Capítulo 17: Reconfiguraciones

2984 Words
Monique Sentía que hiperventilaba mientras iba caminando con desesperación de vuelta al estacionamiento. Mis manos sudaban mientras sujetaba mi cartera e iba trastrabillando hacia la salida. No me importaba si las personas se me quedaban viendo, yo solo tenía que salir de aquí. Aún no sé como convencí a Phil de que estaba bien y que tenía que terminar mi turno, el cual obviamente no terminé. Seguramente él se quedaría observando a Warleggan de lejos, sin duda es su enemigo público número uno. Y yo tenía uno, dos, tres y cuatro. Pero sin duda Charlotte Murray estaba en los primeros tres. Por más que intentaba enfocarme no podían todos los autos me parecían iguales, no podía ni encontrar el mío, ¿estos son azul, n***o o gris oscuro? La noche no me ayudaba y el estacionamiento estaba solo, al aire libre, todas las personas concentradas en entrar y disfrutar de una tarde noche de perder dinero a manos de un millonario que les hace creer que pasan un gran momento. En cambio, yo solo quería un lugar tranquilo en el que poder quedarme tranquila a respirar, me sentía sofocada, perdida, sin rumbo. La peor sensación posible. Quizás debí haberme ido al baño, pero mi deseo de salir de ahí, era inexplicable. Solo recordaba los momentos más oscuros de mi vida. Por segundos creo que ni puedo ver bien, menos respirar y cuando no puedo más y siento que las piernas me van a fallar me recuesto del auto más próximo, apoyando mi espalda y sujetándome con mis manos. Es extraño tenerle miedo no a algo en específico, como las alturas, las serpientes, las arañas, el encierro… sino a un momento en sí, un momento pasado, uno ya vivido. No tenía sentido, era difícil de explicar. Pero el momento en sí no es culpable realmente, ni la hora en que sucedió, ni las nubes o el sol que había, ni la temperatura, ni con quienes estaban. Ni siquiera era culpable la música que sonaba o la ropa que tenía puesta, mucho menos la posición de los astros, mercurio retrógrado o aries en la diosa sabe qué demonios de lugar en el firmamento. Y, sin embargo… yo recuerdo exactamente todo de ese momento, y todo lo que me recordaba a esos tristes minutos en mi vida. Ese fue el día en que me di cuenta de que fui engañada, robada, estafada… burlada. Lo recuerdo como si fue hoy mismo, queda grabado en mi mente como un sello a fuego. No es que pasara de un día para el otro, todo lo contrario, fue poco a poco, pero yo fui lo suficientemente ciega para no ver. O mejor, dicho decidí ser ciega, decidí no ver. Y la vida tiene formas extrañas de demostrarte el resultado de las decisiones que tomas. Lo peor era el constante miedo, no saber qué pasará al día siguiente. Levantarme en la mañana y llorar. Pensar ¿qué sucederá hoy? Y no tener las fuerzas para continuar. Le tenía terror a un momento que ya pasé, pero que, sin embargo, no había superado, como era evidente ahora mismo. En un momento de claridad, con ayuda de la luz de la luna encuentro mi auto. Con las manos temblorosas introduzco la llave y despues de tres intentos fallidos, por fin entro a mi lugar conocido, un sencillo espacio de confort. Me siento en el asiento del conductor y me quedo ahí simplemente, por segundos, solo cierro los ojos e intento respirar entre lágrimas. Me concentro en alguna cosa, un buen recuerdo, como el sabor de la tarta de fresa de Lolo, la risa de Rita cuando toma mucha champaña… las bromas de Greta, los chistes malos de Dafne, los abrazos tímidos de Caro… la voz de Baptiste y su acento… como algunas palabras no las pronuncia bien y aun así, se escucha maravilloso, como si susurrara un secreto o palabras de amor, constantemente. Cuento lentamente uno, dos, tres… intentando calmar mi respiración. Pensando que el peligro, real o imaginario, ya pasó. Que esos tiempos ya pasaron, que soy otra Monique. Aunque hay muchas cosas aún por trabajar, continúo esforzándome. Ahora soy una mujer que tiene un objetivo y no se va a dejar amedrentar. Una que le va bien en su plan, una que