Thomas
La puerta es abierta suavemente e inmediatamente, el gran labrador se lanza sobre las piernas de su compañera, ladrando y moviendo su cola de un lado a otro, solo por un poco menos de un minuto antes de separarse, tanto para evitar hacerla caer como para inspeccionar al conocido humano que viene junto con su humana.
–Hola, Rey ¿Cómo te portaste? ¿te sentiste muy solito sin mí? – la castaña se olvida un momento de su invitado y del motivo por el que está visitándola el día de hoy y se concentra en su compañero, que al recibir mimos de su mejor amiga también decide quitarle importancia al pelinegro.
Por su parte, Thomas se queda en la entrada del departamento y se enfoca en estudiar todo su alrededor.
Es básicamente un ambiente sin nada que separe la cocina de la sala, sin embargo, no parece un lugar minúsculo, por el contrario, tiene un aire cálido y acogedor.
–Discúlpame por no traerte conmigo, pero iba a ser rápido, no me tarde ¿cierto que no? – el pelinegro se toma la confianza de caminar a través de la cocina-salón estudiando los mínimos detalles.
No hay mucha decoración, solo un par de marcos con la fotografía de la castaña, su hermano y dos personas más que podrían ser sus padres, también hay uno más en donde aparece Amari y un cachorro gris de labrador que tiene un gran lazo azul alrededor de su cuello.
Ella parece radiante mientas lo sostiene en sus manos
–¿Estás viendo las fotos? – él le da una mirada a la castaña, pero ella sigue sentada en el piso acariciando a su mejor amigo – Mamá me ha dicho que como aquí es tan soso, necesito algo que pueda atraer la atención de mis visitas y no se aburran, yo pensé en pedirles algunas fotografías. Tienen más personalidad que simples paisajes.
Thomas vuelve la vista hacia los marcos y asienten.
–Sí, son buenas fotos – y finalmente sigue prestándole su atención al resto del pequeño departamento.
Solo hay pocas cosas en unos pocos estantes, y otro de lo que se dio cuenta, es de las pequeñas bocinas que hay en el techo, en prácticamente cada esquina.
–Me comentaste que tu hermano instalo un sistema de inteligencia artificial aquí – voltea a verla y se acerca a ayudarla a ponerse de pie.
Amari sonríe con su habitual tranquilidad, casi no queda rastro del malhumor que estuvo sobre ella desde que despertó.
–Lo hizo, Rey, hace falta algo de lechuga – Thomas ve curioso como el aparato esférico en la cima de las pocas repisas se ilumina antes de que suene una ligera campanilla.
–Lechuga agregado a lista de compras – suena la voz mecanizada en tono masculino, y entonces el pelinegro puede ver la sonrisa de satisfacción en el rostro de la castaña.
–Como dije, Adrien es muy, muy inteligente – ella camina hacia su cocina y conociendo la ubicación de todo de memoria, toma un par de copas –¿Vino?
–Es algo temprano para eso ¿no te parece? – de todos modos, el mayor se acerca a ella y toma las copas de su mano para encargarse él de buscar en la nevera algo para tomar.
–No tanto, dicen que una copa al día ayuda a un mejor rendimiento – él estudia brevemente los productos y al final escoge un jugo natural y sirve un vaso para cada uno, dejando el de la castaña suavemente en su mano.
–También puede entorpecer tus sentidos si se convierte en más de una copa – ella suelta una risita luego de probar que lo que él dejó en su mano fue jugo de manzana.
–Deduzco que no eres amigo del alcohol.
–Puedo tener una cena acompañado de una copa de vino, sin embargo, nunca he disfrutado de beber hasta nublar mi juicio – Amari no puede evitar sentirse atraída hacia ese místico hombre.
–¿Eso quiere decir que nunca lo has hecho? – Thomas se encoje de hombros y bebe lo que queda de su vaso sin quitar la mirada voraz de la castaña frente a él.
–En el mundo de dónde vengo, confiarse demasiado puede hacerte perderlo todo – es toda la respuesta que da, sorprendiendo mucho más a Amari.
Desde la primera vez que lo sintió, se divirtió imaginando como puede ser la vida de este hombre misterioso.
