capitulo 5

2072 Words
Cuarto velo. Silencio. Baldrick. El viento movía mi capa; la lluvia mojo mi ropa y gran parte de mi cuerpo. No podía escuchar absolutamente nada, todo se mantenía en silencio. No había ningún ruido y la lluvia era silenciosa. Solo sentía el frió viento pero no percibía sonido alguno. Seguí caminando hasta que encontré a cinco pequeñas mujeres con vestidos blancos, eran tan chiquitas que parecían unas niñas de seis años aunque estas estaban deformes y con los ojos saltones. Me guiaron hasta una jaula que colgaba de una rama de un árbol seco. Tome asiento en un desgastado sillón de cuero y las mujercitas comenzaron a rodearme. Sus pequeñas manitas acariciaban mi piel y por un segundo pensé que me chuparían la v***a. > Una de ellas sujeto mi cabeza y la llevo hacia atrás dejando mi cuello totalmente expuesto. Otra se colocó arriba de mí y lamio mi garganta hasta llegar a mi boca, su aliento apestaba. Continuo rasguñando mi putrefacta piel con sus enormes uñas. La más deforme de todas ellas, abrió mi boca y saco mi lengua y la estiro hasta que llego al punto de que no podía salir más de mi cavidad. Con un hilo de oro la corto… la maldita perra corto mi lengua. No sentí nada pero mi sangre se deslizo por mi barbilla y pecho, aquel liquido rojo salía como si fuera una llave abierta y sin piedad una de ellas introdujo su mano y saco lo que restaba de mi órgano que me permite hablar. Casi me atraganto con mi propia sangre; me ayudaron aponerme de pie y me encerraron en la jaula, las vi marcharse con mi preciada lengua entre sus manos y la devoraron en cuanto se dieron cuenta que las estaba observando. Las cinco enanitas se convirtieron en bellas mujeres, todas desnudas y debo decir que sus cuerpos estaban demasiado bien aunque no deseaba fornicar con algo que ya conocía perfectamente  bien. No me agradan las mujeres demoniacas. Es extraño que no sienta dolor cuando me estoy desangrando, me siento demasiado tranquilo para saber que moriré en este maldito lugar. Me recargue en el frio metal y mire a la nada, no tenía nada que pensar ni nada que hacer. Me relaje tanto que mi mente se puso en blanco. Intente hacer ruido con mis pies pero nada sonaba en este lugar ni siquiera mis huesos al pegar con los barrotes. El silencio estaba provocando una mala energía en mi cuerpo. Mi sangre mancho mi horrible piel y por un segundo pensé que recuperaría mi forma normal pero aquello se desvaneció cuando me desprendí un pedazo de piel del pecho. Mis costillas se podían ver y con todo el aburrimiento que sentía pues me lleve mi propia carne a la boca, no pude tragarlo ya que me faltaba algo importante para pasar el bolo alimenticio. > Silencio… Silencio… Y más silencio. Me estaba volviendo loco, no podía emitir ni un maldito sonido o chillido. Mi voz no se escuchaba y mi mente estaba divagando en los antiguos velos que había dejado atrás. > Me movía de un lado a otro, me ponía de pie, me sentaba y nada podía calmar mi puta ansiedad ni los mendigos pensamientos que comenzaron a  apoderarse de mi mente. > > > > Y los malditos pensamientos seguían y yo no podía controlarme y me arranque la piel de una pierna. No me di cuenta hasta que toque el hueso y fue entonces que me detuve. > En posición fetal cerré los ojos y me concentre… me visualice como lo recordaba, como un hombre poderoso lleno de vida el único rey de la tierra y del infierno. El único que está dispuesto a morir y regresar a la vida solo para reclamar lo que por derecho me pertenece. Mis manos se tensaron al sentir una energía que provenía de mi interior, mi cuerpo se arqueo por completo y una luz negra salió de mi boca.  Quemo mis labios y percibí el olor de  la carne asándose, mi propia carne. Y grite… grite lo más alto que pude, la jaula de desvaneció y caí de pie. El gran silencio se hizo mierda cuando mi voz retumbo en cada rincón de ese horrible lugar. Acaricie mi lengua y me pareció extraña su forma, la saque por completo y confirme que era la de una serpiente. Con una forma única, acaricie mis dientes y la moví de un lado a otro, confirmando que eso venía desde mi interior. Tome mi capa y me lance por el acantilado a la maldita oscuridad. Los lamentos se escuchaban por todos lados y las almas que divagaban eran demasiado molestas. Las cinco mujeres que me arrancaron la lengua me esperaban en las profundidades, sus cuerpos esqueléticos se veían demasiado antójables para un hombre que ha pasado demasiado tiempo en este infierno. -Me temo informarles que no me gustan las mujeres feas.- pase por su lado.- Y tampoco las que son demasiado pequeñas. Sonrieron con malicia y las muy perras se lanzaron a mi como una malditas brujas. Sus dientes estaban afilados y pretendían matarme. Sujete a una del cabello y la lance por los aires mientras intentaba quitarme a otra de la espalda. Eran fuertes y muy aguerridas, les favorecía demasiado trabajar en equipo. Sujete del cuello a la más delgada y le di una fuerte mordida con la que le arranque la piel, su cuerpo se hizo cenizas entre mis dedos. Continúe defendiéndome de las demás pero eran demasiado veloces para mi gusto. A travesé el pecho de una sacándole lo que pretendía ser su corazón y nuevamente se convirtió en cenizas. -¡Carajo! – dije al mirar como uno de mis dedos se desprendió de mi mano por el esfuerzo.- Puta madre, miren lo que han provocado.