intenta aceptarse como es, no es fácil, pero lo intenta. Y pensar que hace pocas horas le confirmé a Phil que podía con esto. Él no me lo decía a mal, sino que era un hombre inteligente, un hombre con una claridad impresionante. Sabía que mi tarea y mi objetivo no era para débiles, requería un esfuerzo sobrehumano y yo era solo una chica, sin muchos contactos más que él mismo, sin mucho apoyo, y seguramente sin mucho dinero. Lo único que tenía era mi convicción, mis ganas de vengarme, mi tiempo entregado a ello. Pero los malos eran más en número y más fuerte. Tenía que apoyarme en mi convicción, en todas esas características más de mi espíritu y en mi personalidad que en mi fuerza física y en mis recursos. Y aquí estaba con un pequeño ataque de pánico solo con verla. Creo que jamás la había visto de cerca, siempre en fotos, nunca de forma personal. Charlotte sin duda es una mujer hermosa con aires de entender que es especial, sin miedo a codearse con los poderosos, pisando fuerte, segura de sí misma. Al menos eso fue lo que pude ver antes de que mi mente se nublara. Suspiro y veo el tatuaje en mi mano. Hace ya más de un año que hice ese pequeño acuerdo. Si tuve la oportunidad de pedir un deseo, no pedí que las cosas no pasaran, ni que volviera al pasado para detener a Felipe antes de que me engañara y robara. Tampoco pedí justicia, menos que todo se me restituyera en un abrir y cerrar de ojos. Solo pedí no tener miedo. Ni siquiera sé como lo pedí, lo sentí, supliqué a ese poder mayor ayuda. Quería dejar de sentir esto: la sensación de estar desahuciada, perdida, con miedo constante, sentirme una víctima. No quería ser una víctima. Estaba cansada de ser una víctima. Así que cuando pensé eso… se traducía en venganza. No hay mejor forma de vencer los miedos que convertirte en ellos. ¿Realmente estaré preparada para esta tarea? ¿Tendré lo que se necesita para triunfar? ¿Y si me pierdo en el camino? Todo esto me preguntaba en voz alta viendo a la mariposa, sin poder entender si obtenía alguna ayuda. Pero yo sabía la respuesta, no necesitaba que alguien me la dijera o escuchar una voz mágica. Yo era mi misma ayuda. No hay persona más peligrosa en el mundo que la que no tiene nada que perder, y no hablo de dinero, sino de esperanzas. Yo sabía que quizás nunca tendría una vida feliz, un final feliz donde todos comieran perdices como la de mis amigas. Pero no me importaba, solo quería verlos caer. Así que luego de ese breve momento de quiebre, me quité las lágrimas y encendí el auto. No iba a esperar un solo segundo más, no iba a dejar que el miedo me ganara. Esa noche y hasta la madrugada estuve persiguiendo a Charlotte. Fui a la dirección donde ella vivía, la única de la que tenía conocimiento y justamente al frente había un hotel y pedí una habitación exacta que me permitiera ver a su ventana. Me dispuse a esperar, hora tras hora con paciencia. Finalmente, llegó a su departamento, sola. Se bañó, se acostó y yo aún seguía ahí. Cuando el sueño me venció tuve una noche intranquila sin sueños ni pesadillas y cuando me levanté Charlotte seguía dormida. Le escribí a Caro para que estuviera atenta y por dos días más la vigilé, fui a donde ella fue, sin que me notara. En todo su día no hubo señales de nada raro, ni hizo compras extravagantes ni se reunió con nadie más, siquiera fue al casino. Parecía llevar una vida perfectamente normal. Quizás estuviera planeando otra cosa. Quizás simplemente estuviera descansando y disfrutando de su dinero mal habido. Al tercer día, volví a casa agotada como si volviera de las peores vacaciones del mundo. En mi auto tengo todo lo que necesito siempre pensando en estos casos, ropa, algo de comida, dinero, binoculares, computadora, todo. Pero nada como ir a casa para no perder la conexión con la realidad. “Ya te esperaba aquí” - digo al ver a Caro sentada en mi sofá esta vez comiéndose un burrito que increíblemente parece haber armado ella misma. Ella ve mi mirada y explica. “Soy una chica que huye desde adolescente… si no