Al no ser capaz de ver, Amari de pequeña se divertía dibujando los rasgos de cada persona en su cabeza, basándose en cosas tan banales como su tono de voz, la manera en la que hablaba o hasta de las cosas de las que hablaba.
Ella creaba personajes con pistas sueltas, solo con algunos cuantos, los más cercanos a ella, pudo haber sido capaz de dibujar más al detalle debido a que se tomaba el atrevimiento de acariciar sus rasgos, de esta manera, se aseguraba de imaginar más fielmente a la persona su físico.
Luego, al crecer, también se divertía imaginando las vidas de las personas efímeras en su vida, creando historias que se suponían que eran su pasado, presente, e incluso se imaginaba de cómo podría ser el futuro de esas personas.
Y nunca se hubiese podido imaginar un pasado del señor Carter en el que le llevase a decir eso.
–¿Qué quieres decir? – Amari no puede evitar preguntar, sin pensar en si está siendo indiscreta a no.
Sin embargo, Thomas es experto en dirigir las situaciones a donde él quiera, por lo que deja el vaso a un lado y toma el de la castaña para dejarlo junto con el suyo, para posteriormente, encerrarla entre su cuerpo y el mesón de la cocina.
La acción pone a Amari alerta, no porque le asuste, solo son todos sus sentidos atentos al hombre que promete mil cosas con solo un par de acciones.
–Quiero decir que vine por otra cosa, y me parece que estás distrayéndome – nota con una ligera sonrisa socarrona como las mejillas de la castaña se enrojecen un poco, sin embargo, en lugar de lucir cohibida, Amari se inclina un poco hacía él.
–Nadie pretendía distraerte, o quizás sí un poco, depende de a que te refieras – ella toma el atrevimiento de poner las manos sobre su pecho, acariciándolo suavemente por encima de la ropa, sintiendo los latidos del contrario bajo su palma, y el ritmo acompasado de sus respiraciones.
Él parece tan fresco y tranquilo como si estuviese sentado sin preocupación alguna, por otro lado, ella siente los latidos de su propio corazón latiendo en sus orejas, su respiración caliente y sus pulmones expandiéndose a su máxima capacidad, como si no pudiese llenarse más del aroma del contrario.
Llena de excitación.
–Eres descarada – menciona como un alago el mayor, inclinando su rostro lentamente hacia ella.
–¿Eso es algo bueno? – suelta con algo de burla, pero al final, lo que sea que iba a decir después, muere en su garganta al sentir su aliento sobre su cuello.
–Sí, eres honesta, e incluso cuando mientes, tu cuerpo confiesa – un jadeo sale de sus labios al sentir un ligero mordisco en su cuello y la manera en la que él presiona su cuerpo contra el de ella.
Sus manos se aferran a la chaqueta del contrario, mientras que él no hace ninguna clase de ademán de poner sus manos sobre ella.
–Es muy pronto como para que diga algo como eso ¿no te parece? – murmura con una sonrisa la castaña, inclinando la cabeza lo suficiente para dejarle espacio y haciendo un intento porque haya más contacto, aun cuando la única parte de él que no está sobre su cuerpo son sus manos.
Un escalofrío recorre su columna cuando sus labios suben hasta su oreja y deja un pequeño mordisco en el lugar.
Él está jugando con ella, y eso, sinceramente, le encanta.
–Quizás sí, pero confío en mi intuición – ella abre la boca, preparada para continuar con este pequeño juego de tira y afloja, pero entonces él la calla estrellando sus labios contra los de ella, plantándole un beso que le roba el aliento y hace que sus rodillas se doblen un poco.
Automáticamente ella eleva sus brazos hacia el cuello del mayor, atrayéndolo más a ella, y ni corto ni perezoso, Thomas rodea la cintura de la seductora castaña con sus manos y la eleva, permitiéndole rodear su cadera con sus esbeltas piernas.
Ellos llegaron al departamento con un asunto pendiente, y van directamente a resolverlo.
Recorriendo el camino que se memorizó mientras la castaña consentía a su perro guía. Thomas camina con seguridad hacia una de las puertas que vislumbró antes, asumiendo correctamente que era la habitación, y fue directamente hacia la cama, en donde se sentó, dejando a la menor a horcajadas sobre su regazo.
