Tercer velo.
Olvido.
Baldrick.
Un enorme palacio en ruinas me daba la bienvenida a otro de mis tormentos. El aire olía a perdición y los cadáveres putrefactos se deshacían en mis pies.
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Aun llevaba su rostro muy clavado en mi mente y trataba de recordar quien era ella para mí pero nunca llego la respuesta. Más imágenes de personas llegaron a mi cabeza, hombres y mujeres y hasta niños rubios.
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Las puertas se abrieron cuando cruce el umbral, tres monjes sin rostro me recibieron en el interior. Caminamos en silencio hasta que llegamos a una plancha de piedra donde me desnudaron y ataron mis manos y pies en cada esquina.
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Formaron un triángulo perfecto, dos a la altura de mis hombros y uno en medio de mis piernas. Levantaron ambas manos y observe sus horrorosas uñas largas y negras llenas de mugre y suciedad. Descargaron energía oscura en mi cuerpo, el humo n***o se deslizo por todos mis músculos, sangre y huesos formando una segunda piel.
Abrieron mi boca y rompieron mi mandíbula, escuche el ruido de mis dientes al ser aplastados por sus asquerosas uñas. A estas alturas ya no sentía nada y me mantenía atento a lo que querían hacerme.
Uno de ellos metió su mano dentro de mi garganta y me quito el aire evitando que mis pulmones se llenaran de oxígeno. Intente moverme pero no pude y poco a poco mis ojos se fueron cerrando.
En mi mente pasaron los recuerdos de una mujer pelirroja que se entregaba a mí. La fornicaba de una manera única y ver su cuerpo desnudo me producía un deseo insaciable. Su bello rostro cargado de placer me indicaba que lo estaba disfrutando demasiado. Sus fluidos eran magníficos y sus tetas las mejores que he visto en la puta vida.
Luz… oscuridad.
Ese recuerdo lo sacó de mi interior en forma de una esfera verde, la depositaron dentro de una enorme chimenea y fue consumido por un vapor n***o.
Nuevamente otro de los monjes metió su mano en mi garganta y me desconecte por varios segundos antes de comenzar a ver lo que mi mente quería que olvidara.
Un hombre de cabello largo rubio, me abrazaba con cariño mientras me entregaba a dos pequeños bebes recién nacidos. Personas estaban atentas a lo que estaba diciendo y por una extraña razón corte mi mano derecha y dibuje una serpiente en las pequeñas frentes de los dos niños que tenía a un costado. Jurándoles lealtad y protección.
Luz… oscuridad.
Me quietaron otro recuerdo que no sabía que estaba en mi mente y me cuesta mucho asimilar que no se de quienes se tratan, me da coraje no recordar sus rostros.
La misma mujer pelirroja con la que fornicaba esta frente a mí con un hermoso vestido de novia, se ve hermosa y por su mejilla derecha se desliza una lágrima mientras me escucha hablar y prometerle una sarta de mamadas que ni yo me la creo. La ceremonia religiosa fue todo un éxito cuando sentí sus labios junto a los míos.
Luz… oscuridad.
Uno más que se agrega a la lista de las cosas que debo olvidar.
La puerta al cielo en china es uno de mis lugares favoritos y aun no entiendo que mierda estoy haciendo con esa pelirroja. Le estoy jurando infinidad de cosas que sé que no podre cumplir ni en un millón de años. ¿Quién eres en realidad?
Luz… oscuridad.
Dominación… poder, eso es lo que soy cuando estoy sometiendo a la mujer de ojos azules en una recamara totalmente negra con artículos de sumisión a mis costados. Adoro su cuerpo y la sensación que esta tiene en mí.
Luz… oscuridad.
Estoy comenzando a olvidar todo y mi mente se está poniendo en blanco.
Me encuentro destrozando todo a mi paso, siento una enorme ira y un odio que corrompe mi alma. Dos hombres intentan detenerme pero siento el sabor salado en la boca, el llanto quema mi piel y me duele tanto saber qué he perdido a un ser querido por culpa de un cabron de cabello azul.