supiera cocinar me hubiese muerto de hambre hace años. Solo porque decida no cocinar no quiere decir que no sepa hacerlo” - dice engullendo su burrito con pasión. “Eso explica muchas cosas de hecho” - digo dejando mi maletín con cosas en la sala y echándome en el sofá con ella. Caro me ofrece un poco de su burrito y le doy un mordisco. Mi pequeña amiga tiene razón, sí que sabe cocinar. “Está muy bueno” - digo aun saboreando la mezcla de sabores. “Es un gran elogio viniendo de ti” - dice casi con una sonrisa. Luego de un pequeño silencio me pregunta -”¿Cómo te fue?” “Nada en especial, Charlotte no hizo nada fuera de lo normal. Actuó como una chica consentida y mimada yendo a salones de belleza, spa, tiendas, ese tipo de cosas” “Si, la monitoree aquí y allá en cuanto recibí tu mensaje y parece actuar como una ciudadana vulgar y corriente” - yo asiento. Este es solo un pequeño desvío en el plan, como si apareciera una mosca en tu casa. Está ahí, quizás no sabes bien donde, pero aparece de vez en cuando. Crees que salió, pero zumba cerca de ti una que otra vez y tú solo la observas esperando que salga o se muera por ahí. Hasta que te cansas y es tu turno de sacarla por las buenas o las malas. Yo tenía unos planes, tenía que seguir con ellos, esto era solo un pequeño cambio, una reconfiguración. Mientras tanto solo la observaría, esperaría hasta que tuviera que actuar. Esperaba no hacerlo todavía. Charlotte estaba en el tope de la lista… no era su momento. No aún. Tenía que ganar confianza, tenía que comenzar por los peces pequeños, me había dicho a mi misma. Esa era la forma correcta de proceder. Tenían que estar solos, sin aliados para cuando llegar a ellos estuvieran sin ayuda. Eso era vital. Tampoco podía hacer que sospecharan de mí. Sé que jamás se imaginarían de mis planes, Robson prácticamente ni sabe de mi existencia. Pero el factor sorpresa era mi arma principal. “Él no está aquí ¿lo sabes verdad?” - me dice Caro de repente, trayendo mi mente de nuevo a mi sala, con ella, con nuestros planes - “No hay forma de que él se mueva sin que yo lo sepa. Debe seguir en la estúpida isla” “Caro… recuerda que prometiste no involucrarte demasiado… si te encuentran de nuevo, si ven que estás hackeando e investigando en la red…” - digo con preocupación. “No sucederá. No lo estoy haciendo… mejor dicho si, pero de forma cuidadosa” - dice masticando su comida. Yo le doy una mirada de reprimenda - “No me pidas que deje de vigilar a ese gusano, te lo suplico” - me dice casi como súplica. Me enternece que lo odie tanto como yo. “Si Rita se entera de esto…” - digo. “No se enterará si tú no dices nada” - yo refunfuño un poco, pero, no me queda otra que tenerle un ojo puesto a esta chica. “Y si… tienes razón, él no está aquí… por ahora” “Nunca te lo he preguntado pero… ¿Que harás si lo ves?” - pregunta Caro con cuidado, casi como si estuviera pisando algo que no debe, pero que igual no puede evitar pisar. Yo suspiro. “Aún no sé. Creo que primero le pediría explicaciones… lo cual es una gran tontería… Felipe siempre ha sido excelente hablando y convenciendo…” “Pero tú no te dejarás convencer. De eso estoy segura” - me dice dándome un empujón con su hombro. En los siguientes días, seguí con mi vida, planeando, buscando hacer caer al abogado, preparando mi plan de forma cuidadosa. También me reuní con Phil y ya colocó fecha para la cena que le debo, para la cual tengo cero ganas de ir, pero un trato es un trato… y necesito más de él. Otros días me vi con Baptiste y… debo reconocer que fueron los mejores momentos de la semana. El francés ahora estaba intentando hacer que yo posara de verdad para sus pinturas. Yo accedí principalmente porque así estaría en silencio con mis pensamientos y me permitía verlo concentrado tras sus papeles, lienzos o lo que sea que esté utilizando. Baptiste era un hombre muy atractivo, a estas alturas ya creo que no había ningún punto en ocultarlo y menos negarlo. Su rostro era hermoso y de apariencia amable, su cabello brillante y es del