Amari se sostiene del cuello del mayor mientras se inclina para besarlo con profundidad, soltando gemiditos de placer ante el contacto de sus labios, gemiditos que causan estragos en Thomas, que cuela sus manos entre la camisa de la castaña, mandándole corrientes placenteras a todo su cuerpo.
Ella se entrega completamente, comenzando un suave vaivén de caderas, causando una deliciosa fricción que casi le hace perder por completo el control a Carter.
Él separa sus labios, pero antes de permitirle quejarse, va directamente a su cuello, besándolo con hambre.
Amari se arquea, gime, aprieta su camisa entre sus manos.
–Señor Carter – lo llama con voz seductora, entre jadeos, al mismo tiempo que se aprieta sobre él, buscando más de esa deliciosa fricción.
–Señorita Prisloo – le sigue el juego, a la vez que sube su mano hasta el broche de su sostén y con un ágil y simple movimiento, desabrocha este. No tarda nada en llevar sus manos a sus pechos y simplemente dejar un roce en aquellos puntos sensibles.
Amari se queja.
–No se detenga, señor Carter, por favor – si hay una cosa en lo que ella es buena, es en leer los gestos, identificar los tonos de voz y tantas cosas sencillas para cualquier otra persona, cosas imperceptibles, pero que a ella le ayudan a dibujar en su mente una persona.
En Thomas leyó que es un ser dominante por naturaleza, es un líder, quien se siente cómodo únicamente si lleva las riendas.
Y no se equivocó en ello.
Escucharla pedir por sus caricias lo encendió de tal manera que su bragueta se sintió apretada y su sangre se calentó.
–¿Esto es lo que queria, señorita Prisloo? – ni corto ni perezoso, Thomas se llena las manos con los pechos de la mujer, apretándolos con delicadeza mientras juega con ellos, evitando a consciencia aquellos puntos nerviosos.
–Por favor – ella le pide, agitando las caderas con más ahínco, soltando ligeros suspiros y arqueándose, buscando su toque en donde más lo necesita.
Él sonríe con malicia, viéndola sobre él, pero pidiéndole por favor que la complazca, que le dé lo que quiere, que le dé un poco de él.
Ella está por encima suyo, pero él es quien tiene el poder.
Ella se lo permitió.
–¿Lo quieres? – ella gime en protesta asintiendo con la cabeza.
–Sí, por favor – y entonces, él no se hace más de rogar, y le da justo lo que le pide.
Aprieta aquellos puntos nerviosos, haciéndola temblar y lanzar su cabeza hacia atrás, él toma la oportunidad de llenar su cuello de besos, lo que la hace derretir entre sus brazos, todo mientras sus manos no dejan de adorar sus pechos.
–Por favor – ella vuelve a pedir entre suspiros, y aunque Thomas acaba de descubrir que verla pedirle por él se ha convertido en una de sus imágenes favoritas, decide ponerles fin a sus peticiones.
En un abrir y cerrar de ojos, él está sobre Amari, desnuda, gimiendo, derritiéndose bajos las hábiles manos.
–Hermosa – murmura en voz baja Thomas, viéndola bajo de él, suspirando solo por leves roces, preguntándose como sonará su voz cuando entre en ella.
–Por favor – deseosa por más, ella rodea el cuello del contrario entre sus brazos, suspirando al sentir sus cuerpos desnudos rozar.
Thomas, ansioso, roza su húmedo centro, haciéndola gemir, y entonces, sin más aviso, y con un solo empujón, se adentra.
Amari suelta un chillido por la repentina intromisión.
Thomas exhala todo el aire que estaba reteniendo, sintiendo sus apretadas paredes abrazar toda su extensión, recibiéndolo, húmedo, caliente, apretado, delicioso.
Amari gime, apretando su cadera con sus piernas, dejándolo inmóvil dentro de ella, sin permitirle apartarse.
Thomas aprieta sus piernas con fuerza, seguramente dejando sus manos marcadas.
Finalmente dejándose consumir en su placer.