Fuego... Otra vez...

1641 Words
Ya llevábamos la eternidad de las eternidades en este puzzle, bueno, Ayden. Yo lo había dejado hace algunos veinte minutos, y me dedicaba a mirar fijamente la cara de Ayden. "Más acosadora y no salías." Bajé la cabeza y fingí rascarme la nariz, para que no notara que había sonreído por el pensamiento que había tenido mientras lo miraba. "Claro, porque no necesitamos que crea que ahora sonreímos viéndolo". Exacto. Lo primero inteligente que has dicho en meses. "Era sarcasmo, engendra." Miré nuevamente a Ayden. Había cosas que no había notado en él, aun con todo el tiempo que teníamos conociéndonos. Como que cuando intentaba pensar fruncía la frente, por ejemplo. También que cada vez que movía la cabeza para buscar una pieza del rompecabezas, un mechón que caía sobre su frente se movía ligeramente. Y última, pero no menos importante, se mordía el labio inferior cada treinta segundos, lo que me provocaba unos mini infartos. En fin... Ahora si estaba disfrutando de la cárcel ésta. Pero no todo era felicidad en este momento. El montón de piezas del dichoso puzzle estaba de mi lado, por lo que, cada vez que iba a coger una, se inclinaba ligeramente hacia a mí. La mitad de las veces pensaba que cada vez que se acercaba tenía una segunda intención, pero no, nunca era así. "Así lo deseas y no pasa. Qué injusta esta vida." Suspiré. Y aquí vamos de nuevo... Entonces se acerca, pero como las demás veces, solo es para coger otra pieza del rompecabezas. Que mal que es sólo para eso. No, no esperen. Me va a besar... No, falsa alarma. No, no esperen. Ahora así. No, falsa alarma. No, no esperen ahora... "¡Arg!, si me va a besar que me bese." —¿Qué? —me pregunta ceñudo, poniendo toda su atención en mí. ¡No puede ser! Este no es mi día de suerte. Veo como suspira, intentando hacer que dos piezas del rompecabezas que obviamente no son pareja, encajen. —Ni el mío tampoco. Muerdo mi labio con fuerza. No puede ser que al chico que antes "odiaba", esté deseando que me bese. Pero que bobadas digo. Sacudí la cabeza para apartar esos pensamientos de mí. —Oye Ayden, ¿Y si hacemos brownies? Al oír la palabra "brownies", Ayden dirigió su vista hacia mí, y sonrió. —Claro, solo no quemes la cocina. Me puse de pie y le extendí la mano. —Dije "hacemos", del verbo "hacer", osea, tú y yo. Vamos. Tomó mi mano, y al tacto era tibia. Y no señores, no estoy exagerando. Eso significa que está vivo, y que no es zombie ni mutante, ni nada por el estilo. "Ya deja de desvariar, Ginebra". Salí de la habitación y al no sentir los pasos de Ayden, frene. —No oigo el ruido de tus pasos de elefantes detrás de mí, Ayden. Él sacó la cabeza de la habitación, y me miró, sonriendo perversamente. —Oí: "Detrás de mí" y viene corriendo. Rodé los ojos. —Descerebrado... Esta vez caminé en dirección a la cocina sin importarme si me seguía o no. —Oye conejita... —susurró Ayden. Frené de golpe, haciendo que su pecho chocara con mi espalda. —No me llames así —le gruñí—. Y dime. Alzó las manos. —Bien conejita, como desees, conejita. En lo que estábamos. Si sabes cocinar, ¿no? Seguí caminando, pero esta vez más lento. —Esperemos que si. °~~~~~° Veinte minutos después... Ya habíamos terminado, teníamos los brownies en el horno y nada estaba en fuego, cosa que era un logro teniendo en cuenta mi extenso historial por quemar, calcinar y encender cosas que tengan que ver con comida o estén en la cocina. Yo miraba orgullosa mi trabajo desde la meseta de la cocina, y el mortal del Ayden estaba sentado en un taburete de la cocina. Ya llevaba alguno quince minutos en el horno, como máximo le faltaban otros cinco. Y bueno, no les había contado. Resulta que Ayden si puede cocinar sin quemar una cocina. ... Y como si me estuviera leyendo los pensamientos... —Mira conejita, si toqué el horno y no veo esta casa en llamas. Mi intención era hablar, y decirle de todo un poco –mi madre dice que una dieta balanceada nunca hace daño-, pero justo en ese momento, me pasé la mano por el cabello y todos mis anillos se quedaron enredados en este. —No es posible... —gruñí con rabia. Ayden se rió un rato de mi y de mi estúpida situación, pero luego se apiado de mí, y se acercó para ayudarme. —Espera. Deja de halarte el cabello. Al ser más alto que yo, su vista daba por encima de mi cabeza; y yo, aquí bien enana, solo le veía el cuello. —Ya casi