tipo de hombre que no tiene que hacer absolutamente nada para verse bien. Las mujeres usábamos maquillaje, secadores y planchas de cabello, bases, sombras y una cantidad de cosas elaboradas, sin contar con fajas y ropas para vernos lo mejor posible. En cambio, este condenado hombre solo tenía que existir para verse bien. Incluso ahora está con unos jeans claros llenos de pintura, descalzo y una camisa de jean que debe ser una especie de uniforme cuando va a pintar y se ve tremendamente bien. Más que bien. No puedo dejar de ver esos ojos dulces, esos labios carnosos que esconden infinitos besos maravillosos, y simplemente… un hombre absurdamente hermoso. Al menos para mí. Su expresión es tan concentrada que a veces creo que ve algo más allá de mi misma. Tendría que cansarse de verme… aunque yo no sé si me cansaría de verlo. Se muerde el labio cuando se enfoca en algo particular. Un mechón de su cabello suele caerle en frente de sus ojos y él se lo aparta continuamente sin mucho éxito. A veces se estruja los ojos con los nudillos cuando parece estar cansado. Sus manos están manchadas de pintura y creo que nunca vi algo tan sexy. Me encanta alguien que no tiene miedo de ensuciarse las manos, me recuerda a cuando yo cocinaba. “¿En qué piensas mon coeur?” - me pregunta. Ya sabe mi nombre y aún sigue usando ese apodo. No puedo decir que me molesta - “Tienes ya varios días más pensativa que de costumbre. Estaba ilusionado… realmente pensé que íbamos a tener charlas magníficas y que ibas a enlentecer mi trabajo… pero todo lo contrario, estás silenciosa como una estatua. Nunca he sido tan productivo en mi vida. Zoe está que delira de felicidad. Dentro de poco puede pedirte a que te quedes viviendo aquí de por vida” - dice con una sonrisa en tono de broma. Pero eso no quiere decir que no diga su punto de vista. “Estaba pensando que… debes haber traído a muchas mujeres aquí” - miento. Él se sorprende por el cambio de tema. Me mira entrecerrando sus ojos como si intentara saber si miento o no. O si estoy bromeando, o si mi pregunta es intencional. Quizás piense que me interesa su vida privada. “La verdad es que tengo una gran fama de enamorarse fácilmente… todos los artistas la tienen. Pero es falso, me gusta conocer gente interesante por igual, evidentemente me gustan las mujeres, pero no me he involucrado con muchas si es lo que preguntas. Mucho menos han sido mis musas” “¿Y por qué los artistas tienen esa fama?” “Pues porque trabajamos con la forma más pura, la esencia más original y difícil de moldear y eso nos permite acercarnos más a los demás” - dice encogiéndose de hombros con su pincel ahora en la mano. “¿Ah si? ¿Y qué es eso se puede saber?” - él reflexiona por un momento. “Nuestros propios sentimientos… los deseos de nuestro corazón. También lo que más teme, lo que más odia… todo lo que está dentro: amor, miedo, deseo, melancolía…” - dice mirándome y sus ojos parecen el dulce más extraordinario que ni siquiera soñé con preparar. “Eso lo puedo entender” - digo pensativa de nuevo. No lo imaginé tan profundo, pero si es verdad - “Supongo que un artista es quien pone todo eso sin miramientos en lo que hace” - él se sonríe. “Exactement comme ça”. Y eso hace nuestro corazón más vulnerable - (Exactamente así) me dice y luego de una breve pausa mirándome me dice de repente - “Ven conmigo” - yo me quedo perdida por un momento. “¿Ir? ¿Ahora? ¿A dónde?” “A mejorar tu ánimo” - dice y no puedo ni negar que en realidad estoy con pocos ánimos. Pero la forma en que él me lo dice hace que me sienta… más ligera. Como una pluma en el aire dejándose llevar por la corriente del viento. “¿Cómo se puede mejorar?” - pregunto curiosa. “Pues lo mejor que se puede hacer cuando celebramos… somos felices, estamos tristes…” - yo me quedo esperando su respuesta y él sonríe levantándose y limpiando sus manos con un paño y básicamente dando por terminada nuestra sesión. hasta que dice simplemente. “A manger” - (A comer)
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD