Estaba recostada en la cama, cubierta hasta la cintura, cuando Nicolás entró en la habitación con los brazos cargados de bolsas. Su sonrisa era una mezcla de orgullo y nerviosismo, como si temiera mi reacción, pero al mismo tiempo quisiera sorprenderme. —He comprado algunas cosas que creo que vas a necesitar mientras estés aquí —dijo, dejando las bolsas a mi lado—. Espero que te gusten… la señorita de la tienda me aseguró que esto es lo que está de moda ahora. Me incorporé un poco y comencé a revisar con curiosidad. Había prendas preciosas, suaves, cómodas… pero también encontré un par que, sinceramente, no me pondría ni aunque me pagaran por hacerlo. Sonreí por dentro. Su esfuerzo era lo que más me conmovía. —Si hay algo que no te guste, solo sepáralo. Lo devolveré sin problema —dijo,