Luz… oscuridad.
Una boda, un hombre de cabello n***o y ojos verdes está a punto de casarse. Me siento feliz al verlo con esa enorme sonrisa pero me hace falta alguien en especial.
Luz… oscuridad.
La pelirroja esta entre mis manos y me encuentro llorando en su pecho. Un anillo descansa en su dedo y observo como mi padre nos mira con dolor. No sé porque la amo tanto si ni siquiera conozco su nombre pero parece ser parte de mi pasado porque me pesa en lo más profundo de mi ser separarme de ella.
Luz… oscuridad.
No sé cuánto tiempo pase en esa cama de piedra ya que fueron bastantes días y noches en los que uno a uno de mis recuerdos fueron borrados dejándome huecos enormes en mi memoria. No me dolía pero me sentía aturdido y desconcentrado al no saber nada de mi pasado.
No podía pensar ni recordaba ni siquiera mi propio nombre, estaba en el abismo de la locura y mi aspecto físico no era el mejor. Perdí kilos y mi piel estaba quemada y putrefacta incluyendo que los huesos comenzaban a verse por la delgada carne que aun los cubría.
-Tu nombre es Abalam.- dijo un monje.- El hijo menor de Sidonay. El primero con el nombre y el único en poseer el poder de los siete reyes del infierno.
-La oscuridad te creo y la luz es parte de tu vida.- siguió otro.
-Recuerdos de tu nacimiento y predicciones de tu futuro serán las que ocuparan tu mente desde este momento.
Me dejaron en completa soledad y cerré los ojos en busca de lo que me habían dicho ase apenas uno segundos y todo se mostró como si lo hubiera vivido…
Mi madre se encontraba sentada frente a una enorme chimenea, acariciaba su abultado vientre mientras que mi padre preparaba una jeringa llena con su sangre. Un cáliz de oro estaba lleno de una sustancia negra demasiado espesa, la misma que bebió la mujer de cabello rubio.
La aguja de la jeringa se enterró en el vientre de mi madre, la sangre se depositó en su interior. El ser que se encontraba protegido por la capa de piel comenzó a moverse dando signos de vida.
Mi nacimiento fue algo hermoso… la tierra se estremeció al traerme a la vida, el cielo lloro lágrimas de dolor con mi primer llanto y mi madre murió al instante que me pario.
La serpiente cubrió mi pequeño cuerpo y me entrego lo que muy pocos bebes pueden recibir al nacer… la inmortalidad.
Crecí ocultando mi poder pero nada pudo detenerme. Logre lo que quise y cuando lo quise, todo fue y seguirá siendo mío.
Los recuerdos fueron llegando uno a uno, mostrándome mi pasado, dándome pequeños golpes para averiguar mi verdadera identidad.
El futuro llego como predicciones… algunas extrañas que no podía descifrar pero la gran mayoría estaban demasiado sólidas para disfrutarlas.
Tres pequeños varones de cabellos rubios y ojos muy similares a una serpiente luchaban a mi lado entre risas y cantos de mi lengua natal, el Ikha.
Vi el mundo arder a mis pies junto con mis tres hijos cabalgando en enormes caballos negros. Muerte y destrucción es lo que llevaría a la tierra y al segundo plano de energías.
Una hechicera me acompaña en todo el trayecto, ella ayudaría a mis hijos a nacer. Observe la caída de mi padre y mi coronación.
Abrí los ojos cuando observe lo que tanto estaba buscando… la única arma que me daría el poder absoluto y me estaba acercando cada vez más a ella.
Me mantuve en completo silencio hasta que todas las predicciones llegaron a mi mente, una a una fueron memorizándose en mi cabeza.
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-Ya sabes lo que tienes que hacer.- dijo un monje al entrar a la habitación.
-Sí.
-Debes seguir tu camino y continuar.
-¿En dónde quedaron los recuerdos que me quitaron?
-Fueron destruidos ya que esos te mantienen en una dimensión que no te corresponde.
-¿Podre recuperarlos?
-No.
-¿Por qué?
-Ya no queda ni un solo rastro del ser que eras en el pasado.- giro su cabeza a la derecha.- Ahora te convertirás en el príncipe que tanto hemos estado esperando.
-El príncipe.- sonreí de lado.- Pretendo ser el rey.
-El destino trazo tu camino y debes seguir en él.
Coloque la capa que cubre mi cuerpo y salí del palacio. Ahora tenía un solo objetivo y nada podía detenerme. Los cuerpos que pisaba mientras caminaba me gritaban que todo esto iba valer la pena cuando todo fuera mío.
Olvide mi pasado y ahora con este presente que tengo en la mente quiero vivir lo que resta de mi futuro. Soy único y especial y como tal debo convertirme en lo que tanto temen estos bastardos.
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Hombres musculosos con máscaras hechas de pieles humanas cabalgaban en enormes caballos de ojos negros que al verme bufaron de dolor. Continúe mi camino sin ni siquiera ponerles atención pero al parecer estaban más asombrados al percatarse de mi presencia. Su energía era muy pequeña como si se trataran de seres oscuros que se encargan de atormentar a los vivos.
-Abalam .- dijo un hombre con armadura negra.- Jamás imagine verte en esas condiciones. Los velos no te están tratando nada bien.
-Mmmm.- continúe caminando sin ni siquiera mirarlo.
-Soy Abigor el duque del infierno y un ser más poderoso que tú.- sonrió con arrogancia.
-Pues… puedes irte al paradisiaco puerto de la verga.- dije molesto.
-Veo que el gran hijo de Sidonay tiene un pésimo carácter. Te pareces a Satanás.
-No me parezco a nadie.
-Tu energía está atrapada en tu cuerpo y eso me impide ver lo que realmente eres.
-Debes de dejar de ser tan curioso.- lo mire a los ojos.- Algún día alguien cortara tu lengua para que dejes de hablar.
-Espero que no seas tú.
-Todo puede pasar en este infernal mundo.
-Ese mundo es tu hogar y no saldrás de el nunca.
-No me gusta ser pesimista pero no tienes nada de duque del infierno, pienso que solo eres un bastardo que sueña con ser uno de los primeros que cayeron de la luz.- mi odio estaba creciendo y a estas alturas tenia tantas ganas de asesinar que no pensaba contenerme por nada ni nadie.
-Soy único.
No pude evitar reírme con enormes carcajadas a pesar de que me estaba cargando la v***a este pendejo si me dio una buena razón para ponerme de buen humor.
-Nadie es más perfecto que yo.
-Pues eso lo dudo.- me miro de pies a cabeza.-Te ves horrible y no creo que todo lo que hayan dicho de ti sea cierto.
-Me saliste demasiado chismoso para mi gusto una razón más para anotarte en la puta lista de pendejos que pienso eliminar.
-Me contaron que eras hermoso y demasiado antójable.
-Te contaron bien aún que les hizo falta que añadieran que mi v***a es enorme.
-Pues…- frunció el ceño.- Aquí todos somos enormes.
-No tanto como yo.- seguí con mi camino.
-¡Abalam! – Gire mi cuerpo para ver al inútil que estaba castrándome los huevos.- Espero verte pronto en tu forma natural y como el príncipe que hemos estado esperando.
Me hizo una reverencia antes de continuar con su camino. Es el primer cabron que veo que no está horrible y que maneja un estilo de vida pues algo decente. Aun me quedan muchas cosas por aprender y no quiero que nada pase desapercibido.
Un muro de barrotes me dio la bienvenida cuando me detuve en la puerta principal. Todo estaba en completo silencio y el cielo era de color gris como si una enrome tormenta estuviera a punto de azotar al mundo.
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