como por ese aire misterioso que le encantan a muchas.
Claro que también está el tema del dinero y poder que su nombre representa.
Sin embargo, ese no es el tema a tratar en este momento, sino que lo es como un hombre como él, que ha pasado por más faldas de las que le importaría contar; está experimentando un placer que antes no había conseguido.
Quizás sea por la fogosidad que demuestra Amari, o su manera tan despreocupada y segura de entregarse a él, la manera en la a pesar de mostrarse sumisa a él, también se muestra dominante.
Amari es todo lo que él pensó que sería y más. Amari es una amante fogosa, segura de si misma, confiada, y por lo mismo, es la mujer que le ha hecho sentir el sexo cómo algo más que una simple acción carnal en la cual desechar el estrés.
Ella está haciendo que él desee más de ella, que quede sediento por más.
Thomas está seguro solo de una cosa, y es que él va a tomar más de Amari, mucho más, porque una vez no es suficiente.
–Ah, sí – y su dulce voz, mierda. Ella no ha dejado de gemir, de pedir por más, de expresar su gozo.
Y joder, eso lo está volviendo loco. Quizás sea su tono meloso, su dulce cara desfigurada del placer, o puede que sea todo al mismo tiempo.
–¿Te gusta? – desenfrenado, fuera de control, Thomas aprieta su cadera y embiste con fuerza, haciendo que la espalda de Amari se arqueé y suelte un profundo gemido sin dejar de asentir.
Otro orgasmo. Ya ha perdido la cuenta de cuántas veces sus esbeltas piernas han quedado temblando alrededor de su cadera o la cantidad de veces que su centro lo ha apretado, demostrando como ha llegado a la cúspide de su placer.
Pero él todavía no está ni cerca de cansarse de verla.
–Ah, Thomas – por otro lado, la dulce castaña está mareada, cada orgasmo parece más arrollador que el anterior, siente su corazón latir como un loco, tanto que casi teme que salga de su pecho.
Por no mencionar que está tan sensible que solo basta un ligero roce para hacerla perder la cabeza.
–Espe-espera un momento – casi le asusta la manera en la que él posee su cuerpo, la manera en la que él no parece querer parar, y aunque a ella tampoco le hace gracia la idea de detenerse, teme que si siguen un poco más, se pueda hacer dependiente de esto.
–No lo creo, hermosa – escucharla enciende algo en él, lo hace querer más, pero escucharla pedirle que pare, le crea un conflicto.
Thomas no va a parar, no hasta saciarse de ella. El problema se encuentra en qué ni siquiera él está seguro de que si eso podría pasar.
–Thomas…– sin querer volver a escucharla pedirle que pare, lleva una de sus manos hasta su rostro y con suavidad, cuela dos dedos entre esos deliciosos labios rojos, hinchados luego de tantos besos.
Su acción parece lograr más de lo que esperaba, pues no solo la silencia, sino que incluso ella parece más mojada, más receptiva, como si hubiese sido una inyección de energía.
Amari, por otro lado, nunca se había sentido tan dominada, tan sumisa, y nunca pensó que algo como cederle tanto poder a su amante podría causarle tanto placer.
Es como si el cansancio se hubiese evaporado de su cuerpo, por lo que ella afianza el agarre de sus piernas en la cadera del contrario, lleva una de sus manos a sus hombros, enterrando sus uñas, mientras que su otra mano se sostiene de la que se encuentra ocupando su boca.
Entonces, comienza a succionar, empieza a mover la cadera, y empieza a recibir sus envites con fuerza, gimiendo aún con su boca ocupada, logrando una escena que hace temblar la resistencia de Thomas.
Mierda.
Nunca se sintió tan fuera de su control, nunca una mujer se vio como ella lo hace en ese momento, como si fuera la personificación del placer.
Y entonces, Thomas acaba, con la misma fuerza con la que ella lo hace.
Amari gime, alto, tiembla, se aferra a él, sintiendo como el hormigueo en su vientre no se detiene.
Por otro lado, Thomas exhala, sin aire, incluso su mirada se nubla un poco, y no puede evitar desplomarse un poco sobre ella, respirando profundo, tomándose un segundo para recuperarse.