esta —repitió él para que no me desesperara y me arrancara todo el cabello de una sola. El perfume de Ayden se impregnó en mis fosas nasales, y lo aspiré lentamente, con cuidado de que él no me oyera. Después de un rato, sacó mis dedos delicadamente de la maraña que tenía por cabello. Al fin... Pensé que moriría. "Dramática." —Ya está. ¿Viste? No moriste. A pesar de haberme liberado los dedos de cabello, aun no soltaba mi mano. Llevé mi vista a sus ojos, y fue cuando me di cuenta de que sus ojos habían estado buscando los míos todo este tiempo. Llevó una de sus manos hacia mi cuello, y empezó a acariciarlo suavemente con la yema de sus dedos. —Ayden... —susurré. —¿Huh? —pero no había nada que decir. Sus labios habían chocado contra los míos, y yo ya no tenía el debido control sobre mi cuerpo. Sus labios tenían atrapado el mío inferior, llevé mis manos a su cuello para acercarlo a mi cuando sentí que succionaba mi labio con una lentitud tortuosa. Ahogué un gemido contra su boca, por lo que él gruño. Lo atraje hacia mí, halándolo por el cuello. Segundos después sentí como sus manos bajaban de mi cuello a mi trasero, para posteriormente, apretarlo suavemente. Solo diré algo. Empezaré a reconsiderar el consejo de mi madre... °~~~~~° Tenía la vista fija en un solo lugar. La pared de la cocina no era lo más interesante de esta... "Y mucho menos si Ayden está en ella." ... Pero es eso o comportarme como una "adulta" y encargarme de los líos en los que me meto. Miré de reojo al rubio que estaba al lado de mi. A diferencia de mí, él no parecía para nada arrepentido de lo que había pasado entre nosotros hace poco. "No le pongas más drama al asunto. Ni que hubieran co..." —Ayden —lo llamé. Era eso u oír la horrenda voz en mi cabeza. Ayden despegó su mejilla de la meseta y dirigió su vista a mí. —¿Sí? —preguntó, aún con la voz ronca. Mi vista bajo a sus labios, inconscientemente. —Esto... Oye, no quiero que me mal entiendas... —Ginebra —me callé—. ¿Consideras esto un tema importante? —asentí, insegura —. Entonces necesito tu vista en mis ojos, porque si no, no sé que pueda hacer. Entre abrí los labios. Al mirarlo a los ojos fijamente, pude ver el deseo en ellos. —Yo... Pero como la vida no me quiere, ni me aprecia, los aspersores empezaron a tirar agua, y casi instantáneamente el olor a quemado penetró mis fosas nasales. —Ay no... —miré al horno y me horroricé al ver el fuego que había causado el mini incendio en que solo abarcaba el horno. —Mis brownies... —me lamenté. —¡Fuego! —gritó en cambio, Ayden. Ayden grito un: "Ginebra, aléjate del fuego" antes de desaparecer por el pasillo de la casa. "Espero que en el pasillo tenga un elefante con mucha agua, porque es lo que necesitamos". Suerte que Ayden haya pensado mejor que yo, y fue al pasillo en busca del objeto mágico, el extintor, o si no se hubieran encendido las mesetas como la anterior vez. "Muy bien pensado, Ayden. Ahora termina el trabajo que hay cosas que siguen encendidas por aquí." Corrí a abrir el horno, pero ya era muy tarde, los brownies se habían calcinado. —Ginebra, ¿estás bien? —Ayden dejó el extintor en la isla de la cocina, y se acercó a mi ara rodearme con sus brazos. ... Y me reí. Me limpié una lágrima imaginaria de la cara, mientras luchaba por respirar. —Que susto me di... —dije entre risas. "Seguro que a tu madre no le da gracia." —No eres muy normal —murmuró Ayden, aun mirando el horno. Dejé de reírme gradualmente, mientras apoyaba mi cabeza en el pecho de Ayden. Pasé mis manos por su camiseta semihúmeda, y me mordí el labio ante la sensación de que todos sus músculos tensarse ante mi tacto. —Ginebra... —me riñó Ayden. Me aparté un poco de él e hice un puchero. —¿Puedo besarte otra vez? Sus ojos volvieron a oscurecerse. Se pasó la lengua por el labio inferior, antes de asentir. —Eso no se pregunta. Volvimos a besarnos, pero esta vez esa pequeña llama entre nosotros estaba creciendo, cada vez más rápido. En vez de colocarme en la meseta esta vez, optó por cargarme él y para sostenerme mejor, posicionó sus manos en mi trasero. Dejé mis manos correr libre por todo su cuello, disfrutando cada gruñido que se le escapaba de la boca, pero al estar besándonos sentía una leve vibración entre nosotros. —¡Oh Dios mío! ¿Pero qué están haciendo? —se oyó el grito de asombro de alguien.
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