Cuando Jungkook finalmente aparece en el salón principal, ya su esposa ha abrazado a Taehyung diez veces, hablado de lo mucho que le agrada haberlo conocido, y un montón de cosas más que la emoción en su voz no le deja entender. Jungkook quiere resoplar en modo gruñón, no entendiendo debido a qué su esposa parece tan encantada con un chico que acaba de conocer. Por su parte, será amable, pero no lo dejará de observar fijamente para descubrir cualquier costura que intente ocultar con una sonrisita inocente.
Sus ojos negros escanean de arriba hacia abajo la figura del chico, siendo lo primero que le llama la atención de aquel jovencito de espalda, es sin duda, su cabellera rubia; a su parecer es un rubio muy llamativo, color que le parece hasta exagerado. Sin embargo, al joven darse media vuelta a su dirección, mentiría si no dijera que se llevó el tercer shock de su vida repentinamente.
En definitiva, ese joven frente él es extremadamente atractivo.
¿Qué dice? Es que no encuentra una palabra en su dialecto que pueda encajar correctamente en su descripción. Con toda la facilidad del mundo, podría ser la cara de alguna marca. Incluso la descabellada idea de ser la nueva imagen de alguna campaña publicitaria en la empresa, pasa fugazmente por su cabeza. Niega, alejando esa posibilidad al no ser el momento ni el lugar para pensar en el trabajo. Una vez sale de sus pensamientos, continúa con su minuciosa observación hacia el joven que al fin se digna hacer contacto visual con él.
No sabe el motivo exacto que lo lleva a sentir lo que experimenta a continuación, pero le agrada mucho ese rostro de asombro que TaeHyung no intenta disimular al mirarlo, ni tampoco el temblor de su mano al extenderla en busca de un apretón. Sus palmas entran en contacto entonces, pudiendo encontrar la suavidad contraria agradable.
—S-Soy Kim Taehyung—titubea—. Y es un placer por fin conocerlo Sr. Jeon.
—Igualmente—concede.
Una vez la atención del joven es centrada nuevamente en su esposa e hijo, se da la tarea de seguir analizándolo con cierta curiosidad; su cabello rubio, que ya no parece ser tan estrambótico como al principio, está desordenado y levemente ondulado en las puntas. Su rostro que da la impresión de poseer las proporciones idóneas para ser considerado perfecto, se nota impecable, con un cutis bien cuidado, y con aquel escaso maquillaje que da profundidad a sus ojos, en conjunto con el bálsamo que hace que sus labios se vean hidratados. Pero sin duda alguna lo que puede llamar más la atención, son esos lentes de contactos azules que parecen embellecer de manera escandalosa.
Inclusive, el arete largo con forma de un corazón al final en su oreja izquierda, ese suéter tejido de color morado oscuro que esconde estratégicamente parte de sus manos, Jeans ajustados de color azul pálido con uno que roto en los muslos sin revelar gran parte de piel, y botas de color marrón oscuro, conforman armoniosamente la imagen más proporcional de moda en la que ha podido fijarse.
—E-Espero que nos podamos llevar bien. Es un placer conocerlos a ambos, Sres. Jeon—oye decir a Taehyung, encontrando sus ojos nuevamente con los propios, que parecen brillar de forma distinta.
—Oh, no, por favor no me digas señora Jeon, me haces sentir como si fuera una anciana—pide la mujer con una sonrisa avergonzada—. Puedes llamarme por mi nombre—permite enternecida.
No podría decir que le disgusta que le den el título que se merece al ser la esposa de tal hombre tan guapo, pero jamás le ha gustado las formalidades, y menos, si provienen de un nuevo integrante de su familia como lo es este chico de cabello rubio que se mira tan tímido. Es una ternura.
—¿Está segura?—pregunta hecho un mar de nervios.
Mira fugazmente a JunGeon, reconociendo ese rostro lleno de fingida seriedad que solo le demuestra que se está divirtiendo lo suficiente con su retraimiento, como para echarle una mano y hacer menos incómodo el momento. «Te asesinare más tarde.» Promete mentalmente con un puchero.
—Claro que sí, por favor llámame JiWoo—concede con humildad.
—Será JiWoo...—la mujer asiente un par de veces, totalmente complacida de haber logrado que la tutee en el primer día.
Taehyung quiere que la tierra se lo trague. Sinceramente, le resulta tan mortificante llamarla por su nombre si apenas se acaban de conocer, y tampoco es como si fuera la persona más educada del mundo, pero son los padres de su novio, no quisiera quedar mal delante de ellos al oponerse a llamarlos así... Padres, recuerda. Sus ojos azules se posan inmediatamente en el hombre de porte elegante frente él, que no varía por nada del mundo su expresión hermética.
