Narrador omnisciente.
Mientras Abigail y Addison regresaban a la manada, aquella mujer las observó hasta que las perdió de vista, ella sabían perfectamente quién era Abigail.
Ella se quedó perdida en sus pensamientos, jamás se había imaginado encontrarse con ella de nuevo, la última vez que vio era pequeña recién nacida, y fue cuando la entregó a los brazos de aquella mujer que juro cuidarla y protegerla con su propia vida.
Cuando la mujer se sintió segura, cambió su apariencia, con un hechizo, que la devolvio a como era en realidad, esto lo hacía siempre que salía de aquella obscuridad donde vivía, pues no quería ser descubierta aún por nadie, aunque eso le dolía, pero ella más que nadie sabía, que Abigail corría peligro si fuera descubierta por su padre biológico ese ser despreciable que la obligó a vivir con él, ese hombre que mato al verdadero amor de su vida, ella sabía perfectamente lo que ese ser pordria llegar hacer si sabía del paradero de Abigail.
Solo que eso era algo que ella no podría evitar, Bertrand siempre envíaba a alguien a seguirla, así como también envíaba a sus criaturas recién creadas a sasear su sed de sangre.
Así que mientras ella se perdía en sus pensamientos, alguien regresaba aquel lúgubre y obscuro lugar, para informarle a su amo lo que había descubierto.
Aquel hombre llegó a aquella mansión, tocó la puerta del despacho y de esta salió una fuerte y fría voz, que al escucharla, hacia temblar a cualquiera. Él hombre entró con sumo cuidado, de no molestar a su amo, ya que en los últimos años, el temperamento de Bertrand era muy predecible.
— Disculpe que lo moleste su majestad, pero tal vez tengo buenas noticias que darle. — dijo el hombre, captando la atención de Bertrand.
— Habla entonces. — respondió Bertrand con curiosidad.
— Tal como me lo ha ordenado, he seguido los pasos de su esposa, pero esta vez fue diferente, ya que en el lago se encontró a dos mujeres y creo que una concuerda con la edad de su hija, tal vez las chicas no notaron la emoción en la voz de ella, pero yo si, su corazón latió muy rápido, creo que por fin hemos encontrado a la princesa. — Bertrand se levantó de su asiento, al escuchar aquello, rodeo el escritorio y se puso frente al hombre.
— ¿Estás seguro de lo que dices? — le pregunto al hombre y este no sabia bien que responder.
— Aún no su majestad, pero lo haré y si es así le juro por mi vida que la traeré con usted, la traeré a donde pertenece. — esa respuesta dejo un poco satisfecho a Bertrand.
— Más te vale que así sea, si no sabes bien lo que perderás, ahora lárgate hacer tu trabajo, y maten vigilada a Ellie. — el hombre se inclino y salió del despacho y se fue hacer su trabajo.
Bertrand comenzaría su plan para traer a la chica a su lado, pare él, ella era el arma que necesitaría para terminar con la especie lobuna y así ser el el rey de todo.
Narra Abi.
Después de tanto caminar, por fin estamos a punto de llegar a la manada, solo espero que mi hermano no se haya dado cuenta de mi ausencia, porque si es así estoy en problemas.
La verdad el camino se me hizo un poco más largo, el sol se oculto hace ya un rato, la luz de la luna es nuestra única compañía y es aquí donde le agradezco a la diosa Luna, como dice mi amiga, que podamos ver en la obscuridad. Un sonido nos hace ponernos en alerta, la sensación que mi cuerpo siente no me gusta y creo que lo mismo le pasa a Addison.
— Abi, no te detengas por nada del mundo hay que correr. — dice Addison poniéndome más en alerta.
— Aunque corran será inútil, quien diría que encontrariamos un par de deliciosos bocadillos. — dice una voz que sale de la obscuridad.
— Díganme ¿Cómo es que un por de hermosos bocadillos andan solas por aquí? — pregunta otra voz, creo que en este momento nos tienen rodeadas, pero extrañamente no siento miedo.
— Yo solo espero que no se resistan mucho. — dice otra voz.
— Tranquilos, están asustando a nuestra comida, aunque siento que hasta nos hará falta. — dice otro, pero este ya está frente a nosotras, específicamente enfrente de mi amiga.
— No temas nena, te prometo que no te dolerá, tu solo relagate y déjate llevar. — dice otro, rozando mi oído, mi amiga gruñe al ver lo cerca que este esta de mi.
