Capítulo 18: Preguntas

3382 Words
Baptiste Monique parece inusualmente calmada mientras entra en mi departamento. Al inicio no parecía muy convencida de venir conmigo, y entiendo su resistencia. Nos conocemos hace poco, yo soy un hombre absolutamente obvio en mi interés por ella, pero siempre he sido respetuoso. Me encanta todo de ella, como habla, sus miradas misteriosas, sus labios con ese labial oscuro, sus ojos castaños, su cabello, su figura, el color de su piel. Me gustan hasta las cosas que no me dice, ese muro que parece cernir sobre ella, como a veces sonríe, y como su mirada se pierde en el vacío mientras es obvio que está concentrada en otra cosa, en algo fuera de aquí. Tengo fe de que con el tiempo ella se abra a mí, no es mi interés forzarla, ni tampoco que ella se sienta incómoda ¡Nada podría ser peor para mí! Tampoco ella es un premio, alguien que tendré luego de mucha insistencia, y tener la satisfacción de conseguirla, todo lo contrario. Para mí ella no era una meta, sino un camino mismo, que a la vez quiero recorrer con ella de la mano. Monique era todo lo maravilloso que este mundo podía ofrecerme, lo entendí rápidamente en cuanto la vi, en cuanto me rehuyó en el balcón del evento, en cuanto bailó conmigo y tomé su mano. Ese nivel de claridad me asombraba, saber exactamente lo que quería de ella, que era fácil: era todo. Sabía que en cuanto ella confiara en mí iba a ser como un jardín secreto, interesante por fuera pero glorioso por dentro. No había apuro, ella necesitaba creerme, entenderme. Tampoco quería asustarla con mis confesiones amorosas tan rápidamente, era muy difícil para mí, era un hombre muy pasional que no podía ocultar lo que ella me hace sentir, como la veo, como mi corazón canta cuando cuando ella aparece. Pero por ahora era un pequeño triunfo, pensaba, mientras la veía caminar por mi departamento estilo loft en el último piso de un edificio bastante normal en la ciudad. “Esperaba… algo diferente” - decía mientras observaba los estantes con libros que ocupan parte de toda una pared. Las otras paredes están llenos de cuadros, fotos, una sala muy relajada, algunas plantas, un ventanal al fondo de pared a pared donde se ven los techos de otros edificios y la noche nos arropa, con una luna menguante que se asoma. Monique me da unos vistazos como esperando que apruebe su inspección en mi hogar mientras yo la veo en el medio de la sala, con mis manos en los bolsillos. Me cambié de ropa, salimos de mi estudio y luego de mucha plática, aquí estamos. La tengo en mi departamento, es lo único que puedo pensar, ella pareciera que pertenece aquí… el lugar se siente diferente con ella aquí. “¿Qué esperabas mon couer?” - pregunto. Ella me mira de reojo y ojea mis fotos, la mayoría son en blanco y n***o de Francia, algunas con otros artistas, estudiantes, paisajes. Buenos momentos. “Ummm algo mucho más elegante y elitesco… el departamento de un billonario como tú” - dice su voz llena de sospechas. “Solo soy un simple millonario. Pero un artista al fin y al cabo” - le digo y ella sonríe por mi corrección. Luego se encamina a a la otra parte donde está mi estudio más personal y yo la detengo. Me encanta que sea curiosa y que esté atenta a mis cosas, pero especialmente que haya salido de ese estado de melancolía que tenía desde hace días. Sin embargo, a lo que vinimos. “Antes… vamos a comer ¿no crees?” - le digo y ella se voltea y viene hacia mí. “Me parece bien ¿dónde vamos a pedir comida?” - dice y yo la miro casi ofendido. “¿Pedir comida? No no no… yo, tu anfitrión… te va a preparar la cena” - le digo y ella me mira entre sorprendida, anonadada e incrédula. “¿Tú vas a hacer la cena? ¿Vas a cocinar?” “Oui oui” - respondo. “Vas a… ¿Calentar algo ya hecho o sumar algunas cosas en una sartén?” - me pregunta y ya me cruzo de brazos. “Me estoy empezando a sentir realmente ofendido ma muse… jamás haría esas cosas ¿por quién me tomas?” - ella parece confundida, como si jamás imaginó esta situación. “Ummm por un hombre ocupado y…” “Millonario y artista” - completo - “Que sabe cocinar”. “Oookay… si tú lo dices” - suelta encogiéndose de hombros, pero no se ve muy convencida. “Bien, acompáñame a la cocina” - le digo e inmediatamente vamos para allá. Desde el primer momento ella se ve muy sorprendida por como es, es sencilla, pero tiene todo lo necesario. “Debo decir que estoy impresionada, es una cocina… muy hermosa y muy bien equipada” - dice