Capítulo 3

427 Words
Clavé mi mirada en la de el y este me la devolvió. Mi mirada era suplicante, como cuan niña pequeña pidiéndole a su madre que le compre algún juguete. Finalmente, el joven accedió. Fue tal mi alegría que le abracé con mucha fuerza. No pe importaba que aquel joven que acababa de conocer no fuera mas que un extraño para mí, pero dejaba de estar sola. ¿Hay algo mejor que eso? Para mi no lo había. Ese mismo día, el joven me invitó a tomar helado. Él se pidió un helado de frambuesa y yo de vainilla. Cuando escuché el sabor de helado que iba a tomar, el corazón me dio un vuelco. No podía ser. Agité mi cabeza y sonreí leve. Cogimos los helados cuando la dependienta nos hizo entrega de ellos y salimos del local. Paseamos tranquilos tomándonos los helados. ¿Os podéis creer que aun no sabía ni su nombre? Supongo que no es algo importante. Al fin y al cabo, un nombre es como una etiqueta identificadora, pero no dice mucho de la persona. Pregunté su nombre, y dejé de caminar al oírlo. No me lo podía creer. ¿Era el? No podía ser, era imposible. Me coloqué frente joven y le miré de arriba abajo. Adam. Adam Cooper. Mi mejor amigo. Dejé caer el helado y me abalancé a él, abrazándole con énfasis y fuerza, sin poder evitar en aquel momento llorar. Una lágrima emanó de mis ojos. Dos lágrimas. Tres lágrimas. Una cascada que recorrían mis mejillas, desembocando en el hombro del joven, que se encontraba perplejo ante aquella reacción, pues no entendía lo que pasaba. -¡Adam! Soy yo... ¡soy Alice! -Le miré a los ojos mientras le hablaba y gritaba mi nombre. Él continúo mirándome de una forma desconcertante. -¿Ya no te acuerdas? -¿Alice? ¿Alice Adams? ¿Mi Ali? El joven tenía clavados sus ojos grises en los míos verdosos ahora cristalizados. Asentí repetidas veces, y el me abrazó con fuerza, estrechándome en sus brazos. Pensé que aquello era un sueño, que pronto la señora Hudson llegaría y me despertaría. Pero no. Aquello tenía toda la pinta de ser algo real. Pasé mis manos por sus mejillas, sonriéndole con los ojos acuosos, feliz, contenta, emocionada. Cuando éramos pequeños, fuimos llevados a orfanatos diferentes, y ya no volvimos a saber nada el uno del otro. No hubo día en que no me acordara de él y le echara de menos. De nuevo estábamos juntos, y nada ni nadie nos volvería a separar.
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