"Querido Adam. Ya hace un mes que no nos vemos. Te hecho muchísimo de menos, pero se que vendrás y volveremos a estar juntos de nuevo."
"Querido Adam. Hace medio año que no se nada de ti. Aquí me siento muy sola. Mi compañera de habitación se burla de mí. Ven ya, por favor..."
"Querido Adam. ¿Donde estás? Ya ha pasado un año desde que nos separaron. Me prometiste que vendrías y aun no has vuelto. Has roto tu promesa. ¡TE ODIO!"
"Querido Adam. Perdón por lo de la otra carta. Te quiero. Y aun tengo la certeza de que volverás a por mi, como me prometiste."
Mientras leía las cartas, pude ver en su rostro visibles muecas de tristeza, y de dolor. Me preocupé mucho al observar su rostro, pero me dijo que no pasaba nada. Sabía que mentía.
Noches después, cuando nos encontrábamos en la terraza del Dungeon, comenzó a apretarse los costados con las manos, poniendo graves muecas de dolor. Me preocupé mucho, de tal manera que no pude evitar dejar escapar unas lágrimas. Sabía que algo no iba bien. Y era algo grave.
-Adam, ¿qué te pasa? –Se limitó a sonreír y a negar con la cabeza.- Por favor, Adam...
-Alice, cariño, te quiero, ¿sí?
Aquellas palabras me preocuparon aun más. Se le veía realmente mal y yo no era ni soy tonta. Agarré sus manos con fuerza, dejando que una cascada de lágrimas inundara mis ojos y resbalaran por mis mejillas. Tenía mucho miedo. Él me miró a los ojos y me sonrió con una mirada algo apagada. Me dio un vuelco al corazón y eso hizo que llorara aun más.
-Prométeme que serás fuerte. Que no caerás y que seguirás adelante. Prométemelo.
-Pero Adam... ¿Qué dices...? –Estaba desconcertada. No entendía a qué venía todo aquello. En un acto impulso, me incliné hacia él y besé sus labios, presionando con agonía mis labios contra los de él. Segundos después, me separé de él, sin dejar aun de llorar. –No me dejes... por favor... otra vez no... -Negué repetidas veces con la cabeza, sin poder dejar de llorar.
-No te dejaré, ¿me oyes? Jamás lo haré. La primera estrella que brille al anochecer, y la última al amanecer, desde esa estrella, yo te estaré cuidando–Sus ojos empiezan a humedecerse, pero sin perder en ningún momento aquella hermosa sonrisa que le caracterizaba.- Te quiero, mi pequeña Alice.
-Te amo... -Fue lo único que pude balbucear cuando vi como su mirada se apagaba poco a poco, sin entender el por qué de todo aquello. Segundos después, sostenía entre mis brazos el cuerpo sin vida de la persona que lo había sido todo para mí.