8.

1650 Words
Habían llegado hasta el manantial y ella le guio hasta la orilla. Le indicó que se acercara y se arrodilló en su orilla, donde el agua tocaba su vestido. Le hizo un gesto para que él se acuclillara y tomó sus manos. Con la mirada fija en ellas, tomó agua y lavó las palmas llenas de tierra y que todavía mostraba las marcas del trabajo en el campo. - Debió ser muy duro para ella, cuidar de ti, proveer sustento para ambos con el dolor de perder a su pareja – comentó sin dejar de lavarlo. El suave roce de las yemas de los dedos de la joven en su piel le provocaba un cosquilleo en todo su cuerpo. - Lo fue, aunque yo no lo comprendí hasta que crecí. Ella fue siempre muy fuerte y valiente. Nunca la escuché quejarse, nunca la vi derramar una lágrima. Trabajábamos sin pausa durante el día, pero cuando terminábamos la jornada y volvíamos a la casa, ella cantaba y me contaba historias, mientras preparaba la cena o cosía - Rosalynn se quedó quieta por un momento y su rostro se tensó. - ¿Ella estará bien? – le miró con sincera angustia en sus ojos - ¿Crees que el alfa o los lobos de tu manada hagan algo contra ella? – Omar se congeló en su sitio. Cerró los ojos y tomó una profunda respiración. El rostro de su madre apareció ante sus ojos y una aguada punzada en su corazón le hizo apretar los labios. - Ella estará bien. Nadie en la manada sabe de dónde provengo. Los guerreros me encontraron cuando comerciaba unos granos en una aldea – - Entonces… ¿ella no sabe de tu paradero? – Rosalynn le miró con grandes ojos. - Ella sabe que me llevaron para servir al alfa como guerrero. En esa aldea nos conocían bien y sé que alguien la alertó – - ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que la viste por última vez? – Omar bajó la mirada. La joven retenía sus manos y eso le causó alivio. En realidad, no era tanto tiempo, si lo pensaba detenidamente. Estuvo unas pocas semanas entrenando con los guerreros y un mes al servicio de Zaida… pero nunca se había separado de su madre en poco más de dieciocho años y ante las circunstancias de su partida, esas semanas pesaban más. - ¿Te gustaría hacerle saber que estás bien? – la suave voz de Rosalynn le sacó de sus pensamientos. - ¿Cómo? – Instintivamente, retiró la mano y se puso de pie. - Creo que a ella le aliviaría mucho saber que estás bien – Omar retrocedió un paso y su rostro se tensó. Rosalynn notó el cambio en su expresión y trató de acercarse, pero el hombre retrocedió. - Por favor, no temas… te mostraré. Piensa que es solo una plegaria. Una plegaria que llegará hasta tu madre y le dará paz – Por un momento, se debatió entre sus instintos y su mente. Su alma se negaba a siquiera considerar que pudiese existir algo oscuro o maligno en Rosalynn. Ella era mágica, sí, pero pura y noble. Podía ver su alma en sus ojos. Ella era incapaz de mentir y no había una pizca de maldad en su corazón. Pero su experiencia con Zaida era muy reciente. Decidió ignorar los rumores entre la manada de que ella era una bruja y nunca cuestionó nada de lo que hacía. Pero su lobo se había resistido a ella, al menos en los primeros días y luego, simplemente se dejó llevar con la corriente. Indudablemente, lo que sucedió esa noche con el Alfa Malek era producto de la magia negra. No había otra explicación. Fue utilizado como un títere y no quería vivir una experiencia como esa nunca más. Solo quería recuperar a su lobo y vivir en paz. Rosalynn mantenía la mirada fija en él y la mano tendida. Ella no dijo nada. Solo aguardó que tomara una decisión. - Muéstrame – dijo al fin, con apenas un susurro y tomó su mano. La joven sonrió, aliviada y rodearon el manantial hasta la formación de rocas que protegía la parte norte. Ella subió ágilmente y Omar la siguió sin titubear. - Estas son las flores favoritas de mi abuela Iris – señaló un gran arbusto de flores blancas – Mi madre tiene su aroma, así que me hace sentir segura y feliz, porque es como tenerlas a mi lado – tomó algunas de las flores y las colocó en las palmas del joven. Le ofreció una pequeña sonrisa y con un gesto delicado, le hizo cerrar sus manos. - Cierra los ojos – Omar obedeció de inmediato. - Piensa en tu madre. Su rostro, su mirada, su sonrisa… Deja que tus sentimientos hacia ella fluyan: tu amor por ella, el respeto y la admiración por su temple… En como has sido tan feliz a su lado y lo agradecido que estás por haberte protegido durante todo