9.

1717 Words
Le extrañó ver a Brian acercarse al campo. ¿Quizás necesitaba ayuda en otra tarea? - Puedes dejar eso ya – dijo apoyándose en la barda que dividía los sembradíos. - Es temprano, señor Brian – dijo Omar incorporándose – Todavía puedo trabajar un poco más – - No hoy – dijo y su tono era algo apagado – Es un día especial para la manada, así que debemos prepararnos – - ¿Se trata de alguna celebración? – - Me temo que no – el hombre le miró un momento – Es una fecha triste para la manada, en realidad – - ¡Oh! Lo lamento – recogió sus herramientas y juntos, se dirigieron de regreso a la casa de los Stevenson. - No debes venir mañana tampoco – le dijo Brian. - Está bien. Volveré entonces a la villa – - Nos vemos, Omar. Gracias por tu trabajo duro – El joven tomó el camino y a medida que se acercaba vio a los guerreros que iban y venían hasta el campo que se encontraba tras la casa de la manada. No le fue difícil distinguir a los Andreu, que en ese momento abrían los brazos para recibir a una mujer que prácticamente corría hacia ellos. En un instante los tres se fundieron en un estrecho abrazo. Su curiosidad lo empujó a dirigirse a donde ellos encontraban. Se habían separado y ahora los jóvenes saludaban con el mismo afecto a otra chica. Se detuvo a unos pasos y entonces la joven se volteó y sus miradas se encontraron. Ella no era muy alta, pero tenía un porte elegante. Su piel era oscura, el cuerpo era fibroso, cada pequeño músculo claramente definido y, sin embargo, no dejaba de ser femenino. Llevaba la cabeza en alto con una actitud casi desafiante. Un rostro algo cuadrado, de frente amplia, hermosos ojos cafés, nariz ancha y labios finos. El cabello, castaño rojizo lo llevaba trenzado y caía sobre su pecho. Vestía a la usanza de los guerreros, pero calzaba perfectamente con el aura poderosa que emanaba de ella. La joven le observaba con curiosidad, analizándolo con el mismo detalle que él lo hacía. - ¡Vaya! – exclamó Omar sin poder contenerse – Eres realmente hermosa – Ella no pudo ocultar su sorpresa y frunció el ceño. - ¿Gracias? – - Lo siento – el joven se rehízo rápidamente – No quise ser irrespetuoso – - Omar, ella es Briella Ferro – intervino Cálix con una sonrisa divertida – Ella es hija del Alfa Ferro – - ¡Oh! Ya veo… - Briella, él es Omar. El alfa lo ha acogido temporalmente – - Hola, Omar, bienvenido a Zafiro Azul – - Gracias, señorita Briella – - No, nada de formalidades, solo Briella – y ella se permitió sonreír, lo que lo hizo sonreír a él – Ella es Ivy – señaló a la joven a su lado, que miraba el intercambio con suma curiosidad. La chica no ocultaba lo impresionada que se encontraba por la presencia del desconocido. Era muy pequeña y delgada, cabello oscuro que llevaba en lo alto de la cabeza, en un moño desordenado. Era completamente opuesta a Briella. A su lado, parecía muy pequeña y débil. Debía ser una loba sin rango, pero tenia una luz especial que no permitía que el aura de la hija del alfa la opacara. - Bien, chicos – se había vuelto a mirar a los gemelos – Fue un viaje largo. Realmente necesito ir a mi habitación y refrescarme. ¿Papá está en el estudio? – - No ha llegado aún, pero no debe tardar. Debe ya estar enterado que regresaste – - Entonces me apresuraré – miró un momento a Omar – Supongo que nos veremos luego – - Así lo espero – asintió el joven. - Yo también voy a casa – dijo Ivy, su voz suave y algo aguda – Papá y mamá deben estar ansiosos – estrechó la mano de Briella – Nos veremos en la ceremonia – La joven asintió y se dirigió al interior de la casa, mientras Ivy tomaba el camino. - ¿Omar? – Había permanecido con la mirada fija en la puerta trasera por la que Briella había desaparecido, así que se sobresaltó un poco al escuchar que lo llamaban. Se volteó y se encontró con los gemelos que lo observaban con curiosidad. - Nosotros tenemos mucho que hacer – dijo Egan – Nos veremos luego – - ¡Aguarden! – reaccionó – Puedo ayudar. Brian me dijo que no me necesitaba más en el campo y que la manada se preparaba para un evento especial – - Entonces, ven. Realmente hay mucho por hacer – No había pasado mucho tiempo cuando Lucio se les unió. De inmediato comenzó a distribuir tareas y todos se apresuraron a seguir sus indicaciones. Omar se tomó un momento para observarlo con interés. A pesar de la actitud severa que había mostrado con él, era mucho más amable y llevadero con su gente. No era del tipo de lobo que sacaba a relucir su cargo. Guiaba y organizaba, pero no ordenaba. O al menos, no se sentía como una orden y, sin