LORENZO —Bueno, ¿vas a firmar el contrato o no?—, le pregunté de repente, recordando lo más importante de todo, que es mi empresa. —Bueno, firmaré el contrato si puedo mudarme contigo después de dos semanas—, dijo, dejando clara su condición. Firmé a regañadientes porque sé que es una de esas chicas locas que no descansarán hasta conseguir lo que quieren. —Está bien, haz lo que quieras, pero firma ya el contrato, me has hecho perder bastante tiempo—, le espeté con cara estoica. Firmé con alivio cuando ella finalmente tomó el bolígrafo de mi mesa y firmó el contrato. Por fin, exclamé con alivio. —Me voy ya—, dijo ella, tomándose el pulso y dirigiéndose hacia la puerta. —Sí, por fin me deshago de ella—, murmuré entre dientes. —¿Has dicho algo, Lorenzo?—, preguntó con tono burlón, retán

