Capítulo 11: Cuando las cosas se complican

1240 Words
Valentina estaba en su escritorio, mirando la pantalla de su computadora con esa expresión de "ya lo he visto todo" que parecía ser su nueva marca registrada. Había tenido un día largo y agotador, pero parecía que el universo, en su infinita sabiduría, había decidido darle una última prueba para cerrar la jornada. El teléfono sonó con la inevitable notificación de Álex Montes. La pequeña luz roja parpadeó, como si dijera: "Aquí está tu último desafío del día". Valentina no podía más, pero sabía que no tenía otra opción que contestar. —Valentina, necesito que vengas a mi oficina ahora. —La voz de Álex era tan autoritaria como siempre, como si fuera una orden de alto rango. Valentina suspiró, dejando que la irritación se apoderara de ella. No podía creer que estuviera pasando por esto, pero no era la primera vez, y probablemente no sería la última. ¿Qué quería ahora? —¡¿Qué más?! —murmuró para sí misma mientras recogía sus cosas y se dirigía hacia la oficina de Álex. Cuando entró en la oficina de Álex, lo primero que notó fue el aire tenso que flotaba en el ambiente. Él estaba de pie junto a su escritorio, mirando un montón de documentos con la cara de quien acaba de descubrir que el mundo no es tan perfecto como pensaba. Y ahí estaba él, con esa actitud fría y distante que solo él sabía mantener, el hombre que parecía capaz de destrozar cualquier esperanza en un abrir y cerrar de ojos. —Valentina. —dijo sin mirarla. —Necesito que revises estos informes y los entregues a los clientes en una hora. Valentina, en el fondo de su ser, sintió cómo su paciencia se desbordaba. ¿Una hora? ¿Cómo se supone que debía hacer todo eso en tan poco tiempo? —¡Una hora! —exclamó sin pensar. —¡¿Estás fuera de tu mente?! ¡Ni siquiera tengo tiempo para tomar un respiro! Álex, como siempre, la miró de arriba a abajo, evaluándola con su mirada calculadora. ¿Qué esperaba de ella? ¿Que aceptara todo sin decir nada? —Valentina, no estoy pidiendo mucho. —dijo con calma, como si estuviera discutiendo un asunto trivial, como si fuera la cosa más fácil del mundo. —Quiero que lo hagas. Punto. ¿O acaso te sientes incapaz de hacerlo? Valentina lo miró, casi con incredulidad. ¡¿Incapaz?! De verdad, ¿era él el que se creía que ella era una simple pieza de ajedrez que podía mover de un lado a otro sin tener en cuenta sus sentimientos? —No, no me siento incapaz. Solo me siento un poco harta de que me pongas todo encima como si fuera tu secretaria personal. ¡Y no soy tu secretaria! —respondió con firmeza, cruzando los brazos. Álex se quedó en silencio por un momento, como si estuviera considerando sus palabras. ¿Eso había sido un desafío? No era común que Valentina hablara de esa manera, pero él sabía que algo estaba cambiando en ella. Finalmente, Álex dejó escapar un suspiro, tan breve que Valentina casi no lo escuchó. —Está bien. Haz lo que puedas. Pero quiero que sea perfecto. Ya sabes cómo me gustan las cosas. —dijo sin mirar al frente, volviendo a sus papeles. Valentina lo miró, algo en su interior quería saltar sobre la mesa y gritarle. Pero no, en lugar de eso, decidió mantener la compostura. Sabía que, en el fondo, Álex también estaba probándola. ¿Era esto lo que hacía con todo el mundo? —¿Perfecto? —repitió Valentina, con un tono que casi parecía burlón. —¡¿Qué no sabes que soy humana?! ¡No soy un robot diseñado para hacer tu voluntad en menos de una hora! Álex alzó la vista, y por un segundo, se permitió sonreír. Era una sonrisa pequeña, pero lo suficientemente significativa para que Valentina se diera cuenta de que le estaba tomando el pelo. —Lo sé, Valentina. Sé que no eres perfecta. Pero, aun así, confío en que lo harás lo mejor posible. Espero no decepcionarme. Y ahí estaba de nuevo. Esa necesidad de que nunca la defraudara, esa expectativa sin descanso. Valentina tragó saliva, tratando de mantener la calma, porque sabía que no podía darle el gusto de verla derrotada. —Perfecto, perfecto, perfecto… —murmuró para sí misma mientras salía de la oficina. —Lo único que no es perfecto aquí es tu actitud, Álex. Cuando Valentina regresó a su escritorio, el reloj seguía corriendo implacablemente, y el peso de la tarea sobre sus hombros parecía multiplicarse. ¿Cómo se suponía que iba a entregar esos informes en tan poco tiempo? ¿Por qué Álex siempre tenía que complicarlo todo? Sin embargo, algo comenzó a cambiar en ella. Estaba cansada de ser la que siempre seguía las reglas, de ser la que nunca desafiaba lo que se le pedía. ¿Por qué no hacer las cosas a su manera por una vez? Tomó los papeles y comenzó a revisarlos de una forma completamente diferente. ¿Por qué seguir al pie de la letra todo lo que Álex decía? No, ella tenía sus propios métodos, y si iba a demostrar algo, ahora era el momento perfecto. Mientras hacía las correcciones con rapidez, se dio cuenta de algo importante: estaba siendo mucho más eficiente cuando dejaba de tratar de hacer todo perfecto, cuando dejaba de intentar complacer a Álex. Estaba comenzando a ver que no todo tenía que estar bajo su control. Al llegar la hora de entrega, Valentina entró en la oficina de Álex con los informes perfectamente organizados, pero con un pequeño toque personal que, sabía, seguramente lo sorprendería. Álex levantó la vista cuando entró y, antes de abrir la boca, Valentina le lanzó una mirada desafiante. —Toma, los informes. No son perfectos, pero son lo mejor que puedo hacer sin perder la cabeza. Álex la miró con una leve sonrisa, pero no dijo nada por un largo momento. Valentina pensó que tal vez había cometido un error al desafiarlo de esa manera, pero luego… Álex tomó los informes y los abrió. Por un segundo, su rostro mostró una ligera sorpresa. Pero lo que siguió fue lo que realmente la dejó sin palabras. —Bien. —dijo simplemente, mientras seguía mirando los papeles. —No es lo que esperaba, pero me gusta cómo lo has hecho. Has hecho lo suficiente para que esto funcione. Valentina no pudo evitar soltar una pequeña carcajada, sorprendida por el resultado. —¿Eso es todo? —preguntó, un tanto incrédula. —Pensé que me ibas a hacer otra revisión maratónica. Álex la miró con esa típica expresión impasible, pero esta vez con algo más, algo que casi parecía un atisbo de respeto. —Si lo hubieras hecho todo a la perfección, probablemente habría encontrado algo que cambiar. Pero no siempre es necesario. A veces, lo mejor que puedes hacer es sorprenderme. Y lo hiciste, Valentina. Lo hiciste. ¿Qué significa realmente el reconocimiento de Álex? ¿Está comenzando a ver a Valentina de una manera diferente, o solo la está usando para comprobar algo más? ¿Valentina logrará seguir manteniendo su autonomía sin perder el respeto de Álex? La batalla por el control no ha hecho más que comenzar, y Valentina tendrá que decidir si está dispuesta a seguir jugando este juego... o si finalmente lo cambia todo.
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