Mariana miró a su papá y luego lo hizo con Adrián, sus manos se volvieron puños y regresó la vista al primer mencionado. —Te amo, en serio que sí. Pero no puedo dejar a la única persona que me ayudó cuando nadie más lo hizo, así que si tú decides hacerme pasar como muerta, pues que así sea. Tú ya viviste tu vida, ahora me toca a mí hacerlo. Cuando Mariana pronunció estas palabras, el señor Gregorio se quedó en completo silencio y se notaba que trataba de procesar lo que había escuchado. —¿Estás hablando en serio? —Muy en serio, ya estoy cansada de que vengas a juzgarme por un error que me ha traído la más grande de las felicidades. Debes de aceptar que tus ideas son demasiado anticuadas y espero que puedas comprender que hay cosas que cambian, por mucho tiempo pensé que mi virginidad e

