Ivette.
Viajar hasta África no fue una gran idea pero teníamos que intentarlo. Emma se quedó en la casa junto a Zuri la esposa de Albert. Los cuatro caballeros que me acompañan están decididos a encontrar a su hermano a como dé lugar.
La magia que se maneja en el continente africano es una de las mejores. La energía que manejan proviene de la naturaleza lo ideal para poder comunicarme con un ser celestial.
Hicimos varias paradas antes de llegar a nuestro destino, no pensábamos llegar a la casa de la mujer que nos ayudaría con las manos vacías. Es obvio que le pagaríamos muy bien por sus servicios pero no estaba de más llevar un poco de víveres.
Estaba nerviosa, sería la primera vez que intentaría realizar un ritual con una persona que no es Asmodeo. Me enseño muchas cosas y entre ellas la forma correcta de entrar al infierno… a su mundo.
Sé que puedo hacerlo yo sola pero necesito una fuerza que me ayude a la invocación si no quiero perder la vida y la poca esencia que un conservo.
La mujer de color nos esperaba con una enorme sonrisa pero cuando me vio se puso nerviosa y a la defensiva. Christian fue nuestro intérprete y logro tranquilizar a la hechicera.
-Ella piensa que eres un ser de oscuridad, tu alma destila humo n***o y eso para ellos es de seres demoniacos.- dijo Christian al mirarme.
-No sé a qué se refiere.
-Seguramente la energía de Asmodeo aun te rodea y por eso tu aura se ve de esa manera.
-Posiblemente.
Disfrutamos de la presencia de las personas y esperamos hasta que la noche consumió al día. Los hombres que nos acompañarían se prepararon para el ritual y entre bendiciones se despidieron de sus familias.
Caminamos por más de una hora hasta que llegamos al lugar indicado donde realizaríamos todo lo planeado. Me acomode completamente desnuda en el centro de un circulo de sal y los cantos comenzaron a escucharse. Los tambores daban el sonido exacto y se acoplaban con el ritmo de mi corazón.
Mordí mi brazo hasta que sangro y forme varios símbolos en mi vientre y uno en mi frente. La hechicera se colocó frente a mí y baño mi cuerpo con la sangre de una oveja pequeña. Enseguida un fuego ardiente consumió la sal del círculo dando aviso de que ambas energías estaban conectadas.
Sujete el anillo que me dio Asmodeo y pronuncie varias veces su nombre, atrayéndolo a mí.
Me concentre lo más que pude y la mujer me ayudo a cederme más de su energía. Repetí una y otra vez los rezos que aprendí pero nada llego a mí.
>
Nada sucedió y comencé a desesperarme. Christian, Albert, Filippo y Gerry estaban asustados y un poco consternados con lo que estaban observando.
-Él no quiere comunicarse contigo.- dijo la mujer de color hablando perfectamente bien el español.
-Siento otra energía a nuestro alrededor, desea ser escuchada.- dije sin abrir los ojos.
-No permitas que entre a esta dimensión, no sabemos que intensiones tenga.
-Quiero respuestas.
-Mi diosa Ifa no quiere tenerlo aquí.
-Pídele permiso de entrar.
-No.-dijo molesta.- Mi diosa no me permite aceptar esta reunión.
-Por favor.
-No puedo, lo siento.- dijo con tristeza.- Ya no puedo ayudarte, el demonio no quiere verte.
-Un intento más.
-Está bien.- suspiro.- Lo aremos a mi manera.
Salió del círculo y comenzó a rezar en su lengua natal. Me quede en silencio escuchando lo que decía, no podía entender nada pero de la nada un hombre se mostró frente a mí. Su luz cegaba mi visión y la energía que irradiaba consumía mis malos pensamientos. Me miró fijamente a los ojos antes de ponerse de pie.
-Hola Ivette.- su voz retumbo en mi mente.- Es un gusto conocerte.
-¿Quién eres?
-Soy un amigo de Asmodeo.
-¿Dónde está?
-Está un poco ocupado y no puede atenderte.
-Muéstrame a Baldrick.
-No sé quién es Baldrick.
-Quiero verlo.- me puse de pie y lo mire directamente a los ojos.
-Veo que nos has perdido el miedo.- sonrió.- Pero no creas que porque eres la favorita de un rey no tengo el derecho de cortarte el cuello y asesinarte.
-Inténtalo, así tendré la oportunidad de ver al demonio que se oculta de mí.
-Cuidado mujer, el bajo mundo desea tenerte y muchos pelearan por ti.
-Quiero respuestas y estoy muy segura que las conseguiré.
-No intentes comunicarte con el rey, él no quiere saber nada de ti.
-¿Eres su mascota?
-Más que eso.
-¿Qué eres en realidad?
-Su mano derecha.- sujeto mi cuello con fuerza y paso su lengua por mi mejilla derecha.- Tu sabor es exquisito.
-Así que también eres un demonio, ¿De qué categoría?
-De guerra.
-¿Cuál es tu nombre?
-Abigor.
Me dejo caer al suelo y desapareció llevándose con el todo la poca energía que aún me quedaba. Me sentí demasiado cansada y me desmaye.
Al despertar Christian y Gerry se mantenían a mi lado, ambos sujetaban una de mis manos y se veían preocupados por mí.
-Hola.- dije con pesadez.
-¿Cómo te sientes? – me pregunto Gerry.
-Bien, aunque cansada.- sonreí.
-¿Qué fue eso? – dijo Christian.
-Asmodeo mando a alguien en su lugar para darme un ultimátum. No quiere verme y desea que no haga contacto con él.
-Entonces esto será peligroso si lo seguimos intentando.
-Nada es peligroso.
-¿Qué más te dijo?
-Le pregunte por Baldrick pero no sabe nada y le creo. Su mirada fue demasiado sincera y espero no encontrármelo de nuevo cuando haga otra invocación.
-Esto está poniéndose difícil.- dijo Gerry.
-Es momento de que busquemos ayuda de otras tribus que manejan la brujería.- dijo Christian cuando se puso de pie.
-Buscaremos una solución a todo esto.
-Eso espero Ivette.
Abigor me dejo un mal sabor de boca y sé que en el único aspecto en el que me mintió fue cuando me dijo que era la mano derecha de Asmodeo. Se perfectamente bien que mi demonio no confía en nadie y mucho menos en un ser de luz como lo es ese hombre.
Algo está mal en todo esto y pienso que la energía se está filtrando por otro espacio de la dimensión de infierno, se está tramando algo en contra del rey y de su hijo y espero que se resuelva pronto y que no tenga consecuencias.
El vuelo de regreso fue silencioso, nadie quería hablar, todos nos manteníamos en completa calma y muy sumergidos en nuestros pensamientos.
>
-¿Cómo les fue? – dijo Emma al saludarme con un beso en la mejilla.
-No tan bien como lo esperábamos.- dije al abrazar a la pequeña Evangelina.
-El pendejo de Asmodeo no quiere hablar con Ivette.- dijo Albert molesto.
-Hola amor.- Zuri se veía fatal, seguramente los síntomas del embarazo le impedían descansar como se debe.
-¿Cómo te sientes amor? – Albert beso sus labios para después besar su vientre.
-Me siento muy cansada y te extrañe demasiado.- hizo un puchero.- No entiendo porque quieren recuperar a ese hombre tan desagradable.
-Seguramente será porque es una persona muy especial para nosotros.- dije con molestia.
-Pues a mí nunca me trato bien.
-Guarda tus comentarios.- dijo Filippo.
-No porque sea su hijo quiera defenderlo.- Zuri estaba pisando terreno peligroso.
-No ofendas Zuri y mantén la puta boca cerrada.- la mire con odio.
-Ivette tiene razón. No sabes nada de Baldrick y es mejor que guardes silencio.- Emma también estaba molesta.
-Tranquilícense todos, no debemos pelear entre familia.- Christian traía a sus dos hijos en los brazos.
-Entremos a la casa y evitemos estos asuntos tan desagradables.- Filippo se veía cansado de la actitud de Zuri.
Desde que se dio a conocer el testamento, la esposa de Albert se molestó demasiado al no estar presente en dicho evento. Quería que toda la herencia pasara a manos de su esposo y como eso no sucedió ahora se dedica a jodernos la vida y también la de mi querido Albert.
-Evangelina a estado demasiado estresada y no puede dormir bien.- Emma estaba preocupada por su hija.- Baldrick la acostumbro a su presencia y ahora que él no está, mi hija sufre.
-Todos estamos sufriendo.- suspire con pesadez.- No debes preocuparte, la nena se acostumbrara a no verlo durante mucho tiempo.
-Eso espero Ivette.
La niña coloco su cabeza en mi pecho justo donde se encuentra mi corazón y de la nada cerro sus pequeños ojitos. Se quedó profundamente dormida y Emma se asombró de lo que veía, era increíble que Evangelina estuviera descansando tan bien entre mis brazos.
-Déjame llevarla a la habitación para que descanse bien.- su madre intento quitármela pero la beba se despertó en cuanto sintió otros brazos diferentes a los míos y comenzó a llorar.
-Déjala un rato conmigo, no me molesta Emma.
-Está bien.- sonrió de oreja a oreja.
-Zuri esta insoportable.- mi padre tomo asiendo junto a mi.- Me matara de un puto infarto.
-A todos.- dije con molestia.
-No sé qué le vio Albert a esa mujer. Esta demasiado insípida.
-Lo mismo me pregunto a diario.- dijo Albert.
-Lo siento hijo, es la verdad.
