Regreso a casa a las cuatro de la madrugada, me saco la camisa yendo a la cocina para tomar algo para el dolor de cabeza, estoy ebrio tengo que admitirlo, que se nos ha ido la mano un poco, pero hace cuanto no bebía de esta forma, hace cuanto no me causaba gracia todo, hace cuanto no me preocupaba por nada. Mía prende la luz y me mira cruzada de brazos. Se nota que no ha dormido nada, que esta furiosa. Yo debería estarlo también. —Tengo sueño podemos hacer esto después—le digo tomando una aspirina del cajón junto al lavado. —Estás ebrio. Asiento mordiendo mi labio.—Lo estoy ¿algún problema? —Tienes razón hagamos esto mañana. Niego con la cabeza y me acerco a ella—No, querías que fuera ahora, vamos di lo que tienes para decir. —No tengo nada para decir ¿Tú? Asiento—¿No fuiste a Ámster

