4.

1933 Words
Poco a poco recuperó la conciencia. Al tratar de moverse, no pudo contener un gruñido. Todo su cuerpo dolía. Sus músculos estaban pesados y sentía las afiladas puntas de piedra enterrarse en su piel al tratar de incorporarse. Se tomó un momento antes de abrir los ojos. El suelo era demasiado duro y el ambiente demasiado húmedo para encontrarse de vuelta en la tienda. Abrió los ojos y no podía distinguir nada a su alrededor, solo oscuridad. Volvió a cerrarlos, tomó algunas profundas respiraciones y los abrió lentamente. Poco a poco, sus sentidos fueron aclarándose. Realmente estaba en un lugar donde no penetraba la luz, pero oía el torrente de un río y se dirigió hacia allí. Se lavó el rostro, los brazos y bebió con avidez. Logró ponerse en pie y miró a su alrededor, a lo lejos se divisaba un punto de luz y allí se dirigió. Se encontraba en una cueva con intrincados túneles y un río que corría con fuerza. Salió de la cueva y tomó una profunda respiración. Apenas una fina línea de luz bordeaba las montañas, anunciando el amanecer. No era el aire seco de Las Dunas. Estaba impregnado de una serie de aromas cítricos, dulces e intensos. Frente a él, altas copas de árboles pobladas de hojas muy verdes. A sus pies, las piedras cubiertas de musgo y más allá, verde pasto. ¿Todavía estaba soñando? ¿O acaso había muerto y había vuelto al seno de la diosa? Posiblemente lo último, se dijo. Jamás habría sido capaz de imaginar un lugar así, pero mirando con detenimiento, definitivamente ese era el lugar digno de una diosa. Avanzó lentamente, sus pies aliviados de dejar atrás las piedras y hundirse en el pasto húmedo. Divisó un cerco de árboles y hacia allí se dirigió. Era difícil asimilar todo lo que lo rodeaba: tanto verdor, los altos árboles, tantas plantas y flores diferentes que no sabía que existían. En Las Dunas había grandes extensiones de tierra árida y los sembradíos eran pocos. Su madre y él habían sido muy afortunados en encontrar una pequeña parcela cerca de un arroyo, donde construyeron una humilde casa y sembraban granos que comerciaban con manadas de alrededor. Pero el lugar que tenía frente a él era algo completamente opuesto a lo que había conocido toda su vida. Cruzó el cerco de árboles y se topó con un hermoso manantial de aguas límpidas, pero lo que hizo detener su corazón, fue la visión de una diosa que se movía entre las aguas. Solo lograba divisar el largo cabello castaño que se movía en la superficie, el rostro blanco y redondo, unos labios pequeños y llenos, sus mejillas de pómulos sobresalientes. Se acercó a la orilla, ansioso por ver mejor a esa maravillosa criatura, envuelta en la luz rosada del amanecer. Ella escuchó el crujir de hojas bajo sus pies y se volteó tan rápido, que su cabello quedó adherido a su rostro. Lo apartó rápidamente y sus ojos se encontraron. Eran los más hermosos ojos que había visto: grandes, almendrados, de un verde profundo. Era como si un manantial viviera en ellos. Sus labios se curvaron en una “o” de sorpresa, un fugaz brillo de alerta en su mirada, que fue reemplazada por la curiosidad. Omar dio dos grandes zancadas en su dirección. Tenía que ir con ella, tenía que verla de cerca y asegurarse que era real. ¿Era posible que existiera en esta tierra una criatura tan hermosa? Sin embargo, un aro de agua que corría muy rápido se formó alrededor de sus pies, impidiéndole avanzar. La joven le miraba con curiosidad y nadó hacia él, pero mantuvo una considerable distancia. - ¿Quién eres? – su voz era muy suave, casi un susurro. - Soy Omar – - ¿Cómo llegaste hasta aquí? – - No lo sé – respondió honestamente, mirando a su alrededor - ¿En qué lugar me encuentro? – - ¿No sabes dónde estás? – - Nunca había estado en un lugar como este. Nunca creí que podría existir un lugar así. ¿He vuelto al lado de la diosa? ¿Eres tú la diosa Selene? – intentó dar un paso para acercarse, había una fuerza que lo empujaba a ir a su lado, pero la corriente solo aumentaba su furia. La risa de la joven lo detuvo. Era una melodía que resonaba entre las piedras que coronaban el manantial. - Esta es la manada Zafiro Azul y yo no soy una diosa – - ¿Zafiro Azul? – frunció el ceño – Nunca escuché de una manada llamada así – - ¿Cuál es tu manada? – preguntó ella a su vez. - Vengo de la manada de Las Dunas – - Yo tampoco nunca escuché de esa manada. Debe estar muy lejos de valle – - ¿Valle? – cada vez se sentía más confundido. - Sí, estamos al norte del valle – - Yo… todo esto es muy extraño – La joven le observó detenidamente y luego le dio la espalda y se dirigió al otro lado del manantial. - ¡Aguarda! – sintió un vacío en su pecho cuando se alejó. Ella no reaccionó. Salió del agua y entonces pudo verla por completo. Su figura era fina y larga. Su cabello cubría sus senos, su cintura fina y una suave curva marcaba sus caderas. Sus muslos llenos y piernas torneadas. No pudo contener un gruñido. Deseaba poseerla en ese momento. Era un deseo que ardía en sus venas y cada vez que ella daba un paso lejos de él, su control se tambaleaba. La vio tomar un vestido blanco, muy sencillo, que se adhirió de inmediato a su piel mojada. - Ya alerté a la manada – dijo ella atando las cintas