ojeando de nuevo todo con mucha curiosidad” “Merci” - (Gracias) le digo mientras empiezo a sacar mis implementos - “¿Me quieres ayudar?” - le pregunto. Tenía la sensación de que ella sabe cocinar, mucho más que eso, debe ser una gran conocedora, por lo que demostró esa noche en la cocina del evento. Y, sin embargo, aquí está frente a mí y se ve algo temerosa. “Tengo… algún tiempo sin acercarme a una cocina” - dice nerviosa. “No hay problema… “- le digo sonriendo - “Pueden ser cosas simples, paso a paso” - le digo entendiendo su incomodidad y ella sonríe tímidamente. “¿Y bien qué vas a preparar?” - pregunta sentándose en una de las sillas altas de la cocina, apoyando sus codos en el mesón. “¿Ummm tienes hambre?” - ella sonríe y asiente, adoro una mujer que coma bien - “¿Qué tal… Coq au vin?” - pregunto. “¿Pollo al vino? Interesante elección” - dice atenta a mis movimientos. “¿Crees que no soy capaz?” - pregunto a modo de broma. Estaría más que dispuesto a hacer un reto con ella. Pero su respuesta me sorprende. “A estas alturas ya te creo capaz de muchas cosas francesito” - dice de forma coqueta y juro que hace que se me eriza la piel. Yo solo sonrío como un estúpido. Empiezo a preparar todo, saco los vegetales y verduras, zanahorias, cebolla, champiñones y tocino. Ella muy diligentemente se pone a picar todo y en pocos minutos está todo a la perfección. Si, sin duda ella no es una cocinera cualquiera como yo. Preparo el pollo y en poco tiempo ya está en la olla, y le estoy colocando vino tinto, brandy y la salsa se está espesando. Ella procede a picar unas papas y hacer un poco de puré. Es el mejor ambiente del mundo y adoro estar así con ella. “¿Quién te enseñó a cocinar?” - pregunta mientras vierto el vino. “Mi mamá…era madre soltera, pero siempre me decía que tenía que aprender todo, éramos solo ella y yo” - le digo y ella asiente. “En cambio, mi familia es muy grande, somos muchos hermanos, no teníamos mucho dinero así que yo le cocinaba casi a todos” - confiesa, no con tristeza sino con completa normalidad. Pareciera no tener una vida muy tranquila, ni un pasado tranquilo. Luego me comenta que tiene una familia muy complicada, con muchas tensiones, problemas, que los hermanos solía pedirle dinero, favores, entre otros. En pocas palabras me hace sentirme agradecido de mi pequeña familia. Quisiera conocer mucho más de ella peor me contengo. Juntos colocamos la mesa, ahí mismo en la cocina, yo enciendo un par de velas sencillas que tenía guardadas, platos sencillos, condimento el pollo picado en trocitos, y sirvo un poco de vegetales, aceite oliva y ella me acepta agua en vez de más vino. Ella se queda ahí sentada, mirando todo con una expresión que no sé descifrar. “¿Sucede algo? ¿No es… de tu agrado?”- pregunto con duda. Ella me da una sonrisa triste mientras se dispone a probar. “Es que… nunca nadie me había cocinado antes. Es decir… mi madre me cocinaba cuando era niña, hasta que nacieron mis hermanos y trabajaba y no tenía tiempo. Y tengo una amiga que hace una deliciosa tarta de fresas… pero hasta ahora no, nadie. Así como esto… mucho menos… con tanta dedicación” - me dice en voz baja, otra vez como si fuera lo más normal del mundo. Siento un pinchazo de dolor, ella para mí se merece que la llenen de amor. Porque creo que cocinar, hacer algo por otros, es una forma de expresar amor. Yo me quedo ahí sin saber qué decir, yo el tipo que siempre tiene una respuesta ingeniosa para todo, me quedo mudo. “Está realmente delicioso” - dice al probarlo. Toma pedazos pequeños, mezcla el de pollo con la salsa, todo degustando con delicadeza. “Antes que lo preguntes, no… no le cocino a todo el mundo ni traigo mujeres a mi departamento así como así. Solo a mi musa… y ya hemos aclarado que tú has sido, eres y espero que seas en el futuro… mi única musa” - le digo y ella se sonríe, dándome una sonrisa tierna, única… honesta. “Creo que sé tu secreto…” - me dice y me encanta cuando ella parece captar todo de la realidad de una forma sutil e instantánea. A veces imagino que es como un halcón sobrevolando los bosques y los cielos, viendo todo desde arriba con una claridad impresionante - “Mantequilla” - me dice - “Agregaste mantequilla al inicio” - yo me sonrío. “Mi mamá decía que la mantequilla era el secreto de todo” - confieso. Tenemos una cena agradable entre risas y me invade una indescriptible felicidad de que a ella le haya gustado mi comida, me