Joder, eso fue caliente.
Es lo que pensó, antes de separarse suavemente de la contraria, viendo con curiosidad la manera en la que su cuerpo tiene un pequeño espasmo al momento de salir de su intimidad. Y sin dejar de verla, se encarga de quitarse el preservativo y hacerle un nudo.
Casi se siente inadecuado decir algo, y de hecho, una vez despojado del látex, vuelve a acostarse de medio lado, viéndola fijamente mientras ella respira pausada y profundamente.
Entonces, Amari ríe.
Y Thomas se siente extrañado, aún así, no puede evitar sonreír un poco ante la imagen de una sudorosa y cansada Amari reír de esa manera.
–Eso fue… guao – Thomas sonríe de medio lado, con algo de burla por la expresión tan infantil que ella utilizó para describir uno de los mejores sexos que ha experimentado el mayor.
Por no decir el mejor, pero eso es algo que él no va a admitir.
–Por un momento pensé que serías virgen – no es cierto, él nunca pensó tal cosa.
Pero le hace gracia ver cómo ella vuelve a reír por sus palabras.
–¿Tengo cara de ser una mujer así de pura y casta? – si, la verdad es que Amari con su dulce sonrisa y sus grandes, aunque opacos, ojos mieles, podría pasar fácilmente por una mujer inocente, pura, e inexperta.
Pero solo hace falta una pequeña conversación con ella y esa sonrisa llena de picardía para saber que ella ha hecho cosas que muy pocos podrían siquiera suponer.
Ella sabe mucho más de lo que cualquier persona creería, y aquel que la subestime estaría cometiendo el peor de sus errores.
Thomas no es cualquier persona.
–No, pero tú hermano si tiene pinta que espantaba a cualquiera que intentara tener una conversación contigo – Amari se acomoda en su lugar, poniendose de medio lado, volteando hacia el lugar que sabe que está Thomas, pasando por alto el cosquilleo que aún alberga en sus piernas y entrepierna.
–Si, la verdad es que si, pero a los chicos les gusta jugar con lo prohibido – ella vuelve a mostrar esa sonrisa llena de picardía, y Carter no puede evitar acercarse y besar otra vez sus labios.
Un beso fuerte, exigente, que hace cosquillear sus labios más de lo que ya lo hacían.
Es como si no pudiesen sacearse del otro.
Pero Amari teme que una segunda ronda podría incapacitarla de sentarse al día siguiente, por lo que con una risita se aleja de él, poniendo su mano en el pecho del contrario y sintiendo debajo de sus dedos los fuertes latidos del mayor.
Thomas es todo lo que ella pensó que sería. Dominante, fuerte, hábil, y grande.
Pero al mismo tiempo, supero sus expectativas con creces. Es el mejor amante que ha tenido, nada que ver con los dos únicos hombres con los que ha intimado en el pasado. Sin experiencia, incluso algo sosos.
El mayor sabe lo que hace, y se lo dejó muy en claro, que no es un niño, es un hombre, uno al que ella se entregaría todas las veces que pudiera.
–Por hoy ha sido suficiente ¿No lo crees? – no lo duda ni un segundo, y una vez termina de hablar, ella se toma el atrevimiento de acercar su cuerpo al contrario.
Ese gesto confunde un poco a Carter. No es primera vez que una de sus mujeres intentan acurrucarse con él después del sexo, mostrarse indefensa y jugar un papel dócil para intentar enredarlo en sus garras.
Pero Amari parece natural al pegar sus cuerpos y mostrar una sonrisa llena de seguridad y satisfacción.
Ella solo se acercó a su calor por instinto.
–Solo por hoy – ella tararea en aprobación, pensando lo mismo.
–Quizas mañana podríamos tener otra ronda – ofrece, pero Thomas hace una mueca, prefiriendo dejar de pensar de más y se concentra en acariciar con las puntas de sus dedos el cuerpo que se acurruca a su lado, viendo con atención como su piel parece erizarse.
–Mañana tengo la agenda ocupada, podría ser el jueves – Amari asiente de acuerdo, sin dejar de sonreír.