de su vestido – Vendrán por ti para llevarte a la villa – - Yo… no pretendo lastimarte… No quiero causar problemas… Ni siquiera sé cómo llegué aquí – ¿Ella le temía? ¿Cómo podía imaginar que podría lastimarla? En ese momento, solo deseaba arrodillarse frente a ella y besar sus pies. - Estoy segura de que es así – respondió ella con una pequeña sonrisa – Pero has entrado a la manada sin autorización. Es como debe hacerse – Se sentó sobre una piedra y comenzó a peinar su cabello con los dedos, así que Omar decidió simplemente quedarse muy quieto y observarla. No tenía idea de cómo lidiaba esa manada con los intrusos. En ningún lugar eran bien recibidos, se dijo, así que no podía esperar nada bueno. ¿Cómo iba a explicarles cómo llegó ahí? Ni siquiera él mismo podía explicar qué sucedió la noche anterior con el Alfa Malek. Él jamás tendría intenciones de lastimar a su alfa, sin importar cuál era su situación. No era consciente de lo que hacía, en ese momento no tenía control de su cuerpo… pero ahora era un traidor. Un errante, posiblemente. No había manera que continuara siendo parte de la manada porque no tenía cómo explicar sus acciones. El Alfa Malek lo vio atacarlo… Se frotó el rostro, se sentía perdido. No tenía idea qué sería de él ahora. Al abrir los ojos, notó que ella lo observaba. No le había dicho su nombre y quería saberlo. Sin embargo, el ruido de pasos que se acercaban llamó su atención. No tardó en ver tres lobos jóvenes, altos y fornidos. Aún a la distancia, podía percibir sus auras. Eran lobos de rango. A la cabeza caminaba el más fornido de los tres. Una espalda ancha, músculos abultados y bien definidos. El cabello era castaño claro, gruesas cejas oscuras y ojos claros, no estaba seguro si eran verdes o azules. La quijada cuadrada, completamente libre de vello. Sin dignarse a mirarlo, se dirigió directamente a donde la joven se encontraba y Omar sintió su pecho inflamarse de rabia cuando la rodeó por la cintura. - ¿Estás bien? – le preguntó en voz baja. La joven se rindió a su abrazo y apoyó la mano en el pecho del recién llegado, lo que provocó en Omar un grave gruñido. La pareja le miró con curiosidad, pero rápidamente, ella se volvió al lobo y dijo con una sonrisa: - Sí, todo está bien, no te preocupes – - Bien, vamos – miró a Omar – El alfa espera – Los otros dos lobos se habían detenido tras él. No eran tan altos como el otro, pero sus cuerpos eran igual de fornidos. Su piel era clara, cabello oscuro y rizado. Uno lo llevaba más largo que el otro y eso era lo único que permitía diferenciarlos. Vio con sorpresa como el cerco de agua desaparecía y uno de los lobos le tomó por el brazo. - No es necesario – dijo soltándose y mostró las manos, con un gesto de rendición – No vengo con intenciones de lastimar a nadie. Los seguiré voluntariamente con su alfa – Miraron al otro, que no se había movido de su sitio y este asintió. El lobo de cabello largo le indicó con un movimiento de su brazo que pasara y Omar obedeció. Echaron a andar. La joven y el joven lobo a la cabeza. Él no la había soltado y su cuerpo ardía de deseos por arrancarla de sus brazos. Tomó un par de respiraciones, tratando de tranquilizarse. Su reacción hacia la joven era extraña. Nunca había sentido esa posesividad hacia ninguna loba antes. No había podido percibir su olor, pero con su lobo ausente, no podía saber si era su pareja destinada. Ella se veía muy joven. Tal vez su lobo no había despertado aún. Tal vez ese joven era su pareja. Tenía sentido que acudiera a él cuando un desconocido irrumpió en su baño. Miró a su alrededor. El verdor y la vegetación no cesaba. No había muchas casas alrededor, pero divisó algunas granjas. Luego de un buen trecho, notó que las edificaciones se hacían más numerosas y el camino era mucho más definido. Algunos lobos atendían sus quehaceres y le lanzaban miradas curiosas a su paso. Entraron a una gran casa y lo guiaron hasta una habitación. El joven abrió la puerta sin llamar e indicó a la joven que pasara primero. Ella se acercó rápidamente al hombre que se encontraba tras el escritorio y que se puso de pie para recibirla en sus brazos. - Buenos días, mi rosa – dijo besando su cabello con suma dulzura. - Buenos días, papá – respondió ella con una sonrisa y se puso de puntillas para besar su mejilla. “Es la hija del alfa”, pensó Omar mientras entraba a la habitación, custodiado por los lobos. - Lucio – dijo el alfa con una inclinación de cabeza al joven lobo. Él se limitó a responder con otro gesto y se acomodó en un extremo de la habitación. La puerta se abrió de nuevo y una hermosa mujer de cabello rubio entró. Recorrió con la mirada los rostros de los presentes y se detuvo un momento más en Omar, con la misma mirada de curiosidad de la joven en el manantial. Se dirigió entonces a donde el alfa se encontraba. Le besó en los labios y luego sonrió a la joven. - ¿Qué nos traes hoy, Rosalynn? – - Rosalynn… - repitió Omar con un susurro - ¿Ese es tu nombre? – La joven se volteó a mirarlo y su sonrisa iluminó todo el espacio. - Sí, ese es mi nombre. Soy Rosalynn Ferro. Él es mi padre, el Alfa Adrian Ferro y mi madre, Luna Lily -
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