Lancé un suspiro pesado, necesitaba trabajar y, al parecer, hoy el universo había entrado en una especie de complot que no me permitía hacerlo. Fui a la puerta, ya que no dejaban de tocar el timbre. Sabía bien quién era, Abril entró a mi piso como si fuera un torbellino que arrasaba todo a su paso.
— ¿Qué haces aquí? — llevé mi mano a mi rostro — pensaba enviar los banners a tu correo, no veo la necesidad de que hagas esto.
— He venido porque de todo el equipo eres la que tengo más cerca, deja de ser tan grosera conmigo, ya te pedí perdón muchas veces, pero…
Sebastián salió de mi oficina y, en el momento que miró a Abril, sus ojos se iluminaron por completo. Ella lanzó un suspiro pesado y su rostro se contrajo debido al enojo.
— Abril, creo que mejor te vas. Necesito trabajar de una buena vez y en estos momentos no me apetece tener la tercera guerra mundial en mi apartamento, creo que mejor se marchan ambos.
El timbre volvió a sonar, por un demonio, ¿Acaso el universo tiene algo en contra de mi soledad? No puedo creer que justo hoy, que no me sentía tan bien, venía todo el mundo aquí.
— ¿Qué haces aquí, Adrián? —Me hice a un lado y lo hice pasar — pensé que estarías trabajando.
— Pienso que soy yo el que tiene que preguntar eso, ¿Qué hacen ustedes aquí? Se supone que hoy nos íbamos a reunir en la cafetería de siempre para hablar. En lo de trabajar, te informo que solo tú trabajas los fines de semana.
— Por un demonio, olvidé por completo que nos íbamos a encontrar — llevé mi mano a mi frente —. Espera un momento, solo despido a Abril, que no tiene nada que hacer aquí y me alisto.
— Abril, espera, por favor — Sebastián se acercó a ella y al tocarla fue recibido por una bofetada.
— En tu puta vida, vuelvas a tocarme, no me interesa hablar contigo y si estoy aquí es para hablar con Charlotte. Ahora, largo de aquí, si es que valoras tu vida.
Ding dong, ding dong. El timbre volvió a sonar y yo di un grito tan fuerte que espante a todos los presentes, no quería recibir a nadie el día de hoy, pensaba trabajar en mi mundo imaginario en el que las mujeres eran esbeltas y no tenían problemas a la hora de encontrar ropa o chicos; sin embargo, al parecer el universo o lo que fuera que controlará esto no quería darme un poco de felicidad en mi caótico mundo.
— ¿Usted? Pero, ¿qué hace aquí? —Me hice a un lado y Aarón pasó —. Definitivamente, hoy tengo más personas en mi apartamento de las que me esperaba.
— Lamento, si he sido inoportuno, quiero darte un detalle en agradecimiento por haber salvado mi vida el día de ayer. Winston, por favor, pasa el arreglo que traje.
Un hombre entró con un ramo de tulipanes. En el momento en que mis ojos vieron estas flores, por poco se salen de sus órbitas, miré a Sebastián, que horrorizado tomó dicho objeto y se fue corriendo lo más lejos que pudo. Al regresar, abrí mis brazos y él me tomó justo a tiempo antes de que me desplomara. Sentía cómo mi garganta se volvía cada vez más estrecha y no podía respirar.
— ¡Necesito epinefrina! — Sebastián gritó —. ¡Adrián, en su mesita de noche está la inyección! ¡Apresúrate que se nos muere!
Miré cómo Adrián salió corriendo y se fue a traer la inyección, mis ojos vieron a Sebastián y se posaron únicamente en él. Estaba llorando y eso me dolió, con dificultad limpié sus lágrimas.
— No me dejes, no me dejes cariño — él se escuchó desesperado —. Charlotte, te necesito aquí.
Mi mano se desplomó y mis ojos se cerraron, ¿Por qué demoran tanto con la epinefrina? No quería morir de esta forma. Sentí un pinchazo y después alguien me daba respiración boca a boca, poco a poco empecé a recobrar la conciencia y mi lengua pudo sentir un líquido salado, ¿Acaso eran lágrimas?
— Sebastián — jadeé con cansancio —. Deja de llorar, ya estoy bien. Gracias por esto.
Le di un beso en la mejilla y él sonrió aliviado. Sus brazos me abrazaron mientras mi cuerpo se encontraba recostado en el suyo; el mundo había desaparecido para mí, cualquier cosa antes de esto simplemente pasaba a segundo plano y solo quería estar así.
— Charlotte — Adrián se puso delante de mí —. ¿Te encuentras bien? Pensé por un momento en que te ibas, ¿Quieres ir al hospital?
— No — Sebastián respondió por mí — a Charlotte no le gustan los hospitales, ya ella se encuentra bien, así que no creo que sea necesario llevarla. Llamaré a su doctor de cabecera para que la venga a revisar.
