Ese beso

1618 Words
Miré mi reloj por enésima vez desde que había bajado las escaleras. No recordaba cuantas veces la tentación de pararme y comerme los cupcakes que mi madre le había dejado a Ayden en la mesa de centro, me había pasado por la cabeza. No las había contado, pero si dentro de cinco minutos Ayden no llegaba, me tendría que comer uno o empezar a contar las tentaciones de comerme esos cupcakes. Una de dos. —Ni se te ocurra Ginebra, te estoy vigilando —me advirtió mi madre, mientras se movía arreglaba los cojines y las cortinas de todas las salas de la casa. Levanté la cabeza para poder mirarla a la cara, pero me encontré mirando a la pared, ya que la puerta quedaba al otro lado. No estábamos viviendo en mi casa desde ya hace un tiempo (desde que quemé mi casa, para ser más precisos), por lo que nos habíamos estado quedando en la casa de verano de una de las amigas de mi madre que vivía en el extranjero. Por ende, todo era nuevo para nosotras en esta casa. Sonreí de manera inocente, pero tan rápido como llegó esa sonrisa, se fue, ya que olor de los cupcakes llamó de nuevo mi atención. —Ma', ¿Cuándo dijiste que iba a llegar Ayden? —¿Desesperada por mi presencia, conejita? —la voz de Ayden dirigió mi atención de los cupcakes a él. Se encontraba en la puerta, con el hombro recostado del marco de la misma, y esa misma mano metida en el bolsillo. Mientras que en el otro hombro se hallaba una mochila. En cuanto a su rostro, tenía una sonrisa coqueta en los labios, y el brillo de sus ojos me decía que no tenía ningún pensamiento puro en la cabeza. —Uno —le enumeré con los dedos—. No me llames conejita, ni siquiera sé de dónde lo sacaste. Y dos —le saqué el dedo de en medio—. ¿Cómo entraste si la puerta esta trancada y mi mamá no te abrió? Ayden sonrió aun con más amplitud, como si disfrutara ver el desconcierto en mi cara. —Entré con esta belleza —sacó del bolsillo donde tenía la mano escondida, un juego de relucientes llaves plateadas, y el llavero, eran de un cuero color café, idéntico al de mi madre. —Noo... no puede ser cierto —empecé a gritar—. ¡Mami! ¡Mami! Alguien se robó las llaves de la casa y nos quiere asesinar. Ayden empezó a reírse de mi histeria. Gris no tardó en aparecer por la puerta que daba al comedor, y al ver al invitado "no deseado", sonrió. —Ah, Ayden, eres tú. Qué bueno que estas aquí, Ginebra estaba desesperada por verte. —Ayden fijo su mirada en ella, y le regaló una sonrisa a modo de saludo. —¡Eso no es cierto! —chillé con fingida indignación. —Que sí, no le creas Ayden —rebatió mi madre—. Se ha pasado los quince minutos que lleva aquí en la sala, preguntándome cuando llegas. Como que si tengo una bola mágica, o te puse un rastreador. "¿Quince minutos? Yo lo sentí una eternidad". Pensé con estupefacción. A toda esa información, solo me quedó negar. —No, no fue así. —¿Le estás diciendo mentirosa a tu madre, conejita? —preguntó Ayden, lentamente, como para que dirigiera toda esa cizaña que intentaba meter en la conversación. Abrí la boca indignada, cuando entendí lo que quería hacer. —Cizañoso de... —Bien —me cortó mi madre- ya basta de peleas. Parecen niños de preescolar, ahora los quiero poder oír a los dos a la habitación antes de irme. —Si no queda de otra —dije, y empecé a levantarme para poder llegar al plato con cinco suculentos cupcakes, que se hallaban en la mesa de centro—. Igual me como los cupcakes. Mi mamá me miró mal. —Los cupcakes son de el niño, Ginebra. Después de regañarme, mi madre se le acercó a Ayden para murmurar algo y que yo no lo oyera. Dejé el plato en la mesa, y caminé alrededor de la misma para poder llegar a la puerta que daba a la escalera. Gris se encargó de frenarme para darme un abrazo. —Nos vemos linda. Solo serán un par de horas, llegaré a la hora de la cena, te lo prometo. —Aja, aquí te espero —me encargué de dejarle un beso muy sonoro en la mejilla a mi madre, pero, aun así, ella no me soltaba—. Mami... Desde aquí podía ver a Ayden que se estaba comiendo mis tan deseados cupcakes de la manera más delicada que habré podido ver jamás. Cuando notó que lo miraba, sonrió levemente y me lanzó un beso. ¿Me lanzó un