Me dolió ver a Leonard así… con los hombros vencidos, la mirada perdida, las palabras trabadas en la garganta. Pero no quise mostrarlo. Me obligué a sonreír, como si eso pudiera protegernos a los dos de lo que sentíamos. Me acerqué con suavidad y acaricié su brazo, ese gesto que él siempre reconocía como una tregua. —Estás confundido, Leonard —murmuré—. Piensas que la mujer para ti soy yo… y no lo soy. Te lo he dicho tantas veces, y tú lo sabes perfectamente. Él apretó la mandíbula, se giró hacia mí con los ojos llenos de rabia contenida. —¿Eres consciente de que ese hombre es el hijo del tipo que asesinó a tus padres? —su voz temblaba—. Por culpa de ese malnacido viviste mil infiernos en ese orfanato. ¿Cómo puedes amar al hijo de alguien así? —Claro que soy consciente —respondí con ca

