“Es hora que corra sangre” fueron las palabras de Damián ante todos nosotros. Tengo que admitir que me asusté un poco, pero fue solo por la impresión, supongo, o al menos me lo quiero hacer creer. Luego de eso todos nos levantamos de nuestros lugares y cada quién fue dejando el despacho poco a poco hasta que solo quedamos Kimberly y yo. —¿Estás asustada? —pregunta acercándose a servirse un trago. —No lo sé, creo que sí. Es difícil saberlo con tantas cosas en la mente. No me queda tiempo de analizar lo que estoy o no sintiendo —contesto, mientras ella se sienta frente a mí. —Es justo como me siento. Sin posibilidades, sin tiempo, incluso a veces sin ganas, aunque parezca lo contrario. —En realidad sí parece lo contrario; te escuchas con tanta… —Ira —me interrumpe luego de beber un sor