— Son vampiros Abi, al parecer recién creados. — dice mi amiga en un susurro.
— Vaya creo que nos hemos sacado el premio mayor, nuestro rey estara orgulloso de nosotros, por acabar con dos lobitas, y tú amiga tiene razón, somos vampiros. — dice otro y yo no puedo evitar reír con lo que ha dicho.
— ¿De que te ríes? — pregunta uno poniéndose frente a mí, es ahí donde puedo notar el color de sus ojos.
— De nada. — respondo y este se ve furioso, e intenta atacarme.
La lucha comienza, no dejaré que estos malditos consigan lo que quieren.
Me sorprende la agilidad y rapidez que estos poseen, aún así puedo esquivar muy bien sus ataques, creo que aquí es donde debo agradecerle a mi hermano por siempre decirme que tenía que entrenar.
— Creo que esto no será fácil. — dice uno y otro sonríe.
— Somos cuatro, ellas solo dos. — contesta otro. Les juro que escucharlo decir eso me ha llenado de furia, no soy una princesa que no pueda defenderse y ahora lo verán.
Atacó a uno como puedo, desgareandole la garganta con mi mano, yo misma me sorprendo de lo que he echo, es que no me lo puedo creer, los otros dos se abalanzan sobre mi, al ver lo que he echo y comenzamos de nuevo a luchar, Addison intercepta a uno que intenta atacarme por la espalda. Lucho con todas mis fuerzas, hasta que de un momento a otro ambas somos aventadas contra un árbol,
— Son muy fuertes Abi, no creo que podamos vencerlos. — con la voz llena de derrota.
— Debe haber algo que podamos hacer para vencerlos Addison, no dejaremos que se salgan con la suya. — le digo y ella asiente. Ambas nos levantamos de nuevo y limpiamos las comisuras de nuestras bocas, el sabor metálico invade mi boca, y creo que a esos tipos los ha vuelto locos, vemos como se abalanzan hacia nosotros, pero son interceptados por un lobo, que reconozco de inmediato.
Todo pasa muy rápido, pues detrás de mi hermano vienen otros más que luchan con los otros dos, solo puedo ver como dos de ellos son destrozados y uno alcanza a escapar, con lobos tras de él.
Señoras y señores, preparence para el sermón que mi hermano dará, es más si es posible, preparen mi funeral, porque a pesar de que esta en su forma lobuna, puedo ver lo enojado que esta.
Mi hermano gruñe, y Addison agacha la cabeza, al ver lo que ella ha echo por inercia lo hago también.
— Una sola cosa te pido Abigail, y no puedes cumplirla. — lo es ho decir, después de varios minutos, los hombre que se fueron detrás del vampiro regresan a nosotros.
— Alpha, no pudimos alcanzarlo, fue demasiado hábil y escapó.
— ¡Maldición! — exclama mi hermano al escucharlos decir eso.
— Escoltenlas a la mansión y aseguren e que no salgan de nuevo. — dice mi hermano con esa voz autoritaria, yo intento repelar, pero al ver a mi amiga como niega con la cabeza, me quedo callada. Los hombres de mi hermano nos toman a cada una del brazo rumbo a la manada.
La cara de Bleir al vernos de nuevo en la mansión es de un total alivio, se acerca a mi y me abraza, y lo mismo hace con Addison.
— ¿Dónde rayos se habían metido? me preocupe demasiado, al no encontrarlas en su habitación.
— Yo... — me quedo callada, dios ni siquiera se que decir.
— No digas nada, ya que el que te hará preguntas será tu hermano vengan, las voy ayudar a limpiar sus heridas, para mañana estarán como nuevas. — dice ella y ambas la seguimos, como niñas regañadas.
Después de curar nuestras heridas, cada una se encuentra en su habitació. Me encuentro dando vueltas de un lado a otro, como un león enjaulado, he de confesar que había visto a mi hermano enojado, pero no como hoy, siento que antes se reprimia, para que yo no me diera cuenta de su verdadero ser y ahora que sé lo que somos, no quiero ni siquiera imaginarmelo.
La puerta es abierta abruptamente, dándome el susto de mi vida y hacidnome brincar de mi sitio, mi hermano me ve con furia intensa en sus ojos.
— Jason, yo... — ni siquiera puedo completar la oración, ya que el levanta su mano oara que guarde silencio.
