Los Blackwood

1427 Words
*Idioma oficial del episodio: ingles New York, 1989 En New York las cosas estaban bastantes tensas, Lizandro Blackwood llevaba un día completo sin ir a casa por estar revisando los datos contables y materia primas de la empresa y el resultado era un enojo profundo en el hombre de 49 años. —Señor Blackwood su esposa a preguntado por usted está muy preocupada porque no ha ido a dormir a casa —El hombre chasqueo la lengua, sabía que nunca se negaría a un pedido a su esposa, Lizandro Blackwood se había enamorado a sus 17 años de Stella Bayle en su viaje a L.A. donde en su locura de amor espero algunos años para casarse con la chica que le robo su corazón y se convirtió en padre a sus 22 años—, también pregunta si ha comido. —Ayúdame a guardar todos estos documentos, María, por favor —La chica asintió inmediatamente comenzando a guardar los documentos, Lizandro tenía tanta confianza en esa chica de 26 años, no le importaba que fuera una chica de padres mexicanos, Lizandro y Stella Blackwood habían inculcado a su hijo con amabilidad y solidaridad a las personas con bajos recursos con su lema “somos iguales a todas las personas y no debemos pensar o creer que somos mejores”. —Señor Lizandro, mañana tiene una reunión con el señor Henry Dawson —Lizandro se molestó al escuchar ese nombre, desconfiaba de él. —María, quiero que estés pendiente del vuelo de mi hijo en cuanto sepas que va aterrizar manda a un empleado por él, sabes que tienes a la disposición mandarlos. —Sí, señor —María era de confianza que le habían dado una casa para que se sintiera más cómoda con sus padres cuando ella comenzó a estudiar en la misma universidad que James. Ella había estudiado mercadotecnia y Lizandro le había abierto las posibilidades para poder tener un mejor puesto que ser solo una secretaria o asistente. En cuanto terminaron de guardar los documentos, Lizandro salió de su oficina con destino a su mansión, se encontró con varios trabajadores que le hablaban con respeto y él les respondía de igual forma, subió al auto oscuro que le esperaba al llegar sintió un poco de pena de preocupar a su esposa, la mansión tenía bardas a todos lados y enfrente un enorme portón que era vigilada por guardaespaldas con una caceta de acceso a la mansión donde había un jardín a los lados de la calle que dirigían a la puerta de la enorme mansión color celeste pastel entro a su casa viendo a Stella que estaba esperando por él en un sillón, se veía pálida y con ojeras la noche anterior no había podido dormir por pensar en su esposo, además el pequeño Ian de 1 año pedía mucha atención, estaba dormido en una camita. —Stella, cariño —Se acercó a la mujer que tanto amaba—. Es mi culpa que no hayas dormido —La mujer castaña y de unos increíbles ojos verdes le sonrió. —Lizandro, mi querido Lizandro te esperaría toda la noche porque sin ti no puedo conciliar el sueño —El hombre se sintió tan querido y amado que abrazo a su esposa, en sus brazos Stella sintió tranquilidad y paz—. ¿Por qué no habías venido? —Hablaban bajo para que el pequeño Ian no despertará, había estado jugando toda la tarde. —Revisaba unos documentos importantes de la empresa, James me contó algo que descubrió del informe anual este ha sido modificado para que nuestra capital total sea menos. —Simplemente hay personas en las que no se puede confiar. —Eso parece, pero tú no tienes que preocuparte este es un problema de los hombres de la familia —Stella sonrió, ella es dueña de una pequeña empresa de perfumes famosa llamada Fragancias Bayle se había asociado a una empresa que surgió hace 3 años atrás Paradise formando Bayle and Paradise, Stella con ayuda de Lizandro había logrado estabilizar su negocio en el mercado de la ciudad y fue bien recibida por las otras ciudades con críticas positivas entonces