siento… como si fuera un dios. Después de comer ella me ayuda a lavar los platos y pensaba que ella estaría cansada, pero nos quedamos hablando en la sala y sabrá dios que hora es. Quiero preguntarle que es lo que tanto trama, cuáles son sus planes, qué demonios tiene con Phil, para qué lo necesita, qué hace, qué hacía, pero no pregunto nada de eso… solo dejo que ella leve la conversación con sus preguntas y atesorando cualquier esporádica información que ella me dé de su vida y de sí misma. Me cuenta de Greta y sus otras amigas, de postres, de sus paltos preferidos y cosas de su pasado. Ella parece no poder quedarse quieta, me pregunta de mis fotos y la veo observando mis fotos de Francia con mucha atención. “¿Sabes? Hace un tiempo estuve a punto de irme a Francia a estudiar cocina” - me dice en un momento. Con que si es una profesional, una chef. “¿En serio? ¿Y qué sucedió?” - le digo parado cerca a ella. “La vida pasó… sucedieron cosas” - dice quieta como si hubiese soltado mucha información de repente. Luego intenta cambiar el tema - “¿Me vas a enseñar tu estudio escondido?” - yo me quedo atónito. “¿Por qué piensas que tengo un estudio escondido?” - ella me responde sonriéndome con plena conciencia de que me atrapó y tenía razón. “Imaginé que tenías un estudio, siempre andas pensando en pintar así que parece obvio… y… hay un poco de pintura en algunas cosas, por lo que debes tener las manos llenas de pintura por aquí y tocaste algunas cosas sin darte cuenta. Y además tu cara me lo acaba de confirmar” - dice y nos reímos. “Está bien… pero es secreto ¿Okay? Y toma en consideración que es un trabajo en proceso, no es algo final” - le alerto. Me doy cuenta de que me preocupa bastante su opinión de mis obras. La llevo a mi estudio que es uno de los cuartos más amplios y con mejor luz. Solo está el estudio y en otra puerta mi habitación. Es un loft pequeño, pero sin duda el estudio es el espacio más grande. Ella observa todo con una sonrisa y me mira encantada. Se parece bastante a mi estudio aparte el que ella ha visitado, pero esto está un poco más desordenado, más libre… aquí soy yo mismo. Ella ve mis bocetos de pinturas, de la ciudad, algunas fotos, imágenes de referencia. Como si fuera una detective revisa todo ¿Qué es esta mujer? ¿Una espía? Si es así… me ha agarrado por completo. Hasta que se detiene de pronto… ¿Qué ha encontrado? Sin duda pareciera que es lo que busca porque se detiene sorprendida. Cuando me acerco es… un dibujo que hice de ella. Tengo varios de ella, algunos los ha visto en mi estudio cuando posa para mí, pero este es especial. Es de ella apoyada en el balcón del evento donde la conocí, ese vestido enloquecedor, su cabello suelto, su piel, su expresión con una especie de miedo, arrebato y una extraña emoción, casi adrenalina por el momento. “Este fue el día en que nos conocimos…” - dice con voz queda. Yo asiento - “¿Por qué me pintaste? ¿Cómo me recordaste? ¿o me tomaste una foto?” - parece algo preocupada. “Llegué a casa e hice ese dibujo… no quería olvidarte… por si no volvías a aparecer” - ella no me mira sorprendida ni con miedo, sino casi extasiada. Yo me acerco a ella lentamente. “¿Qué quieres conmigo Baptiste…? Yo no soy una mujer con la que estar… tengo mil problemas y un…” “Plan… lo sé. No quiero estorbar, lo juro. Tampoco quiero hacerte daño, ni entrometerme ni que te sientas estancada” - le confieso y ya estoy tan cerca de ella que mi cabeza empieza a delirar. Dios mío nunca desee algo en la vida tanto como estar así cerca de ella de nuevo. “Entonces…¿Que es lo que quieres?” - yo coloco una mano en su suave mejilla. “Yo quiero que no me dejes de lado, quiero ser un protagonista principal en tu vida… que te abras a mí, que me dejes cocinarte la cena, desayunos… consentirte, ayudarte en lo que puedas, que me visites, que estés conmigo, prometo que no me meteré en tu camino lo que tú quieras Monique… por favor mon coeur…” - le digo mirándola a los ojos. Ella se queda viéndome, alternando sus ojos en cada una de mis pupilas, sin decir nada simplemente pasa las puntas de sus dedos por mi brazo, recorriéndolo desde mi codo hasta mi hombro y sus manos acunan mis mejillas. Yo estoy hipnotizado viéndola tan cerca, no siempre tengo la oportunidad de ver su rostro de forma tan descarada, sus ojos detallándome tanto como yo lo detallo. Mis pulgares acarician mis pómulos en un suave vaivén y no puedo más me inclino un