Para cualquier persona que pasara por el camino, sin duda sería muy extraño ver a ese joven lobo que sonreía de oreja a oreja mientras deshierbaba un extenso campo.
Todavía no estaba seguro si era real o si era parte de ese extraño sueño, pero lo disfrutaría mientras durara. Aprovecharía cada minuto y cada instante que le fuera concedido en esa mágica tierra.
Luego de dejar el estudio del alfa, Lucio lo condujo a donde los gemelos se encontraban. Tal vez era excesivamente optimista, pero sentía que la actitud del lobo era un poco menos agresiva hacia él.
Egan y Cálix se encargaron de mostrarle su nueva habitación, en el área destinada a los omegas, pero era mucho más acogedora que las derruidas edificaciones o las simples tiendas de su manada.
Luego, le mostraron los salones comunes de la casa y los puntos más importantes de la villa. Descubrió que ambos eran hijos del beta de la manada y habían iniciado su preparación para asumir sus funciones, cuando el Alfa Adrian decidiera ceder su sitio a su heredero.
- ¿Ambos serán betas? – preguntó Omar, curioso.
- Lucio tendrá que decidirlo – respondió Egan, apartando el cabello de su rostro, agitado por la brisa.
- ¿Lucio? – se detuvo en seco - ¿Él será el futuro alfa? –
- Sí, por supuesto – dijo Egan sin notar la tensión en el rostro de Omar.
- ¿Es porque es la pareja destinada de Rosalynn? ¿Es por eso? – de pronto sentía que su garganta se cerraba.
- ¿Qué? – los gemelos se detuvieron y miraron a Omar como si hubiese enloquecido. Luego, se miraron entre sí y comenzaron a reír.
- Lucio no es la pareja de Rosalynn – explicó Cálix tratando de recuperar el aire.
- Él también es hijo del alfa. Son hermanos –
A Omar le tomó un momento salir de su estupor, pero poco a poco su rostro se fue iluminando con una gran sonrisa.
- Es su hermano… - murmuró aliviado.
- Oye, piénsalo bien – dijo Egan con tono divertido – Eso no es mejor. Ya viste que es muy celoso –
- Ella… ¿ya encontró su pareja destinada? –
- Su loba no ha despertado. Faltan unos meses aún –
- ¡Oh! – reanudaron la marcha.
- Tendrás que ponerte en fila – agregó Cálix – Todos los lobos de la manada la desean para sí –
Omar gruñó.
- Es la hija de un alfa, después de todo – se dijo más para sí mismo – Supongo que la diosa Selene la tiene destinada para un alfa –
- Y no cualquier alfa – los gemelos se habían puesto serios – Sin importar que estén destinados, ese lobo deberá demostrar que es digno de ella antes de intentar reclamarla –
Omar asintió. Así debía ser. Posiblemente Rosalynn estaba destinada a un rey. Un lobo lo suficientemente fuerte como para gobernar sobre todos los demás lobos.
Tiró con algo de rabia de las viejas raíces y sintió el ardor en sus manos, pero era algo insignificante.
El trabajo en el campo siempre le dio satisfacción. Siempre fue liberador. Nunca temió al trabajo físico y más bien, a veces se esforzaba de más, porque realmente disfrutaba de ponerse a prueba, sentir sus músculos arder por el trabajo.
- ¡Hey, muchacho! – llamó una voz tras él.
Se volteó y cubrió sus ojos con la mano para poder mirar. Era el señor Stevenson, bueno Brian.
“El señor Stevenson era mi padre” le había dicho con una sonrisa triste. El lobo había regresado con la diosa Selene seis inviernos atrás y su familia todavía lo sufría.
Junto al hombre había una fina figura de cabello oscuro y sus pies la llevaron con ella antes de que pudiera ser consciente de lo que hacía.
- ¿Cómo lograste avanzar tanto? – dijo Brian paseando la mirada por el campo – Prácticamente ya acabaste –
- Trabajo duro, señor… Brian… - dijo limpiándose el sudor de la frente – Quiero demostrarle al alfa que puedo ser útil – y su mirada se posó en Rosalynn.
Ella sonreía y por un momento se olvidó de que había alguien más con ellos.
- Bien, es todo por hoy. Has trabajado bien – dijo Brian - Nos serás de gran ayuda –
El joven se volteó a mirarlo un instante.
- Gracias, señor. Estaré aquí mañana a primera hora –
- Vamos – dijo Rosalynn – Me dio gusto verte, Brian –
- Lo mismo digo, Rosa –
Omar tomó la camisa y se secó el sudor con ella. La joven ya había echado a andar y la miró por un instante.