la empresa Paradise le pidió asociación, aunque al principio lo dudo, termino aceptando. —¿Cómo me pides eso? Tus problemas son mis problemas. —Hablando de eso, ¿Cómo vas con Bayle and Paradise? —Bien, pero Paradise me está exigiendo por una fragancia para otoño —menciono con un poco de cansancio—, sabes que me gusta hacer esto, pero últimamente todo lo que tenía en mente se ha ido y estoy como… vacía. —Solo es falta de inspiración —Abrazo más a su esposa—, tal vez solo necesitas un descanso. —¿Qué tal unas vacaciones por el caribe? —Lizandro lo pensó por unos segundos. —Te lo cambio por un viaje a Canadá. —¿Canadá? Me gusta. —Dame dos días para dejar preparado y capacitado a James y Daniel para el trabajo de sus vidas. —No seas tan duro con ellos, solo son unos jóvenes que aun buscan divertirse. —No he sido tan duro, pero Daniel a veces es muy indomable es mejor dejarle el cargo a James porque su padre solo lo ofende. —Harry siempre ha sido de esa forma con Dani, no entiendo la razón —dijo con un poco de tristeza vio crecer al chico y siempre había sido respetuoso y cariñoso con ella. —Mejor hablemos de nuestro viaje ¿Qué te parece Quebec, Canadá? Miramos algunas ciudades en forma de castillos ¿Qué dices? —Quiero hacer esa actividad… pero Ian ¿qué haremos con él? —Toco los brazos de su esposo. —Lo tendremos que llevar. —Es la vida de los padres los primeros años —Stella se quedó pensando por unos segundos— Estoy pensando en su segunda fiesta de cumpleaños, quiero que la graben. —Que sea algo en familia, además faltan 4 meses. —Los meses se van muy rápido, cariño —El pequeño se despertó comenzando a llorar con tanta intensidad—. Creo que quiere a su papá. —Ya llegó papá —Cargo a su pequeño que dejó de llorar. Ambos esposos comenzaron a disfrutar de su niño que movía las manos para tocar el rostro de su padre, Stella le paso su pañal para que el hombre hiciera su trabajo de cambiarle, mientras ella le preparaba su leche en una mamila, Lizandro le dio de comer mientras Stella lo veía su semblante serio y varonil lo hacían más atractivo a sus ojos, fue un amor a primera vista donde ambos jóvenes se enamoraron en dos semanas y terminaron cansándose años después debido a la edad de Stella; el embarazo de su primer hijo había sido bastante complicado en el sentido de que ambos no sabían cómo cuidar de un bebé y aunque tomaron clases para ser padres ideales fracasaron. Perdieron a James en su propia mansión. La llegada de Ian hace unos meses atrás les había alegrado la vida al tener una edad mayor comparada con el nacimiento de James. Este lo veía de manera agradable tener un hermano pequeño, aunque no hablaba del pequeño e inclusive se le olvidaba que tenía un hermano esperándolo. —¿Crees que aprendimos la lección de padres geniales con James? —No creo, pero con Ian lo estamos haciendo de maravilla, tal vez sea la edad. —Supongo que mis 49 años me ayuda un poco —Stella le sonrió a su esposo. —Ian es un poco más calmado cuando no tiene hambre y no está sucio. —Sí, pero llora mucho. —Es normal, mi amor —Lizandro tenía en sus brazos al pequeñito—. ¿Crees que tenga tus ojos azules? —No, creo que serán verdes, lo viste que se veían verdes como bosque y a veces se ven azul cielo. —Así los tenía James y son azules grisáceos. —Bueno, a veces puede fallar la genética de los ojos verdes. —No empieces, Lizandro —Lo amenazó Stella con el dedo haciendo que el hombre riera fuerte y asustara al bebé que empezó a llorar. Lizandro había estado en ambos partos y era un hermoso regalo para el, ser padre nuevamente—. Oh, no. —Miro con molestia a su esposo. —Yo lo dormiré, relájate. Lizandro siguió deteniendo los lloriqueos del pequeño Ian mientras los dos amigos iban aburridos en su viaje que parecía no tendría fin.
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