Llamé muchas veces a Damián, intenté localizarlo, pero simplemente obtuve la voz del buzón. No quiere hablarme, muy posiblemente tampoco quiere verme y yo no sé qué hacer. Tengo días que no voy a la universidad y está mal, porque sí quiero terminar mi carrera, no depender de mis padres, ni de nadie, así que dejaré de pensar en Damián y su mundo de mierda e iré a la universidad, me pondré al día y pasaré el semestre. Con esos pensamientos me subo al auto y me encamino a clases, sin embargo, al pasar por la cafetería que siempre visito de camino, decido detenerme y pedir una malteada. Estaciono el auto y entro al establecimiento, llego al mostrador y pido la malteada para llevar. Escucho la campanita anunciando un nuevo cliente y me sorprendo e incómodo de inmediato al ver que se trata de B

