Monique
Di que sí, di que sí, di que sí. Recuerdo como latía el corazón de Baptiste junto a mi pecho mientras me susurraba hermosas palabras en francés, latiendo en un acelerado compás como si repitiera eso: di que sí, di que sí, di que si, de forma interminable.
Una parte de mí quería salir corriendo, cerrar esta puerta definitivamente. Era la parte de la Monique entregada a la venganza, a mis planes. Una parte fría y calculadora que solo quiere ver arruinada la vida de quienes me hirieron y quitaron todo. Esa parte me decía que Charlotte estaba feliz comprando zapatos, pintándose las uñas en el mejor salón y yendo a un spa en un lindo hotel. Que ella no había tenido que ensuciarse las manos, quemarse de vez en cuando la piel cuando sacaba una bandeja llena de pastelitos del horno, que no se había quedado sin dormir mientras sacaba las cuentas de sus ingresos para comprobar si el negocio podía seguir funcionando o no, si obtendría un préstamo o la iban a rechazar nuevamente. Menos preguntarse por qué el novio de toda su vida le había quitado todo.
Esa parte me gritaba que el abogado estaba feliz con su esposa y su amante, que Robson estaba contando sus paquetes de billetes en su gran casino, y que… Felipe estaba seguramente durmiendo feliz en una playa escuchando las olas del mar. Y yo solo pensaba en ese beso de Baptiste, como si mis circunstancias no hubiesen cambiado, como si yo hubiese perdonado u olvidado. Algo con lo que pueden contar es que nunca olvidaré.
Pero, la otra parte, me decía otras cosas. Me decía que en el mundo había otras cosas que ver, que experimentar y que mi venganza no iba a traer nada bueno. Pero más que nada, esa parte me decía que Baptiste era… un sueño. ¡Por la diosa que si lo era! Baptiste con sus fotos de Francia y sus historias de la campiña francesa, de paisajes y colores. Baptiste con su estúpido delicioso plato que me preparó especialmente para mí. Baptiste con sus manos manchadas de pinturas, sus ojos brillantes, los mechones de su cabello que le caen. Él con sus cuadros y un dibujo de mí. Me pintó para recordarme ¿Quién demonios hace eso? Pensó que no me vería más y si yo fuese afortunada (o desafortunada) hubiese sido así. Pero el destino tenía otras cosas más pensadas. ¿Será realmente el destino o yo tercamente forzando las cosas?
Parecía como si tuviera un diablo y un angelito que me hablaban, uno a cada uno de mis hombros, susurrando, convenciéndome, animándome. Yo ya no sabía cuál de esas partes era un ángel y cuál era un diablo, cuál era divina y cuál era un demonio. Ambas partes tenían razón y ambas estaban equivocadas. No tenía una brújula que me guiara. Porque desde hace un año mi norte era la venganza y ahora… Baptiste me cambiaba todo el panorama. Por más fuerzas que yo pusiera, él era una fuerza más grande que yo, que mis instintos, que mis anhelos y mis metas.
No hay forma de que me rinda, no porque él me estuviera rodeando con sus brazos, o porque me sienta atrapada. Tampoco porque conociera más de ese hombre y me llenara de una sensación cálida de intimidad, de conocer a un ser humano con tanta honestidad que me desequilibraba. Tampoco era por sus pinturas, por su ayuda, por como habla o lo que hace. Era porque ese beso, la forma en que me tomó, como pronuncia mi nombre y como me ve como si yo fuera magia… alivia algo en mi corazón… me hace sentir viva. Como si antes tuviera un dolor, una herida que escocía y él me curara, me hiciera sentir nueva y más vigorosa, casi que de por vida. ¡Una medicina maravillosa que ni sabía que existía! Cuando él me besaba y estaba en sus brazos… yo sentía que todo era posible, que el mundo era bueno y no hay villanos, que los cielos son claros, que las almas son preciosas y que todo vale la pena.
Ese beso me había cambiado, ahí en su estudio en su departamento. Había roto algo en mí, y en vez de quebrarme… me había abierto y habían dejado salir sentimientos que realmente no pensé que siquiera fuera posible, había alegría anhelo, deseo, dicha. Sensaciones que no había sentido hace tiempo, que no había realmente pensado en ellas. Él traía a mi todo eso con solo un beso. Y, lo que era peor, es que yo solo de recordar ese beso…todo ese torrente de emociones volvían a mí, como si él estuviera conmigo.
