Cásate o pierde la empresa

1344 Words
LORENZO Mientras conducía hacia la mansión de mi padre, no podía evitar preguntarme qué quería discutir conmigo el viejo tan de repente. * En unas horas llegué a la mansión de mi padre. En cuanto los guardias de seguridad me vieron, abrieron la puerta y entré en el garaje para aparcar el coche. Bajé, cerré la puerta del coche y entré en la mansión. Me había mudado de la casa de mis padres cuando tenía 18 años. Siempre había querido vivir solo. Al entrar en la casa, oí a alguien llamar “Enzo”. Levanté la vista y busqué de dónde venía la voz, porque solo mi madre me llama Enzo, repito, solo mi madre. Cuando vi a mi madre venir hacia mí con una sonrisa radiante en el rostro, me abrazó con tanta fuerza como si no me hubiera visto en años, cuando la había visto la semana anterior. Le devolví el abrazo mientras ella me acariciaba la espalda con ternura. —Enzo, cariño, te echo mucho de menos—, me dijo mientras me besaba en la mejilla. Me reí entre dientes. —Mamá, yo también te echo de menos—, le respondí con sinceridad. Ella siguió cubriéndome la cara de besos. —Mamá, para, ya no soy un bebé—, le dije tratando de ocultar mi sonrisa. —Oh, cállate, cariño, siempre serás mi bebé—, me dijo sonriendo. —Mamá, ¿dónde está papá?—, le pregunté con curiosidad. —Cariño, tu padre está en su estudio—, me respondió. —Ya sabes que tu padre es un ratón de biblioteca—, me susurró al oído, como si me estuviera contando un secreto. Me reí divertido por su comportamiento. —¿Qué quieren hablar conmigo?—, pregunté con seriedad, porque tenía un presentimiento extraño. Ella solo me miró con expresión triste y dijo: —Cariño, es algo importante—. Ahora me estaba haciendo sospechar aún más con esa mirada. —Mamá, ¿qué pasa?—, intenté presionarla para que me diera más información. —Hijo, vamos a ver a tu padre—, dijo, quitando sus manos de mis hombros y cortando la conversación para evitar mi pregunta. Empezó a caminar hacia el estudio de mi padre y yo la seguí. * Entramos en el estudio de mi padre y lo encontramos sentado en su silla, leyendo un libro con total concentración. Levantó la vista del libro y me indicó que me sentara. Me senté, y mamá también. —Esto debe de ser importante—, pensé para mis adentros. —Tranquilo ¿qué es lo peor que podría pasar?—. Esperaba a que mi padre hablara, pero él se negaba a hacerlo. Sin embargo, me miraba con severidad. —Hola, papá—, dije rompiendo el silencio. —¿Cómo estás, hijo?—, preguntó. —Estoy bien, papá. ¿De qué quieres hablar?—, pregunté inmediatamente, yendo directo al grano. —No tengo tiempo para charlar. —Hijo, la semana que viene vas a celebrar tu cumpleaños numero 27—, dijo con tono tranquilo. —Sí, papá. —Lo que significa que es hora de cumplir el trato— ¿De qué está hablando ahora el viejo? —Padre, ¿de qué trato estás hablando y qué tiene que ver con mi cumpleaños?—, solté. —Tienes que casarte pronto—, dijo como si fuera la afirmación más obvia del mundo. —¿QUÉ?—, exclamé levantándome de la silla. —Papá, ¿por qué tengo que casarme y quién rayos es la chica con la que quieres que me case?—, dije enfadado. —Todavía soy joven y no estoy preparado para casarme, ni siquiera pronto—, pensé apretando los dientes. Probablemente el viejo ha perdido la cabeza, me dije a mí mismo. —¿De qué acuerdo estás hablando, papá?—, le pregunté. —Hijo, siéntate y déjame explicarte—, dijo, claramente frustrado por mi comportamiento, pero, sinceramente, no me importa lo que piense el viejo. —Hijo, escucha a tu padre—, oí decir a mi madre a mi lado. Había olvidado que ella todavía estaba en la habitación. Su voz me tranquilizó, así que me senté en la silla y esperé a que mi padre me lo explicara. Él suspiró y finalmente habló: —Tu abuelo fue salvado por Parker Simons—, dijo como si me estuviera contando un cuento de hadas. —Tu abuelo era entonces un prometedor hombre de negocios que acababa de crear una empresa de construcción. —Regresaba de un viaje de negocios cuando le robaron y le dispararon, y luego lo dejaron morir al borde de la carretera. Era de noche, en una carretera solitaria, y la gente se negaba a ayudarle por miedo a que les robaran. Entonces, alguien se compadeció de él, le llevó al hospital y le salvó la vida. — Descubrieron que eran viejos amigos de la universidad. Tu abuelo estaba muy agradecido y quería mostrar su gratitud a su amigo. —Pero Parker se negó y no pidió nada a cambio. Tu abuelo, que siempre ha odiado tener deudas, quería hacer algo por Parker Simons a cambio. —Tu abuelo insistió, así que finalmente aceptaron y llegaron a un acuerdo. —¿En qué acordaron, padre?—, pregunté impaciente, porque odiaba esta historia que quería terminar con mi boda. Es una completa mierd#. —Solo escúchame, hijo—, dijo levantándose de su asiento y caminando hacia el pequeño refrigerador al lado del estudio para tomar un vaso de agua, y se tomó su tiempo para beber el agua del vaso como si tuviera todo el tiempo del mundo, matándome con el suspenso. El viejo está poniendo a prueba mi paciencia, y yo no tengo ninguna. Terminó de beber el agua, volvió a su asiento, se sentó y continuó con su historia. —Han acordado que sus dos nietos se casarán entre sí para fortalecer el vínculo entre las dos familias. No pude aguantar más. Me levanté enfadado y grité: —Así que esa es la razón por la que quieren que me case. —Baja la voz, hijo, y háblame con respeto—, dijo levantándose. —Por favor siéntanse para que podamos discutir esto como adultos—, dijo mi madre con severidad, mirándonos a mi padre y a mí. Los dos nos sentamos porque sabíamos que cuando mi madre hablaba así era porque estaba enfadada y no era buena idea meterse con ella cuando estaba enfadada. —¿Quién es esta chica con la que se supone que me voy a casar, papá?—, le pregunté. —Milagros Simons, hijo, y ella tampoco sabe nada del acuerdo. —Su abuelo murió cuando ella tenía 10 años, sus padres murieron hace cinco años, así que no sabe nada del acuerdo. —Padre, no veo la necesidad de discutir esto, ya que la chica en cuestión no sabe nada al respecto. —No lo entiendes, hijo, no es tan fácil—, dijo con un suspiro. —Entonces hazme entender, papá—, le dije con tono frío. —Tienes que casarte con ella, hijo—, dijo con tono serio. —¿Y por qué, padre?—, le pregunté con curiosidad. —El último deseo de tu abuelo fue que se cumpliera el acuerdo sin importar lo que pasara—, afirmó. —Me niego a casarme con ella, papá—, le dije con seriedad, porque no me importa quién me pida que me case con esta tal Milagros ni qué acuerdo hayan hecho ni todas las tonterías que he estado escuchando y viendo desde que llegué aquí. —Entonces perderás la empresa, hijo—, dijo con tono enfadado. —No puedes hacerme eso, papá, he trabajado muy duro para la empresa—, le dije enfadado. ¿Cómo podía hacerme esto por un acuerdo? —Entonces cásate con ella o pierde la empresa, hijo.
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