- Egan traerá a Omar ahora – dijo Adrian mientras volvía a enfocar la mirada en sus hijos – Les pido por favor que permanezcan en silencio y dejen al chico hablar por sí mismo. Ya está bastante confundido para tener que lidiar con ustedes dos – y aunque había algo de reconvención en su tono, sonreía.
- Lo siento, papá – Rosalynn se ruborizó levemente.
Volvió a su sitio y al poco rato la puerta se abrió y Omar volvió a entrar. Miró los rostros de cada uno, tratando de anticipar lo que sucedería.
- Toma asiento – le dijo Adrian al ver que permanecía de pie junto a la puerta.
- Espero que hayas disfrutado el desayuno – añadió Lily.
- Sí, muchas gracias, Luna Lily. Fue muy abundante y sabroso –
Se hizo un breve silencio.
- Omar, ahora que estás aquí. ¿Qué deseas hacer? –
El joven lobo miró al alfa con desconcierto.
- Yo… ¿me pregunta qué quiero hacer? – miró a su alrededor para asegurarse que había escuchado bien.
- ¿Qué esperabas? ¿Creíste que te arrojaríamos a un calabozo por el resto de tus días? – respondió Adrian con tono divertido.
- ¿No es así? –
- No en Zafiro Azul – se apoyó en el respaldar de su silla y golpeó la superficie del escritorio con sus dedos - Mira, huiste de tu manada y eso te convierte en un errante. No suelo ser indulgente con los errantes, pero hasta el momento no has sido violento y todos creemos que tu historia es genuina, así que no nos has dado una razón para encerrarte. Si quieres dejar la manada y buscar un nuevo lugar para ti, no me opondré. Mis hombres te acompañarán a los límites y te indicarán el camino –
Omar fijó la mirada en sus puños, que descansaban en sus muslos.
- No tengo a donde ir – dijo con dificultad – No conozco este lugar, ni los alrededores… ¿A dónde iría? – levantó la cabeza y miró al alfa – Pero… si usted me lo permite, yo quisiera quedarme aquí un tiempo… le aseguró que no causaré ningún problema –
Adrian lo observó fijamente, pero el joven mantuvo la mirada., con gesto valiente.
Luego de un momento, el alfa respondió: - Está bien, Omar. Se te dará una de las habitaciones en la casa de la manada – se volvió a mirar a Lucio - ¿Puedes buscar algunas prendas de vestir para él? –
El joven asintió.
- Egan se encargará de explicarte sobre nuestras activades, horarios y la conducta que se espera de ti…
- Alfa, yo… quiero pagar de alguna manera lo que hacen por mí. Me darán abrigo, alimento y vestido, lo mínimo que puedo hacer es trabajar para usted –
Adrian cruzó una mirada con Lucio. El joven se veía gratamente sorprendido por las palabras del desconocido.
- Dijiste que en tu manada tenías un sembradío, ¿cierto? – saltó Rosalynn.
Omar asintió.
- Cosechábamos granos –
- Mamá, podría ser de gran ayuda en la granja – dijo la joven volviéndose a la luna.
- No – intervino Adrian lanzando una mirada severa a su hija – En ese caso, creo que lo mejor es que vaya con los Howl, en el sur –
- ¡Papá! – protestó Rosalynn.
- ¿Stevenson? – susurró Lily.
Adrian lo consideró un momento.
- Bien – cedió – Hablaré con Stevenson y trabajarás en su granja –
- Muchas gracias, alfa. Muchas gracias a todos por su ayuda… Y por creer en mí –
- No des nada por sentado, Omar. Te mantendremos vigilado hasta que nos aseguremos que podemos confiar en ti –
- No les daré motivos para dudar, alfa, ni para lamentar lo que hacen por mí –
- Entonces está decidido. Ve con Egan. Lucio, Rosalynn ustedes tienen tareas que atender –
Todos se dispusieron a retirarse, pero Omar titubeaba.
Sintiendo su tensión, Rosalynn se volvió a él y le ofreció una sonrisa.
- ¿Te volveré a ver? – susurró él.