poco y la beso. Ese beso es totalmente diferente a los que hemos compartido anteriormente. Este es un beso cariñoso, casi tierno, sutil como un recuerdo, como si fuera la cereza del mejor pastel. Este es el beso que siempre soñé que me daría ella desde que posé mis ojos ese día en ese evento aburrido en el que ni quería estar, lleno de dulzura, solo rozando sus labios en los míos. Su piel se siente tibia y sus manos suaves mientras sus labios acariciaban sutilmente los míos. Yo reacciono a ese mágico momento, perdiendo rápidamente en ese beso, inclinando mi cabeza un poco para tomar su labio inferior entre los míos. Sus labios son suaves y cálidos y estoy tan cerca de ella su aroma me llega, siento su respiración, como su pequeña nariz roza la mía y el más delicioso de los suspiros sale de sus labios. Yo coloco mis manos en en su cuello y en su cintura, atrayéndola hacia mí, no sé si para asegurarme o para evitar que él se aleje. ¿Qué tiene esta maravillosa mujer que me hace enloquecer? Monique es misterio, intriga, belleza y deliciosa… pero tiene este lado tan sencillo y tan suave que hace que me desarme, como la expresión de su cara cuando vio el dibujo. Ella me deshace con solo una mirada. Cuando sus labios abandonan los míos yo parpadeo suavemente viéndola, pero ella no ha abierto sus ojos. Simplemente, coloca sus manos en mi pecho y pareciera que se debate entre qué hacer, y yo rezo que no quiera alejarse de mí. Apoyo mi frente en la suya, de repente tranquilizándome. Ella recorre la punta de sus dedos en la tela de mi camiseta, como si quisiera sentir mi corazón. Son sus simples gestos como este los que me hacen perder la cordura. Sin duda ella sabe cómo mantenerme en su hechizo, todo el tiempo. Como hacer que yo pierda todo solo porque me acaricie así. “¿Por qué cada vez que intento alejarme de ti… no puedo?” - me susurra, no sé si la pregunta es para mí o para ella misma. Solo sé que pienso exactamente eso de ella. Me aleja, nos distanciamos, me evita, pero en cuanto estamos en un pequeño espacio, solos, nos volvemos terriblemente íntimos. Yo quiero estar todo lo más íntimo posible con mon coeur. “Repond-moi Monique… ma belle Monique” - (respóndeme Monique, mi bella Monique) casi le suplico mientras acaricio su espalda sobre su camiseta y la escucho suspirar. “Baptiste… ¿Por qué me haces esto? Yo… simplemente” - me mira desesperada como si sufriera porque no puede decidirse, como si algo la retiene, pero está a punto de rendirse. Dios mío quiero que se rinda ¡Yo me encargaría de cambiar el mundo, la historia si ella se rindiera a mí! Yo hace rato estoy a sus pies. Yo respiro profundamente y en segundos mis labios están en los suyos de forma arrebatadora. Con mis manos la aprieto hacia mí y me siento inundado de su olor, de su calor. Mi lengua acaricia sus labios, su mano va a mi cuello asegurando que no me mueva y siento la otra mano en mi espalda, atreviéndose a ir debajo de mi camiseta y sintiendo mi piel y yo siento que me derrito por el calor que produce mi pecho con el suyo Nuestros movimientos son casi desesperados, explorando sus labios, mi boca, sin dejar un espacio sin acariciar. Los labios de Monique son gloriosos son suaves, deliciosos y sensuales, y nuestro beso se va haciendo más intenso mientras entierra sus dedos en mi cabello. Yo soy transportado a un mundo de maravillas. Siento como la apoyo en la mesa y caen papeles y no me podría importar nada menos, así esto se incendiara… ni me daría cuenta, mi cuerpo ahora mismo está en llamas. “Baptiste…” - dice ella separándose casi reluctante, y yo vuelvo a besarla otra vez, y otra y otra. Creo que si ella no me detenía estaba a punto de quitarme mi camiseta y hacer todo lo posible para que ella no saliera de mi casa nunca más. “Baptiste” - me vuelve a decir ella suspirando y yo beso sus mejillas, sus parpados y la siento temblar en mis brazos. Cuando la suelto y la observo detenidamente casi rogándole con la mirada que no me aparte de su vida. “No digas que no… por favor mon coeur” - suspiro. “Yo… yo….” - dice sin saber qué decir, aun debatiéndose internamente - “Lo voy a pensar” - dice y cierra los ojos y yo acaricio su cara sus brazos, beso su cabello y la atraigo hacia mí, abrazándola y ella apoya su cabeza en mi pecho - “Juro que lo intentaré” - me dice y yo sonrío como si estuviera frente a la mejor obra de arte del mundo.
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