-Lo entiendo señor Filippo, ahora me pregunto tantas cosas.
-¿Te estas arrepintiendo Albert? – tome un poco de jugo.
-No me arrepiento pero si me gustaría que Zuri fuera de un amanera distinta.
-¿Qué es lo que te molesta? – pregunto Emma.
-Que ya no quiera coger conmigo.
-Bueno… eso es parte del embarazo por las hormonas.
-Lo mismo me dice el ginecólogo.- se veía bastante cansado.
-No te preocupes por ello.- palmee su espalda.
-Creo que no debo preocuparme de nada.
-Familia.- dijo Christian.- Tenemos que preparar la primera pasarela que se realizara sin la presencia del Amo y Señor.
-Que difícil situación.- suspiro Albert.
-A echarle huevos.- dijo Filippo.
-A echarle huevos papá.- sonreí de lado.
Con la niña en brazos revise los últimos detalles y envié los correos con las invitaciones a diversas partes del mundo donde se encontraban las personas que asistirían a la pasarela. Confirmaron su asistencia y se recopilo toda la información necesaria para que el evento fuera todo un éxito.
Por la noche deje a la pequeña Evangelina en su cuna y me encerré en el despacho. Abrí la caja fuerte y encontré mi collar de sumisión. Lo sujete entre mis dedos y suspire… suspire tan profundo que me dolió hasta el alma.
-Cometimos errores… los mismos que estamos pagando.- dije al ver la luna.- No tengo esperanzas de que me ames como yo pero si quiero que regreses al lugar donde te corresponde estar, junto a tu familia.
Unos fuertes golpes en la puerta me desconcentraron y volví a guardar el collar en su lugar, abrí la puerta y mi fiel animo estaba mirándome con complicidad.
-¿Qué sucede?
-Es hora de ir a dormir.- dijo Gerry.
-No tengo mucho sueño.
-Pues te necesito para descansar bien.- sonrió.
-Solo cierra tu ojitos y ya está.
-No es así de simple cuando me acostumbraste a tu presencia.
-En eso tienes razón.- lo sujete de la mano.- Vamos a dormir.
Subimos a la habitación y nos cambiamos de ropa, enseguida nos metimos a la cama para descansar de todo lo vivido.
-¿Me abrasas?
-Claro que si.- sus fuertes brazos me dieron el calor que necesitaba.
-¿Gerry?
-Dime.
-Me prometes que siempre te quedaras conmigo.
-Siempre estaré para ti eso nunca lo dudes.- me dio un casto beso en la frente.- No tengas miedo.
-Me siento nerviosa por la pasarela y por lo de la secta.
-Por la pasera es comprensible pero por la secta no te entiendo. Ya lo hiciste una vez y seguramente lo aras muy bien.
-Tenía la protección de Baldrick y ahora estoy sola.
-No estás sola, me tienes a mí y al señor Jones y a Albert.
-Lo sé y confió en ustedes pero…- mordí mi labio inferior.
-¿Pero qué?
-¿Cómo piensas que voy a dirigir a una bola de hombres machistas que seguramente me trataran peor que la basura?
-¿Quién eres?
-¿Cómo que quien soy?
-Sí, me refiero al aspecto de dónde vienes y quien fue tu maestro.
-Mi Amo y Señor fue Baldrick D’angelo.
-¿Y tú apellido cuál es?
-D’angelo.
-Entonces no debes temerle a nada ni a nadie.- sujeto mi mentón.- Arriba esa mirada y entra como la gran señora que eres.
-Tienes razón.
-Saca ese coraje desde el interior de tu pecho. Tienes el carácter demasiado fuerte solo que no lo dejas salir y ese es tu mayor problema.
-No quiero lastimar a las personas.
-Pues ahora es lo que debes de hacer para que esos inútiles te tengan miedo y te respeten.
-Entiendo.
-Eres una mujer fuerte Ivette y no dudes de tus capacidades.
-Gracias.- le di un beso en la mejilla.- No sé porque eres gay, serias mi hombre perfecto.
-No todo en la vida se puede tener.- comenzó a reírse.
-Eres un tonto.
-Algo tengo de eso.- me cobijo con el edredón.- A dormir señora D’angelo porque mañana será un largo día en la oficina.
-No me lo recuerdes por favor.- cerré los ojos.
-Tormento o no, ahora ese es tu trabajo.
-Que fastidio.
-Fastidio es tenerte entre mis brazos y no poder cogerte como un animal.
-¡¿Qué?! – abrí los ojos como platos.
-Lo que escuchaste.
-¿Quieres fornicar conmigo?
-Te dije que mi homosexualidad se iría a la mierda si me acercaba a ti.
-Pues un honor que me desees.
-El honor es todo mío.- apago la luz y paso sus manos por mi cintura.- Te adoro Ivette.
-También te adoro Gerry.