- levante mi mano en su dirección para que pudieran ver el resultado de sus actos. Pero nada pudo detenerlas, siguieron mordiéndome y arrancándome pedazos de carne. No tuve piedad con una de ellas y la partí en dos, sus podridos órganos salieron disparados manchando la fina piedra y convirtiéndose en un polvo n***o. Las demás intentaron retroceder pero las sujete de los cabellos y las coloque en la pared. Lucharon por zafarse de mi agarre pero no tuvieron éxito. -Las perritas quieren huir.- dije con una macabra sonrisa. Se movieron de un lado a otro pero nada sirvió, aplaste su cabeza con mis manos y deje que se convirtieran en lo que deben haber sido siempre, en polvo como la basuras que son. Mire el extenso pasillo de piedra y eleve mi cabeza para ver lo que pretendía ser el cielo. No había nada arriba y no esperaba un lindo panorama pero por lo menos tenía la esperanza de encontrar aunque fuera una pisca del mundo que deje atrás. -Que bien se siente hablar de nuevo.- suspire. Quinto velo. Oscuridad. Las sombras se movían a mí alrededor, criaturas que no conocía me estaban rodeando y me puse alerta ente cualquier posible ataque. El ambiente era pesado considerando que yo era la presa y la comida del día. Intente ocultarme cerca de una gran roca pero no pude lograrlo, dos flechas de fuego se clavaron en mis ojos. Me las quite con rapidez y sentí como mi sangre salía de las dos cuencas. > No podía ver… estaba completamente ciego. Como pude me tire al suelo y me arrastre hasta quedar seguro en medio de dos enormes trancos secos. Retire lo que quedaba de mis ojos y los tire al suelo, oficialmente soy un pedazo de mierda que no sirve para nada. Percibí sonidos que se acercaban peligrosamente a mi  ubicación, con la ayuda de mis manos comencé a tocar a tientas lo que me rodeaba hasta que encontré un pedazo de madera que utilizaría para defenderme de aquello que me asecha. Estoy en completa oscuridad y me pesa que me lleva la chingada si no activo mis otros sentidos. Me concentre en escuchar todo lo que me rodeaba, reconocí algunos olores pero no pude distinguir más. Algo se estaba acercando apresuradamente a mí, sus pasos eran firmes y podía escuchar su respiración. Me puse de pie y le lance un golpe con el pedazo de madera, escuche el sonido que hacen los cuernos al golpearse con algo. > Su respiración estaba más acelerada y pude percibir su enojo. Mi cuerpo se estrelló en una roca cuando me lanzo por los aires. -¡Hijo de puta! – dije con molestia. Me moví con cautela, mis pies revisaban el suelo antes de dar los pasos. Mi oído se mantenía atento ante cualquier sonido a mí alrededor. Mis dedos me servían para reconocer lo que tenía frente a mí. Esto estaba comenzando a fastidiarme y sentirme asechado no me gustaba, algo me vigilaba desde las sombras dispuesto a matarme si bajaba la guardia. -Eres lento.- dijo una voz a mi espalda. Un fuerte golpe me hizo caer al suelo, el muy bastardo espero pacientemente para atacarme hasta que me vio fastidiado de mi situación. -Levántate y demuéstrame que eres el indicado.- su vos era una combinación de algún animal y algo humano. Me puse de pie, me quede completamente quieto esperando algún sonido que me indicara donde estaba o el simple movimiento del aire. Presidí su horrible olor, alía a caballo sudado y es molesto para mi olfato. No sé si era de noche o de día, tampoco sé cuántos días pasaron  pero me mantuve de pie, atento a cualquier sonido que me indicara donde se encontraba. Analice el sonido del aire y comencé a percibir mas olores. Escuchaba hasta lo que susurraba y el momento exacto en que sus uñas rasguñaban las rocas, el muy imbécil las estaba afilando para asesinarme con ellas. Pesuñas… Garras… Sus movimientos se hicieron lentos, su respiración se pauso por un momento hasta que de pronto… todo eso cambio. Con rapidez gire en mi propio eje y le di al blanco. Atravesé su garganta con un pedazo de madera que guarde en mi capa. -No soy lento, espere el momento preciso para asesinarte.- dije cuando su cuerpo callo a mis pies. Contuve la respiración por unos segundos más hasta que pude percatarme que me encontraba solo. Suspire con pesadez al saber el estado en el que me encontraba, ahora era ciego y tenía que vivir con ello o por lo menos sobrevivir en esta mendiga dimensión. Acaricie mi rostro con ambas manos y percibí dos pequeñas bolas en donde debían estar mis ojos, intente moverlos pero algo me lo impidió. Con ayuda de mis dedos roce mis parpados y lo que encontró me saco de mi estado de comodidad. Ambos parpados estaban cocidos. Deslice el grueso hilo y lo jale hasta que mis parpados empezaron a sangrar. Lo tire al suelo con rapidez. Abrí los ojos con calma, esperando encontrarme con la peor escena pero lo que descubrí me dejo un buen sabor de boca. De nuevo podía ver y algo había cambiado… Percibía cualquier movimiento así fuera el más mínimo y por una extraña razón podía ver el alma y la esencia de las cosas. El bastardo que era mitad humano y mitad toro se encontraba sin vida a mi lado y no fue agradable verlo. Nuevamente acaricie mis ojos y aun no podía creer que estuvieran intactos con lo que había pasado, yo los arranque en el preciso momento que me quede en oscuridad y es más que obvio que sentí esa sustancia acuosa en mis manos cuando los arroje al piso. Corrí hasta un pequeño charco de sangre y me coloque en cuclillas para observar que no estaba alucinando y efectivamente mis ojos estaban en su lugar. Brillantes y hermosos con ese color azul intenso que me caracteriza pero ahora…  mi pupila cambio por completo. Era vertical y con una forma más ancha en la parte de en medio, tenía los ojos de un reptil que se arrastra para moverse. >  
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