Por unos breves segundos… no podía pensar en nada más, ni en la venganza, ni en Charlotte, ni mis planes, ni siquiera en que había un calvo misterioso que parece estar pisándole los talones, ni en la deliciosa comida que acabamos de probar. Ni siquiera en el día, en las cosas por hacer, en el dibujo, en el estudio… solo pienso en que quiero que me siga besando. Él se inclinaba hacia mí y yo no me echaba hacia atrás, no retrocedía sino que me quedaba ahí esperando el ansiado toque de sus labios.
Mi cerebro se apagaba y estaba fuera de servicio y mi corazón y mis manos toman el control. No puedo soportarlo más. Mis labios en los suyos y es como si el mundo se hubiese detenido. Tengo mis manos en su cara, tomando mis labios en los suyos y presionando tratando de obtener su sabor, como si él fuera la más exquisita fuente y yo quiero tomar todo lo que me puede ofrecer, como una pobre mujer desesperada, que no se cansa de este hombre.
Lo siento suspirar en mis manos y soltar un suave gemido que rompía cualquier atadura que me quedara y que me motiva a seguir con el beso, explorando su boca, suave y lento, pero con intensidad, en tanto él presiona su boca en la mía, aún como si no pudiera creer el beso que estamos compartiendo. Cuando su mano fue bajo mi blusa, yo presioné mis ojos fuertemente, siento que voy a enloquecer o no sé si estoy soñando, pero… diosa mía no quiero que esto se acabe nunca.
Pero tiene que terminar, me lamentaba esto no debería estar sucediendo, me repetía. Pero mientras iba camino a mi casa, me arrepiento, debí dejar que ese beso no terminara. Prefería estar con él besándonos de nuevo, antes que regresar a mi hogar. Con un último movimiento tomaba su labio inferior entre los míos y me alejaba poco a poco, entre recriminándome por alejarme y reprimiendo por haberme dejado llevar. Él daba un suspiro delicioso y me observa atentamente mientras yo me relamía los labios. Qué delicioso hombre es… y que propuestas me hacía, me decía que le diera una oportunidad, que no me cerrara a él. No sé de donde vino ni de donde salió, pero me hacía no querer pensarlo dos veces. Me hacía querer dar todo por él.
Les mentiría si les digo que no pensé en él cada hora después de ese beso. Quería estar en su casa abrazándolo, besándolo, cocinando con él, o simplemente sentarme a su lado. Mis dos partes opuestas luchaban, pero yo soy producto de ellas y sentía que era una mezcla de la venganza… pero también de las ganas de sentirme viva. Algo por lo que luchar además de vengarme. Ese algo era Baptiste. Tenía la esperanza de poder obtener lo mejor de dos mundos. La venganza y a él ¿No? Quería creer que era viable. tenía que pensarlo aunque mi corazón me recordaba que era imposible olvidarme de él.
Así que seguí con mi vida, me faltaban unos días antes de volverlo a ver en su estudio… quizás de aquí a allá podría tener mi mente clara. Eso es… no diría que no, lo pensaría, me tomaría un par de días lejos de él para pensar bien todo. Bien bien, una especie de desintoxicación de ese beso, es lo mejor. Confiaba que era posible. Es más, tenía una cena con Phil, se la debía por lo que… ¿Qué mejor forma de intentar olvidarme de Baptiste que salir con otro hombre? Lo sé, no suena lógico, no hay nada más opuesto al francesito que el empresario. Y, sin embargo, no es solo es, sino que difícilmente yo sienta algo por Phil, a diferencia de Baptiste cuya atracción es casi inmediata. Esta noche sería para pensar en mi venganza sin duda. Me parecía un buen plan.
Me arreglé lo mejor que pude, me coloqué uno de los vestidos de Lolo, es elegante, oscuro e insisto, trato de no llamar la atención. Pero en lo que llegué al lugar que me señaló Phil lo veo perfectamente vestido, como que si va a la ópera, e inmediatamente me encuentro fuera de lugar. Él no parece pensar lo mismo porque en lo que me ve, coloca una sonrisa maliciosa que hace que me sienta nerviosa de pronto.
Cuando decía que estos hombres no eran más opuestos, realmente lo pensaba, pero no sabía la extensión de esa idea. No sé ni como había terminado subida en un helicóptero con Phil luego de que me diera el beso en la mano más largo del mundo. Phil se veía… diferente, me atrevería a decir que nervioso y no sabía por qué. Me generaba algo de ansiedad, pero decidí tratar de serenarme.
Bajé del helicóptero como pude con este vestido, que sin duda no se hicieron para bajar altos escalones, y me vi de repente en uno de los restaurantes más exclusivos de esta zona del país. Estábamos en una montaña a las afueras y teníamos como fondo una de las vistas más grandiosas de la ciudad. Ni siquiera pude ocultar mi asombro cuando vi el paisaje y dónde estábamos, y Phil aprovechó de tomarme de la mano y entrelazó nuestros dedos, en tanto yo me quedaba anonadada viendo todo.