Este chico de nombre Taehyung definitivamente está lejos de ser como lo mencionó momentos antes de conocerlo; no parece ser un ex convicto, al contrario, se nota delicado y refinado como una señorita de alta sociedad. Por Dios, quiere abofetearse. Eso lo hace sentir mal al mismo momento que lo piensa, sabe demasiado bien que compararlo con una mujer no es nada agradable, ya que en definitiva no es una chica. En fin, le incomoda que por momento esa clase de estereotipos que la sociedad ha impuesto como características para diferenciar hombres y mujeres lleguen a su mente de forma inconsciente, a pesar, de que ha tratado por años en dejarlo de lado.
—Puedes llamarme como gustes—prefiere decir, ante la espera del chico por recibir una respuesta—. Para mi está bien si me dices Sr. Jeon o Jungkook, lo dejo a tu entera disposición y comodidad—comunica.
—Sr. Jeon será—afirma con un dejo de tranquilidad.
—¿Pasamos a la mesa o prefieres algún aperitivo antes del almuerzo, cariño?—pregunta de repente su suegra con más emoción de la necesaria—. Tengo también algunas bebidas que te encantarán.
De leguas se puede identificar las ganas de querer saltar sobre él y hacerle miles de preguntas como "¿Dónde se conocieron? ¿Quién dio el primer paso? ¿Dónde se besaron por primera vez?" Y ese tipo de cursilerías que JiWoo suele fisgonear solo porque le encantan las historias de amor, y más, si esas historias de amor son las de su pequeño retoño.
—Mejor pasemos a la mesa, mamá—decide rotundamente, antes de que todo esa situación se le escape de las manos.
Está seguro que si deja que su madre se emocione de más, saldrá con un Taehyung a punto de reventar de la casa, porque por mucho es conocedor que la vergüenza que posee el rubio le impedirá negarse a cualquier cosa que su madre le ofrezca probar. Todo sea por complacerla.
—Bien, entonces vamos, vamos, ¡He preparado una comida súper especial hoy!—asegura con ojos brillantes, guiando a todos al comedor. JunGeon toma la mano del rubio por acto reflejo, sonriendo para darle ánimo al joven que no muestra indicios de poder relajarse—. Me siento muy feliz de tenerte aquí, Taehyung.
Jungkook sigue de cerca a su esposa que habla llena de emoción, tomándose el tiempo de observar la actitud protectora que tiene su hijo con el chico rubio, tranquilizando un poco su preocupación al identificar que su relación verdaderamente va más allá de un simple gusto o calentura, como los jóvenes de ahora en día se rigen para formar una relación, terminando lastimados después al priorizar cosas que no son suficientes para elegir a un compañero de vida.
Suspira.
Le echará la culpa a la edad de volverse un poco paranoico con eso de querer sobreproteger a su no tan pequeño hijo... Que justo ahora, se nota tan enamorado de aquella persona.
—¿Estás bien?—indaga JunGeon cerca del oído de Taehyung, que no tarda en asentir un par de veces, sosteniendo aún con shock su mano con rumbo al comedor.
¿Se podría estar completamente bien luego de los cinco minutos más sofocantes de su vida? No lo sabe.
Primero que nada, casi muere al ver a una mujer tan condenadamente bella correr hacia él y abrazarlo con tanta espontaneidad mientras se presentaba entre murmullos como la madre de JunGeon. Mierda... Fue casi irreal, si no se hubiese presentado, Taehyung posiblemente no lo hubiese creído. Es verdad que su novio le había mencionado que su madre era dulzona, muy cariñosa y joven, pero eso se quedó completamente pequeño con la realidad, al menos esa fue su primera impresión al verla.
Segundo, y no menos importante, el señor Jeon. Vaya, eso no se lo esperaba. Jeon Jungkook es como una versión de JunGeon mucho más maduro y grande. Pero... Por Dios, tendría que estar ciego para no reconocer que dicho hombre está lejos de parecer su suegro. ¡Los papás que conoce no son así! Así... Tan guapos, bien presentados y mucho menos tan... ¿Sensuales? Siente que caerá en una crisis existencial por sacar de órbita los estereotipos de padres que siempre ha poseído.
Su rostro, ese cabello tan espeso peinado de ese modo, un poco de lado pero dejando los mechones libres, va tan malditamente a la par con sus facciones de mandíbula marcada masculinamente. Eso le da ese toque mayor que le hace ver tan condenadamente bien. Esos ojos negros son un poco duros, pero al mismo tiempo se puede reflejar la empatía y humildad de la cual su novio se encargó mencionar hace días atrás. Nariz un poco redondeada que va a la par con sus labios pequeños y rosas. Se ve que goza de buena salud, porque ni siquiera una arruga muestra su rostro, ni una cana. En fin, ningún signo de vejez o algo que de indicios que esté pisando casi las cuarenta primaveras.
Claramente, cualquiera creería que tiene escasos veintiocho, máximo treinta años.