- Claro que sí – se ruborizó levemente – Nos veremos en la cena. Estás en buenas manos, no te preocupes –
- Gracias –
El carraspeo de Lucio lo sobresaltó.
- Vamos – dijo el joven.
Rosalynn alentó a seguir al lobo y lo vio salir.
- No te quiero ver merodeando al pobre chico – dijo Adrian – Dale un poco de aire –
- No te enfades conmigo, papá – dijo ella con un gracioso puchero – Solo quiero ayudarlo –
- Ya hemos hablado de esto, Rosa – bajo el tono severo del alfa vibraba también la preocupación
- Yo creo que Omar es un buen hombre. No siento maldad en él. Está confundido y asustado y sabes que no puedo resistirme a eso, papá. Debo estar a su lado. El río lo trajo a mí para que yo cuide de él –
- Rosa, por favor – Adrian cerró los ojos y estrechó a la joven en su brazo - No puedes salvarlos a todos -
La joven no respondió, pero lo abrazó con fuerza.
El alfa besó su cabello y la dejó ir.
Junto a la ventana, Lily observaba la escena.
Desde muy joven, el Alfa Ferro fue conocido como un lobo salvaje y indómito. Protegía a su manada con ferocidad, pero no era el tipo de líder cálido y amoroso. Sin embargo, eso cambió al tener a una luna como Lily Montgomery a su lado. Su presencia le llenaba de paz y daba calor a su corazón. Ella sanó su alma y le enseñó lo que era la felicidad. Sus hijos se convirtieron en su más grande debilidad, pero también en su fortaleza. El amor que sentía por esas pequeñas criaturas, la maravillosa experiencia de ver el mundo a través de los ojos de los niños que habían heredado la naturaleza sanadora y protectora de su madre, lo transformó por completo.
Rosalynn era el tipo de niña que desde muy pequeña se preocupaba excesivamente por los demás. No toleraba ver a otro lobo preocupado, triste o enfadado porque ella hacía suyos esos sentimientos y se sentía compelida a resolver lo que fuera que sucediera. Eso le había causado muchos problemas, pues no siempre lograba su cometido y sus buenas intenciones no eran suficientes.
Lily y Adrian eran padres comprensivos, que entendían que esa era su naturaleza, pero habían tratado de guiarla para que su empatía no drenara su energía.
- No te preocupes – dijo Lily acercándose a su pareja – Luego hablaré con ella. Debo confesarte que yo también siento curiosidad por ese chico. Rosalynn tiene razón, el río no lo habría traído hasta aquí si no tuviera un propósito –
- Sé que así es y si solo se tratara de darle refugio a un chico inocente, no tendría ninguna reserva en acogerlo en la manada, pero si hay magia involucrada, sabes que no puedo evitar mantenerme alerta –
- ¿Tendremos alguna forma de saber sobre esa manada? –
- Lo dudo. Nunca la había escuchado mencionar. No creo que tengamos nada sobre esa región en nuestros archivos…
- Es una lástima que Cyrus no nos visite este verano. Él habría sido de gran ayuda –
- No quiso abandonar la Manada Dorada. Su pareja dará a luz en cualquier momento y no quiere hacer el viaje con un cachorro tan pequeño – exhaló un suspiro – Enviar un mensajero demoraría mucho tiempo y no sé si valga la pena molestarlo con algo como esto en este momento tan importante para él –
- ¿Y si acudimos a Owen? –
Adrian frunció el ceño. Su relación con el Alfa Kent de la Manada de las Rocas se mantenía en términos cordiales, pero evitaba tener que acudir a él a menos que fuera ineludible.
- Él tiene muchos más recursos que nosotros, Adrian – insistió Lily ante su silencio.
- Aguardemos. Conozcamos a Omar un poco más. Creo que con el tiempo, él se abrirá a nosotros y entonces tendremos una idea más clara de su situación y podremos decidir si es necesario averiguar más por otros medios –
- Lo que digas – la luna sonrió – Yo hablaré con Stevenson, sé que Niko y tú tienen otros asuntos que atender –
- Magnífico. Stevenson no puede decir que no a su luna – la besó de nuevo y se separaron para seguir con sus deberes.