beso? ¿¡Me lanzó un beso el muy descarado!? Mi madre me despegó de ella. —Es que me da miedo dejarte sola... Sonreí ante su obvia preocupación de madre. —No estaré sola, estaré con... —miré a Ayden —. Olvídalo, seré la única vida inteligente en esta casa cuando te vayas. Mi madre me pellizcó el abdomen. —...no quiero que quemes la casa de nuevo. Saqué mi labio inferior, y puse mi mejor cara de indignada. —¿Me acusas a mí? A tu bella hija. Ayden rió suavemente. —Claro que sí, ya quemaste una casa, todo es posible contigo al mando. Lo miré mal. —Bien —siguió este—. Te espero arriba. Cuando ya no se oyeron los pasos de Ayden por la escalera, mi madre se acercó y susurró: —No quemes la casa linda —asentí obedientemente. Así que prosiguió—. Y por si necesitan protección, tengo condones en mis gavetas. —¡MAMÁ! —miré rápidamente en dirección a las escaleras, como si él estuviera ahí, esperando que lo mirara para reírse de mí. —Ay hija. Quien te oye te cree santa. Que semana tan mágica. Primero llega Ayden, después quemo mi casa, luego el castigo y ahora esto. ¿Qué más podría pasar? Me dije a mi misma. "Creo que olvidaste que no puedes tentar tu suerte." °~~~~~° Ya mi madre se había ido hace un par de minutos. Me tomé un tiempo para ir a la cocina y tomar algo de agua, y bajarme toda esa información que recién acababa de recibir. "Recuerda donde están los preservativos hija..." Sacudí la cabeza rápidamente, de un lado a otro, como si eso fuera a sacarme ese pensamiento de la cabeza. "Solo no pienses en eso y ya." Era muy fácil decirlo. Todos eso pensamientos se fueron a pique, cuando entré a la habitación y vi a Ayden tirado en la cama, de la manera más erótica que he visto a un hombre y veré en mi vida. Se encontraba boca abajo, pero tenía la camiseta hasta más o menos la mitad de la espada, por lo que me daba una gran vista de su espalda. Y después estaba su jean, que uff, estaban muy feliz cuando hicieron el cuerpo de este chico. Me quedé mínimo treinta segundos mirándole el trasero, que se marcaba perfectamente con ese jean. Pero qué calor hace de repente aquí... —Conejita, ¿Qué haces tanto tiempo a espaldas de mí? —preguntó Ayden mientras se intentaba voltear, pero no lo conseguía del todo, porque lo estaba haciendo con una mano. Casi automáticamente, tomé unos de los frascos... Bueno, intenté, porque el frasco cayó al piso, y su contenido (que eran cuencas para hacer pulseras) se regó por todo el lugar. Tuve suerte de que el frasco fuera de plástico. Golpeé mi pie contra el piso. —¿Por qué a mí? Yo ni nada he hecho... —murmuré al aire mientras las iba recogiendo todas. No mucho más tarde, un par de dedos largos y delgados se unió a la tarea de recoger las cuencas. En un par de segundos terminamos de eso, y después de depositar el frasco en su lugar, me llevé la mano a la banda elástica de la parte de atrás de mi jogger. —Entonces, ¿Qué hacemos? —pregunté, en un intento de que salgamos de ese incómodo silencio. A Ayden se le iluminó la cara, lo que asocié con que había recordado algo. Caminó hasta su mochila, y sacó algo en una caja, pero se la puso en la espalda para que no viera que era. —Tengo lo que necesitamos para entretenernos al menos unas tres horas —dijo sin dejar de sonreír. Alcé ambas cejas y comenté con sarcasmo. —No me digas, ¿de casualidad no tendrás ahí una caja de condones, o sí? Me arrepentí al instante de haber dicho eso. Ayden sonrió con picardía. —No, pero igual más tarde podemos intentarlo, además, sigo esperando ese beso tuyo. ¿Y como cuándo yo dije eso? "Eso que importa, ¡Te está invitando a cosas indebidas! Di que sí" Pero yo solo me quede ahí, con cara de que sí, pero que todavía conservo algo de mi dignidad. Ayden hizo un puchero. —Tú te lo pierdes, igual más tarde tendremos tiempo para eso; pero por ahora... —sacó la caja que tenía guardada en la espalda—. En esto nos entretendremos. ¿Un puzzle? Lo miré con desconcierto. —Tiene que ser una broma. —me fijé en que decía "5000 piezas, Big Size". Ya entendí lo de las tres horas. —No, conejita, es de verdad. Y tú y yo vamos a hacerlo. "Que mal sonó eso..."
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