–Es una pena, pero supongo que mañana podré sobrevivir con mi mejor amigo – él arquea una ceja y detiene sus caricias.
Amari suelta una risita como quien acaba de hacer una travesura.
–Era…
Él la interrumpe, tomando su barbilla y besándola con brusquedad, pone su cuerpo sobre el de ella, y aunque no la penetra, si roza su intimidad, haciéndola temblar a la espectativa.
–Tienes que saber algo, hermosa, y es que mientras estemos juntos, no te pienso compartir. Ahora, eres mía.
Amari jadea, aún así, no se deja dominar, no en esta ocasión.
–No somos pareja, Thomas, no te debo fidelidad – el mayor entrecierra los ojos, viéndola mal, irritado por sus palabras.
–Somos amantes, Amari, y mientras sigamos con esto, deberás comprometerte a ser solo mía – ella aprieta los labios.
–¿Acaso tú me darás el mismo beneficio de exclusividad? – arquea la ceja, desafiandolo, no sorprendiendose del todo por esta pequeña escena.
Habitualmente, los hombres con complejo de macho alfa vienen con un predeterminado primitivo de querer ser los únicos dueños de todo.
Pero ella no es una cosa que tenga dueño, es una persona, una mujer independiente, y su único dueño es ella misma.
–Si – ahora, esa respuesta la sorprende –Mientras seamos amantes, solo estarás conmigo, así como yo solo estaré contigo.
Al parecer, él es mucho más civilizado de lo que ella creyó que sería cuando se montó sobre su cuerpo a decirle que solo sería suya.
–Y una vez querramos estar con alguien más…
–Terminaremos con esto – él asiente, terminando su pensamiento.
Ninguno de los dos planea tener una relación, pero eso no incluye que no hayan disfrutado el sexo juntos más que con cualquiera de sus amantes pasados.
No hay amor de por medio, solo una enorme química s****l que sería una pena desperdiciar, y que por el contrario, ambos ansían experimentar más.
–Esta bien, estoy de acuerdo, también me da un poco de asquito pensar en que te follas a otras mujeres antes de venir a verme – más que por celos o algo así, es más sobre higiene.
Thomas asiente, aún cuando no lo puede ver, pero ella es bastante capaz de sentir el movimiento.
Él vuelve a su lugar anterior, no sin antes dejar una sutil caricia en su sensible zona y ver con gusto como solo con ese roce ella se estremece.
Amari vuelve a reír.
–Esta bien que hayamos aclarado ese punto, pero eso no afecta el hecho que voy a tener que desahogarme con mi mejor amigo – Thomas rueda los ojos, y antes de protestar y volver a decirle que no piensa aceptarlo, Amari se estira sobre su cuerpo, alcanzando su mesita de noche, y saca un pequeño y discreto juguete s****l.
Ella no es capaz de ver el gesto de incredulidad que abarca por un segundo el rostro del mayor, aún así, suelta a reír con burla.
–Me refería a este, mi incondicional amante desde que me mudé sola – Thomas toma en su mano el pequeño objeto que la castaña le presentó, y no puede evitar reír un poco.
Fue un sonido flojo, ronco y corto, pero suficiente para causarle una linda sensación a Amari, que vuelve a reír con él.
–Veo que no pasas las noches solas – ella se encoje de hombros, sin borrar su sonrisa llena de picardía.
–Desde hace mucho que me aseguré de que mi compañía cubría todas mis necesidades sin ayuda de alguien más – si antes ella le parecía un personaje el cual siente curiosidad por conocer.
Ahora es casi una necesidad descubrirlo, es como la incertidumbre de estar frente a una caja de Pandora.
–Espero poder cubrir tus necesidades tan bien como tú… amigo – deja el juguete de lado, pensando en hacerla usarlo frente a él la próxima vez.
Ella sonríe con complicidad.
–Oh, lo haces incluso mejor – se relame los labios, sintiendo su cuerpo cosquillear por todos lados en dónde estuvieron sus manos, sintiendo casi de nuevo todo el placer que le causó.
Sintiendo el calor que le regaló, y el que promete regalarle a futuro.