- ¿No vienes? – ella se volteó solo un momento y continuó la marcha.
Él se colocó la camisa rápidamente y la alcanzó.
- Espero no estés muy cansado para dar un paseo –
- No, no lo estoy – respondió sin apartar la mirada de ella.
- Bien –
Notó que no se dirigían a la villa, pero no dijo nada.
Caminaban en silencio, uno al lado del otro y él aprovechó ese momento para poder observarla con más calma. La brisa arrastraba hasta él su aroma, muy dulce y suave.
Podía percibir la presencia de su lobo, muy leve, pero al menos allí estaba. Había algo que lo contenía, que no lo permitía salir a la superficie, pero luchaba.
- Esa es mi casa –
La voz de Rosalynn lo sobresaltó y siguió la dirección que indicaba su dedo. Rodeada de amplios sembradíos se alzaba una sencilla casa de amplio porche. Resaltaba por su color blanco entre tanto verdor y había una luz cálida y acogedora que emanaba de ella.
- La granja ha sido propiedad de los Montgomery por varias generaciones. Mi abuelo Raymond era un gran agricultor y mi abuela Iris también amaba la tierra. Cuando ellos faltaron, mamá se hizo cargo de la granja y a pesar de convertirse en luna, no la dejó. Ella y papá dividen su tiempo entre la granja y la casa de la manada. Es un refugio de paz para todos. Aquí podemos olvidarnos de las responsabilidades, las preocupaciones y simplemente ser una familia – sonrió a Omar - ¿Cómo es tu hogar? –
- Es muy diferente a esto – dijo paseando la mirada por los extensos campos – Es hermoso. Amo a mi tierra, pero es muy diferente a este lugar –
- ¿Quieres hablarme de tu manada? –
- No sé si hay mucho que contar – se encogió de hombros – Nuestra existencia se centra en sobrevivir… en el desierto o en el campo de batalla –
- Eso suena triste – murmuró Rosalynn mirándolo un instante.
- No de todo. Es duro, sí, pero para nosotros es así. Lo ha sido por mucho tiempo. Es lo que conocemos… pero también hay belleza y alegría en nuestros días –
- Bueno, entonces cuéntame desde el principio – dijo ella llena de entusiasmo – Háblame de tu infancia –
Tuvo que hacer un esfuerzo para traer de vuelta esos recuerdos. La verdad es que su infancia era solo algunas imágenes borrosas y sin sentido. Tendría alrededor de siete u ocho años cuando empezó a ser más consciente del mundo a su alrededor. Sí tenía muy presente la inquebrantable rutina que regía su vida: su madre era muy estricta en cuanto al cumplimiento de sus tareas. Después de todo, se trataba de solo ellos dos y a medida que crecía, Omar tenía que asumir más responsabilidades.
Trabajaban juntos en el campo. Ella le enseñó a sembrar, a regar los campos, a reconocer las malas hierbas y espantar las alimañas.
Le enseñó cómo negociar con las manadas y a pesar de que era una loba sola con su cachorro, ningún lobo era lo suficientemente sagaz para lograr engañarla ni lo suficientemente fuerte para hacerla someterse.
Sin embargo, siempre le insistía en que debía evitar atraer la atención hacia él. Debían ser prácticamente invisibles. No podían arriesgarse a molestar a algún lobo o despertar la curiosidad sobre su vida. No faltarían lobos errantes que quisieran apoderarse de sus tierras y de su casa.
El trabajo era duro, pero era parte de su vida y se acostumbró a él. Crecía rápidamente, se volvía más fuerte y así alivió la carga de su madre. Ella envejecía, se volvía más débil y lenta. Había tenido que hacer un gran esfuerzo para sobrevivir a la muerte de su pareja destinada, para cuidar de Omar.
Nunca hablaba de su padre. De pequeño, cuando insistente preguntaba quién había sido y por qué no estaba a su lado, ella trataba de distraerlo y cambiaba el tema. Pero al crecer, ya no le era tan sencillo evadir la conversación y le contó brevemente que su padre había sido un guerrero que murió en una de las múltiples batallas de la manada.
Fue entonces que Omar aprendió de las parejas destinadas, de como la diosa otorgaba a cada lobo su complemento perfecto. Tu pareja era tu mayor fortaleza, pero también tu mayor debilidad.
- Es muy triste – dijo Rosalynn y su rostro denotaba lo sinceridad de sus palabras.