este tiempo… Su voz era como un cántico, una melodía dulce y cálida que lo envolvía y esa calidez también brotaba de su corazón, cuando pensaba en su madre. Ellos no eran particularmente cariñosos, posiblemente nunca le dijo a su madre cuánto la amaba y cuán importante era en su vida. Era el centro de su vida, de hecho. Solo ellos dos en ese mundo tan basto y difícil. El calor se extendió por todo su cuerpo y sintió sus ojos humedecerse. Parpadeó rápidamente, tratando de contenerse. - Déjala ir… - Rosalynn tenía en sus manos unas pocas flores también y las dejó caer en el agua. Flotaron por un momento hasta que la corriente comenzó a arrastrarlas en dirección a donde nacía el río. Omar la imitó y su mirada siguió a las flores que poco a poco se convertían en solo un punto brillante. La tarde había caído, el cielo teñido de rosa y naranja hacía brillar el cabello de Rosalynn y sus ojos parecían de un verde más intenso. - Gracias – dijo – Me gustaría pensar que ella puede sentir mi amor – exhaló un suspiro – Deseo de corazón que esté bien. Ahora está sola y temo que… - Ella estará bien – la joven le detuvo y tocó su brazo – La diosa Selene la protegerá. Debes confiar en ella - Se sentaron en las piedras y Omar paseó la mirada a su alrededor. - Este es un lugar muy hermoso – sonrió a Rosalynn – Todo su territorio lo es, pero este lugar es especial. Nunca había visto tanto verdor o agua tan pura… - El manantial da vida a nuestra manada, así que sí, es muy importante para nosotros… – respondió Rosalynn pero se detuvo de pronto - ¡Oh! – - ¿Qué sucede? – Ella le lanzó una mirada de disculpa. - Debo ir a casa. Mi hermano pregunta por mí – Él dudó un momento. No quería apartarse de ella. No quería dejarla ir. Pero ya empezaba a anochecer y no podían permanecer allí toda la noche. Aunque realmente no parecía tan mala idea. Exhaló un poco de aire y asintió. - Vamos – - 0- Acompañó a Rosalynn hasta la propiedad de los Montgomery. El Alfa Ferro los aguardaba en la entrada junto al camino, pero no dijo nada cuando los vio llegar. Omar se apresuró a despedirse y le aseguró al alfa que se dirigiría directamente a la casa de la manada. Ya allí, se reunió con los chicos Andreu y compartió con ellos la cena y con otros jóvenes guerreros que vivían en la casa de la manada. El ambiente en el lugar era relajado y alegre. Todos se sentía orgullosos de su manada, de su alfa y de su luna. Definitivamente eran una manada muy unida y lamentó que Las Dunas no se viviera de la misma manera. Muchos de los lobos habían sido obligados a luchar y si bien era cierto respondían al Alfa Malek, era diferente a la lealtad que los lobos de Zafiro Azul mostraban. Acabada la cena los guerreros se retiraron para cumplir con sus patrullas y él se dirigió a su habitación. Se dejó caer en la cama, pero no sentía sueño, a pesar de haber trabajado en el campo todo el día. Inevitablemente, su mente volvió a los sucesos en Las Dunas. Quería encontrar una explicación a lo sucedido. Sabía que nunca lograría convencer al Alfa Malek de su inocencia, pero no tendría paz si no descubría la verdad. Quería poder mirar a su madre a los ojos y darle una explicación plausible de lo sucedido. Porque volvería a ver a su madre. Su conversación con Rosalynn le hizo reconocer cuán importante era en su vida. Siempre lo había sabido, pero nunca lo había expresado a otra persona y pensar en ella, en el tiempo separados, la hizo verla bajo otra luz. Sabía que no podría volver a ser parte de Las Dunas, pero volvería por ella. Tal vez ambos podrían residir en Zafiro Azul permanentemente. Trabajaría en el campo con los Stevenson… o podría pedir al alfa un pedazo de tierra donde poder tener sus propios sembradíos. Su madre tendría una vida apacible y plácida. Cuidaría de ella y sabía que la manada la recibiría bien. Sin duda Rosalynn le agradaría mucho. Sonrió satisfecho, lleno de decisión y de perspectivas para su futuro. Debía esforzarse y demostrar su valía al Alfa Ferro. Serviría a la manada y pasado el tiempo – solo el necesario para ganar la confianza de los Ferro – pediría ser parte de la manada. Juraría lealtad al alfa y luego, encontraría la manera de ir por su madre para instalarse en Zafiro Azul de forma permanente. Sí, así lo haría. Había una razón por la que había llegado a esa manada tan distante y era para hacerla su nuevo hogar.
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