— Abigail ¿Por qué haces las cosas difícil? Solo te di una orden, solo una y no pudiste cumplirla, cuantas veces te he dicho que todo lo que hago es para protegerte y tú siempre disfrutas llevándome la contraria, te imaginas que hubiera pasado si yo no hubiera llegado, en este momento tú... — se queda callado por un segundo. Supongo queriendo medir sus palabras. — Ni siquiera quiero imaginarmelo. — termina de decir.
— Jason. — intento hablar, pero él vuelve a callarme.
— Aún no termino Abigail. Comprende que todo lo que he echo hasta ahora es oara protegerte, no hay nada en este mundo que yo haga más que protegerte. — dice y yo, yo ya no aguanto las y exploto.
— Siempre dices que quieres protegerme, pero no me dices de que o de quien, ya no soy una niña... — dices que no eres una niña y te portas como una. — dice interrumpiendome.
— Hay ya estoy harta, estoy harta de escucharte decir que todo lo que haces es para protegerme, pero yo quiero saber de que, de que o de quien me proteges. — digo molesta.
— Conformaré con saber que tienes que cuidarte y cuando regreses a la manada sol de luna tendrás guardaespaldas, haber si así aprendes a obedecer órdenes cuando se te indican. — dice más que enojado y eso a mi me hace enojar más.
— Ya te dije que no soy una niña, como para tener líneas detrás de mi, no aceptaré eso Jason. — digo molestas tratando de no salir la furia que en mi crece.
— Escucha bien Abigail, no te estoy pidiendo permiso, soy tu hermano, pero también soy tu alpha, así que debes hacerme caso te guste o no tendrás a dos hombres que te cuiden.
— ¡No lo aceptaré Jason, toda mi vida he echo lo que tu has pedido, pero esta vez no. Ya no soy una niña, y si acepto que me equivoque y no debí salir, pero tú, si tú sabes el peligro que hay afuera ¿Por qué no eres capaz de decírmelo. Tal vez así dejaría aún lado mi rebeldía! — reposando casi gritando, y mi cuñada entra a mi habitación.
— Jason ya, deja a tu herma en paz. — dice Bleir y mi hermano la mira furioso.
— No, no puedo dejar que ella haga lo que le venga en gana, ya no es una niña y ya no esta en el mundo humano, aquí hay reglas que ella debe respetar, como cuando uno le da una orden y ella debe cumplirla, es mi hermana y sabes que la amo, per lo de hoy llego al limite, o acaso crees que no sabría de tus huidas por las tardes al bosque. — dice el, y yo abro los ojos como platos.
— Tú...¿ Cómo te atreviste? Vete de aquí Jason, sal de mi habitación. — digo molesta al darme cuenta que mi hermano en realidad ya tenía a alguien siguiéndole los pasos.
Mi hermano sale y Bleir solo me mira y sale tras de mi hermano. No se como no me di cuenta de ello, hay tengo coraje, porque mi hermano realmente no confía en mi y sí, sé que soy una chica fuera de lo común, pero esas salidas al bosque solo fueron oara distraerme de todo lo que me ha pasado en estas últimas semanas, no hice nada malo y lo de hoy, simplemente se salio de las manos, yo que diablos iba a saber que habría vampiros meridodando por aquí, si se supone que este lugar está muy a apartado de todo.
Narra Jason.
Salgo de la habitación de mi hermana echo una furia, es que acaso no puede entender que yo solo quiero protegerla o que.
— ¡Aaaah maldición! — exclamo cuando llego a mi despacho y me sirvo un vaso de whisky.
— Cálmate mi amor. — escucho la voz de mi luna y soba mi espalda.
— Comprende a tu hermana, esto es un mundo nuevo para ella y por lo que me has contado, es una chica muy curiosa, es normal que le llame la atención conocer más además que tú también tienes algo de culpa, por no hablarle con la verdad, debes de confiar más en ella y veras que ella misma te dará la razón de tus actos mi amor. — revuelvo mi cabeza, al escuchar las palabras de mi esposa.
— Tal vez tengas razón, pero no sé cómo hacerlo, no encuentro la manera de hacerlo, siento que si lo hago puedo perderla y no quiero, no quier perder a mi hermanita. — digo con un profundo dolor en mi pecho, lo que he descubierto en estos años que he investigando todo lo que pasó cuando mi hermana nació me ha dejado perplejo y no dudo que eso le cause dolor a mi hermana.
Suspiro pesadamente, mi hermosa luna me abraza por la espalda, dándome un poco de paz a mi corazón.