Me levanté con ayuda de Sebastián, Aarón y Adrián; no podía ser de otra forma, era una mujer gorda que necesitaba del apoyo de tres hombres y también una grúa en caso de que me quedará inconsciente para poder ser levantada.
— ¿Estás cómoda? — Sebastián acomodó las almohadas —. ¿Quieres algo para tomar o comer? Cualquier cosa que necesites, te la pienso dar.
— Estoy bien — sonreí débilmente —. Más tarde pienso hacer el pedido a la farmacia para reponer la inyección que usé, debo llamar al doctor.
— Lo haré yo, después de arreglar un pequeño asunto — Sebastián besó mi frente —. No te preocupes ni siquiera por trabajar.
Sebastián se levantó de la cama y, mientras yo miraba a todos los presentes, incluso se encontraba Abril, que dejaba de lado la rivalidad con mi mejor amigo. Aarón, que se notaba preocupado por mí, fue derribado de un puñetazo por el primer mencionado. Me asusté tanto que me salí de la cama de un golpe y me puse en medio de ambos.
— ¿Qué rayos es lo que quieres con Charlotte? ¡Eres un imbécil que por poco la mata! ¡Ella tiene una alergia muy rara a los tulipanes! Cualquiera sabe eso, antes de darle cualquier cosa es tu deber averiguarlo, no puedes andar tomando la iniciativa en absolutamente nada. Debes consultarme la próxima vez, aunque siendo sincero, no dejaré que te acerques ni a diez pasos de mi mejor amiga.
— ¡Basta, Sebastián! Aarón no tenía idea de qué era alérgica a los tulipanes, tú mismo has dicho que es una alergia muy rara y cualquiera comete un error. No quiero que estés tomando esta postura y menos maltratando a alguien que solo quería agradecer por algo que hice. Tampoco puedes venir a decidir quién puede acercarse a mí y quién no. Eres mi mejor amigo y no mi padre o mi dueño, que no se te olvide.
— ¿En serio vas a defenderlo? ¡Casi te manda a la tumba! No te entiendo, Charlotte, cualquier otra mujer de las que he conocido estarían encantadas de que las defienda de esa forma y tú vienes a regañarme, no puedo creerlo, ¿Acaso ya no te llega oxígeno a la cabeza?
— ¡No soy como las otras mujeres con las que te has revolcado! Evidentemente, nosotros hemos dormido en la misma cama, pero no en el sentido que lo hiciste con las tipas que diariamente desfilan por el pasillo, aquellas que prometes llamarlas y nunca lo haces ocupándome a mí de justificación. No me metas en tu falta de decisiones a la hora de sentar cabeza, ya no somos unos adolescentes, sino unos adultos que deben de asumir las responsabilidades de sus actos. Y sí, quizás ya toda la grasa me atrofió el cerebro y por eso no pienso claramente.
Adrián se acercó a mí y me sujetó, me sentía mareada, siempre era así cuando discutía con Sebastián de esta forma, aunque era rara vez; la última ocasión fue cuando lo descubrí con…
— Por favor, vete, no quiero verte — apoyé mi cabeza en Adrián —. Los dos nos encontramos demasiados molestos para poder hablar, solo nos vamos a hacer daño si seguimos peleando.
— No puedo creerlo, en tu vida vuelvas a pedirme que te defienda. Esta es la última vez que lo hago. Si te van a romper el corazón que lo hagan, no vengas llorando ante mí.
— Estás hablando molesto, sabes bien que nunca he necesitado de ti y si me has defendido es porque así lo deseas. Pude sobrevivir a los maltratos que las personas me daban antes, aquellas que me decían que era una gorda, que me miraba más vieja porque utilizaba ropa de adolescente, ya que no había de mi talla, los que me comparaban con un puerquito, recibí todo eso cuando aún no te conocía y lo sigo haciendo solo que tú por estar viendo el “paisaje” no te das cuenta.
Adrián me llevó a mi cama y sacó a todos. Miré que Aarón no quería irse, pero mi amigo insistía en hacerlo, solo que de una mejor forma.
— Adrián, deja que Aarón se quede aquí. Quiero hablar con él un momento a solas, puedes entrar una vez que salga.
Adrián se marchó y me dejó a solas con Aarón, que se sentó en mi cama después de insistirle demasiado. Él ni siquiera se atrevía a verme, así que puse mi mano en su hombro.
— No te preocupes, no sabías que era alérgica a los tulipanes. Te agradezco por el gesto que has tenido, realmente esas flores me fascinan — señalé un cuadro en la cabecera de mi cama — pero por el momento solo puedo tenerlas de esa forma.
— ¿Estás enamorada de Sebastián, no es cierto? — él sonrió al momento que me quedé callada — es realmente muy afortunado al tener a una mujer tan buena a su lado, ni siquiera voy a competir porque sé muy bien que llevo todas las de perder, pero si en algún momento miro que las cosas cambian, ten por seguro que me tendrás en primera fila compitiendo por tu corazón. Te dejo descansar, ya que lo necesitas, lamento mucho lo sucedido…