El restaurante era básicamente una gran caja de cristal donde se podía ver absolutamente todo, el paisaje, el cielo, y hasta la cocina, lo cual me parecía increíblemente encantador. Jamás estuve en una cocina así, tan profesional y de tanto prestigio. A lo mucho trabajé en uno que otro restaurante presentable… pero aquí… aquí estaban el top del top de varios de los mejores chefs del mundo.
Las sartenes se movían con vigorosidad, se flameaban postres, se escuchaban algunos gritos, se afilaban cuchillos y veía como los demás cocineros se agachaban a medir la altura de un plato, a agregar especias fantásticas y a colocar pequeños detalles como flores y salsas. Era… mágico. Si alguien me hubiese preguntado como sería el país de las maravillas para mí… sería así. Mentira, jamás imaginé algo así. Esto supera hasta las películas de ficción.
Cuando entramos nos recibe una señorita que sin duda debe haber sido modelo de pasarelas en los últimos cinco años, pelirroja y despampanante y que cuando ve a Phil lo saluda con una sonrisa encantadora. Phil sigue tomándome de la mano y básicamente solo con aparecer él se abren las puertas, se preparan sillas, una mesa pequeña y encantadora en la mejor zona del exclusivísimo restaurante.
Pareciera que estuviéramos a cielo abierto, hay unos violinistas tocando en una esquina, el aroma…. por la diosa el aroma es delicioso y Phil luce divino, mirándome con atención mientras sigue sin dejar mi mano, aun cuando ya estamos sentados en la mesa.
“Mi invitación logró lo que esperaba… impresionarte, aunque… no era mi intención que te quedaras tan callada” - dice sonriéndome. Parece genuinamente encantado con mi reacción.
“Debo decir que es realmente espectacular, ni siquiera sabía que esto existía, y me gusta conocer mucho la movida gastronómica de la ciudad”
“Ahhh… eso es porque es nuevo, es un proyecto que estoy involucrándome. Lo llamo “Comer e impresionar” un lugar para que la gente con dinero tenga una experiencia, digamos diferente” - dice divertido.
“Pues lo logra sin duda” - le confirmo.
“Estás hermosa Moni…” - dice mirándome con deleite, siento como sus ojos se pasean por mi cara, mi cuello, mi escote, mis hombros - “Hermosa y brillante. Aun los periódicos hablan de la caída del periodista y yo me ilusiono pensar qué dirán de Mark Parr cuando caiga. Juro que todos los días me levanto con la expectativa de qué titular me encontraré en el periódico” - dice y me hace sonreír.
“Pronto… he estado trabajando en un plan… muy interesante. Creo que te va a agradar cuando salga en las noticias” - confieso y él se ríe.
“Moni… la chica hermosa y vengadora”
Cuando traen nuestros platos son varios como una degustación, todos pequeños y perfectamente creados como una obra de arte… obras como las de Baptiste ¡Enfócate Moni! Quede en que no iba a pensar en él hoy, distraerme para tomar una decisión. Vamos vamos, yo puedo. Cuando lo pruebo es delicioso, pequeñas entradas con ingredientes fantásticos, combinaciones mágicas y sabores fuertes. Uno tras otro es un desfile de delicias y maravillas. Algunos de los chefs se acercan a saludarnos y estoy tentada a pedirles autógrafos, abrazos y algunos tips, pero estoy tan emocionada que solo me quedo viéndolos con admiración.
“Es todo maravilloso Phil… Gracias” - le digo honestamente él solo me sonríe y toma mi mano de nuevo para darme un beso en mis nudillos. Acto seguido baja los ojos con molestia como si hablara de un tema desagradable.
“¿Cómo vas con el francés?” - pregunta. Se ve molesto, pero lo intenta encubrir, no muy bien del todo.
“Baptiste, mi novio… muy bien” - le digo. Y no puedo evitar sonreír ¡Sonreír como una estúpida!
“Parece que bastante bien… tomando en cuenta tu expresión” - dice de forma casi amarga - “Escuché que está pintando y tú lo ayudas” - yo asiento.
“Yo soy simplemente su modelo ocasional” - afirmo y sus cejas se levantan.
“Interesante” - dice y se queda un rato en silencio, luego suelta - “¿Por qué él no sabe nada de tu plan de venganza? - yo doy una pequeña sonrisa.
“Ummm… creo que porque no es bueno mezclar negocios con placer” - afirmo y él parece asombrado. Creo que realmente él creía que las cosas con Baptiste eran tonterías. Pero lo acabo de describir como placer… y placer es de verdad, pues ese beso….¡Demonios no pienses en ese beso de nuevo!
