62: Si acepto

2605 Words

El reloj marcaba las once cuando salí al jardín trasero de la mansión Santillana. El aire estaba tibio, con ese olor a hierba y tierra húmeda que solo aparece después de un día de sol. Necesitaba unos minutos sola, para calmar las mariposas que no dejaban de revolotear en mi pecho. Pero no estaba sola. Allí, sentado en una de las bancas de piedra bajo el gran roble, estaba Nicolás. Tenía una copa en la mano y los ojos puestos en el cielo, como si buscara respuestas entre las estrellas. —No deberías verme —susurré, aunque mi voz apenas logró romper el silencio—. Es mala suerte. Él giró el rostro hacia mí. Su sonrisa, serena y cálida, fue como una caricia invisible. —¿Y si la suerte no tiene nada que ver con nosotros? Creo que después de todo lo que hemos pasado, ya sabemos perfectament

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