embargo, todos se sentían compelidos a obedecer. Nadie ponía en duda su autoridad y él no necesitaba imponerse para hacerse escuchar. Debió sentir que era observado, porque paseó la mirada por el campo con un movimiento calculado y Omar se apresuró a volver a su labor. Con un grupo de guerreros acarreaba grandes piedras oscuras que otro grupo se encargaba de acomodar, formando un amplio círculo. Luego, cargaron decenas de troncos que dejaron a un lado. Caía el atardecer cuando la manada comenzó a reunirse en el campo. En el centro estaba ya dispuesta la pira. Luna Lily y Rosalynn colocaban dentro del círculo de piedras una serie de hierbas y plantas mientras el resto de los lobos observaban. Nadie había acudido a su ayuda y Omar supuso que era parte de la ceremonia. Como no era parte de la manada, decidió mantenerse en la parte más alejada, desde donde podía observar todo. Vio como los lobos de rango se acercaban a la pira. El Gamma Larsen con su hijo, no había tenido oportunidad de conocerlo hasta ese momento, pues estaba de viaje. Era una mole de músculo y cabello rojo. Una barba cerrada y tupida, cejas gruesas que ocultaban uno ojos pequeños, pero alertas. Con ellos, el Beta Niko con Cálix y Egan. Se colocaron a un extremo de la pira, mientras Luna Lily y Rosalynn se acomodaban al otro lado. De la casa de la manada salió el Alfa Ferro, con Briella a su lado y tras ellos, Lucio. El alfa y su hija se colocaron frente a la pira, de cara a la manada y Lucio se unió a su madre y hermana. - Amigos, gracias por estar aquí hoy – la voz del alfa se escuchaba fuerte y grave en todo el campo – Hacemos una pausa entre nuestras tareas diarias para honrar la memoria de aquellos seres queridos que han vuelto al lado de la diosa Selene. Ya no están a nuestro lado, pero su presencia, su cariño y enseñanzas permanecen en nuestros corazones – hizo un gesto a su hija y ella tomó una tea de manos de un guerrero y encendió la pira. No tomó más que unos segundos para que una llama naranja se alzara y comenzara a devorar los leños. - Esta noche – dijo Briella con la mirada fija en las llamas – Quiero honrar la memoria de mi madre… Omar frunció el ceño. ¿Había escuchado bien? - Desearía que ella estuviera aquí, con nosotros, que pudiera ver cuánto ha crecido la manada, como nos hemos vuelto más fuertes… Quisiera que pudiera ver en la loba que me he convertido. Deseo pensar que ella estaría orgullosa de mí – El Alfa Ferro se colocó a su lado y apoyó la mano en su hombro. La joven alzó la mirada un momento y él susurró: - Ella está muy orgullosa de ti – Padre e hija cedieron el sitio a otros lobos que querían rememorar a sus seres queridos. Un muy emotivo momento se dio cuando Brian Stevenson y su familia se acercaron para honrar a su padre. La propia Luna Lily se unió a ellos y en su rostro iluminado por las llamas era posible distinguir las lágrimas que corrían copiosas por sus mejillas y ella no se molestaba en limpiar. - Mamá tenía mucho cariño al señor Stevenson – dijo una voz a su lado. Se volteó rápidamente y no pudo evitar sorprenderse al ver a Rosalynn a su lado. No la había escuchado acercarse. - Cuidó de ella cuando mi abuelo Raymond murió y se quedó sola – agregó con la mirada fija en las llamas que se alzaban al cielo. El fuego había tomado mayor fuerza y un aroma extraño rodeaba el lugar. – Para ella fue muy triste verlo partir. En realidad, toda la familia le tenía mucho aprecio. Era un buen hombre – - Imagino que sí – dijo Omar en voz baja – Brian habla con mucho cariño de él – Observaron en silencio la escena, hasta que la mirada de Omar fue atraída hacia donde Briella se encontraba. Permanecía entre el alfa y Lucio, lo que la hacía ver pequeña entre ambos lobos, pero se mantenía firme, con la cabeza en alto y gesto orgulloso. - Ya conociste a Briella… - murmuró Rosalynn y su tono de voz era extraño. Había tensión en él, cuando la joven siempre era tan dulce y relajada. - Sí, la conocí esta mañana – respondió – Ella… ¿habló de su madre? – se atrevió a preguntar. Rosalynn asintió sin mirarlo. - Luna Grace… Fue la pareja de mi padre por poco tiempo. Ella murió poco después del nacimiento de Briella – - Ella… ¿era la pareja destinada del alfa? – - No, mi padre la tomó como pareja en un momento muy difícil de la manada – tomó la mano de Omar y le indicó que la siguiera. Se alejaron un poco más, donde sus voces no interrumpieran a los otros y se sentaron bajo un árbol, sin embargo, podían observar la ceremonia claramente.
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