Y ni hablar de su forma de vestir... Quizás Taehyung esté estudiando ingeniería, sin embargo, puede reconocer con facilidad el buen gusto que las personas poseen en la ropa, y este hombre no se queda atrás; esa camisa azul marina va tan condenadamente perfecta sobre su cuerpo fornido y saco gris, en conjunto con ese pantalón que es sostenido por un cinturón de colección de Chanel. Sin contar por supuesto, esos zapatos... Taehyung los reconoció al instante que sus ojos los notaron por primera vez: Gucci, de la temporada que acaba de salir y que cuestan como treinta meses de su sueldo.
Eso lo hace casi sollozar dramáticamente.
Si bien sabía que JunGeon provenía de una familia que no se caracterizaba por ser precisamente pobre, tampoco esperaba que fueran ricos. Bueno, no ricos, ricos... O quizás un poco ricos, ¡No sabe y no le interesa saber! El punto es que gozan de una casa tan grande, llenas de lujos, pero sobre todo, con ese toque que le hace saber que una verdadera familia que se ama reside ahí.
Al entrar al comedor su boca cae al suelo indiscutiblemente. Este lugar es tan lindo; la mesa está hecha de caoba con un cristal alargado que abarca toda la mitad en línea. Esa lámpara de techo que posee miles de diminutas y brillantes gotas que dan la impresión que en cualquier momento caerán sobre ti como lluvia, es alumbrada por una tenue luz blanca que no resulta molesta o demasiado insuficiente. Esas pocas pinturas en tonos suaves de apariencia tranquila colocadas estratégicamente en los lugares perfectos para dar un efecto congruente, lo hace como un lugar mágico.
Es hermoso.
Ese comedor es del tamaño de la propia sala de su apartamento, está seguro que uno de sus baños es el doble de su cuarto, y que quizás, el recibidor asemeje dos veces más amplitud que su diminuta cocina. De repente se siente abrumado por tantos lujos que los rodean. No quiere sentirse poco, no le gusta la sensación. Incluso, nunca le ha interesado demasiado su clase social… Pero justo ahora que se da cuenta de la clase de mundo que rodea al chico que ha visto algo bueno en él, se siente demasiado poca cosa.
—Entonces... Estudias con mi hijo, eso es bueno. Él mencionó que posees el mejor promedio de toda la clase—Jungkook lo mira fijamente en espera de alguna contestación que confirmen la información recolectada hasta ahora.
Esa es la observación que rompe el silencio que los envuelve, haciendo que los estúpidos pensamientos de la posición social que no mantiene, se pierda muy lejos de sí y preste completa atención a cómo el hombre pica la carne sobre su plato con demasiada elegancia. Al menos agradece haber recibido clases de etiqueta obligatorias para poder trabajar en donde trabaja.
—Bueno, es... Normal, supongo que bastante aceptable para un estudiante promedio como yo—decide aclarar con fingida tranquilidad.
—No es cierto—interviene de inmediato el chico de cabello n***o, con una gran sonrisa orgullosa en su rostro—. Es uno de los mejores, ¿Qué digo? ¡Es el mejor, Papá! Su promedio es de 9.3, puedes sacar tus propias conclusiones a partir de esa información. Vamos Tae~ no te avergüences de mostrar tu lindo cerebro ante mis padres—pide.
—¡Vaya! Ese es un promedio bastante alto, si continúas de ese modo podrás graduarte con honores en unos años—interviene JiWoo con alegría—. Me hace tan feliz que mi niño haya escogido a alguien tan hermoso e inteligente como novio, ¡Ah, podría morir de amor justo ahora! Se ven tan bonitos juntos, ¿Verdad, Jungkook?—trata de incluir a su esposo en lo dicho, con una mirada que le incita a intervenir también.
—Por supuesto que sí, amor—da la razón, con solo una pequeña sonrisa y una mirada llena de cariño hacia su dirección.
Entonces vuelve su atención al joven que parece estar a punto de romper el plato de porcelana por lo fuerte que afinca su cuchillo. Sinceramente se nota muy nervioso. De seguro este es un momento demasiado incómodo para él, e incluso así, nacen miles de preguntas por parte de Jungkook que son direccionadas justamente a él.
—Según tengo entendido eres de Daegu—comienza el hombre interesado—. ¿En qué locación exacta naciste? Desde hace mucho que no piso esos lares, siempre he visitado Dong-gu en mis viajes. Aunque ya no viajo como antes, es una lástima. De seguro tus padres te han de extrañar mucho debido a la distancia que ahora tienen, ¿Ellos pagan tu matrícula universitaria desde allá?
—Papá—detiene JunGeon, avisando con solo una mirada que esas cosas son verdaderamente innecesarias de saber—. ¿Por qué mejor no cambiamos el tema?
Sabe que muy bien que ese asunto es delicado para Taehyung, sus padres, o en este caso, su padre, es una conversación la cual no desea poseer con nadie inmediatamente.
—Ya que lo sugieres, ¡Por favor cuéntenos cómo es que se enamoraron!—propone en la primera oportunidad que tiene la mujer, con excesiva emoción.
—Mamá…
—¡Por favor, por favor!
-Hany