“¡Si lo sabré yo! Que quieres los negocios conmigo y no el placer. Me gustaría más que fuera al revés” - me dice y honestamente no sé por qué. Vamos que Phil podría tener todas las mujeres que quiere, estoy segura de que ha tenido varias de las mujeres que quiere - “Pero no bajo los brazos… todo lo contrario” - dice y me saca un papel doblado de su chaqueta - Aquí un poco más de nuestros… negocios” - dice con una mirada intrigante.
Desdoblo el papel y encuentro la dirección de una de esas empresas que guardan cosas, simplemente alquilas un espacio en sus depósitos y dejas lo que quieras. Tienes una llave, un número y listo. Lo más sorprendente aún es que hay uno que está a nombre de Charlotte Murray. Yo levanto la mirada a ver a Phil que tiene una expresión autosuficiente.
“¿Qué crees que esconda?” - pregunto.
“Ummm puede ser ¿Cualquier cosa? Dinero, joyas, obras de arte, autos, ropa… lo que quieras”
“Supongo que no puedo preguntar como lo conseguiste” - digo. Él se ríe.
“Es fácil… una de mis compañías lleva la seguridad de esos establecimientos…. que por cierto no es muy estricta. Y los ricos suelen tener cosas así, simplemente pedí a uno de los chicos que revisara algunos nombres. No salió Robson, ni Warleggan… pero si ella” - dice y pienso que esta es una de las mejores noticias que he tenido. Hasta el momento Charlotte era un enigma, pero con esto… con esto tengo al menos algo de donde comenzar. Al esto no ser un bien o una propiedad como tal era muy difícil de encontrarse, al menos que se hiciera esa búsqueda exacta. Es una genialidad. Suspiro ahora pensando que me va a pedir a cambio.
“¿Qué tendré que dar a cambio?” - pregunto y me da una sonrisa muy muy maliciosa.
“No me preguntes esas cosas Moni que me haces soñar” - dice y luego se ríe sacudiendo la cabeza como si realmente tuviera muchas ideas. Las cuales no quiero saber.
“El cuadro que te pedí… que le pidieras a tu noviecito… quiero que sea de ti, que tú seas el tema del cuadro” - dice. Demonios me había olvidado de la obra, cuando estoy con Baptiste se me olvidan las cosas importantes. Un problema que tengo que resolver.
“Trato hecho”
Cuando estamos justo terminando de hablar aparece el postre y es maravilloso, una creme brulee que prácticamente hecha fuego en mi plato. Me siento como una niña en un parque de diversiones y el sabor es electrizante. Y, sin embargo… siento un pinchazo de añoranza. No entiendo qué me sucede. ¿Qué demonios Monique?
Aquí estoy probando delicias, en un lugar fantástico, comiendo platos que nunca soñé con probar, degustando un delicioso y soñado postre y yo solo… por la diosa…. yo solo pienso en como sabían los labios de Baptiste. Tenían un dejo a vino tinto, algo dulce y tan suave que parecía algo fuera de la tierra misma.
Solo podía pensar en que mi mejor comida seguía siendo esa en su casa, esa que él preparó y yo ayude a cortar los ingredientes. Esa preparada con un poco de mantequilla, un poco de sal, y pocas especias. Su cara orgullosa cuando lo probé. Una mujer en Francia le enseñó un plato a su hijo y él lo hizo a su manera, algo sencillo y casero y para mí… fue mejor que todos estos chefs. No sé que me gustaba más, la comida, el que él la haya preparado tan espontáneamente, que haya querido animarme o… que él fuera el primero que cocinó para mí en años. Y ese beso… fue el mejor postre del mundo.
Caigo en cuanta que ¡Maldición! No hay forma de sacarlo de mi sistema. Paso el resto de la noche hablando de otras cosas con Phil y es divertido, pero mi corazón está en otra aparte. Cuando nos despedimos me da un beso muy muy cerca de mis labios y siento como él quiere más y más. Me alegro de haberle dicho que Baptiste era mi novio, que estaba con él y de que el francés hubiese aceptado ser mi novio de mentiras. Me alegro por tantas buenas razones.
Cuando lego a casa tengo un mensaje de él, como si mi mente me llamara. No me insiste por una respuesta, no me hostiga, no insiste como un desesperado. No no no, él me cocina a fuego lento, como se preparan los mejores platos. Atractivo, talentoso e inteligente, la mezcla perfecta.
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Por más que quiero hacerme la que no me importa, este hombre se ha metido en mi piel y mi decisión fácil. Siempre ha sido fácil. No sé quién ganó si el diablito o el angelito. Solo sé que respondo.
Si, claro que si