Dejo a Enzo cerca de su casa intento consolarlo, aunque eso sea imposible se lo que se siente enamorarte de tu mejor amiga, de alguien que conoces tan bien y que te conoce también. Me voy directo a la academia, me detengo por un helado primero, cuando llego Marcus está esperándome de brazos cruzados.
—Tu peso—me dice con tan autoridad. Me río—Debes sostener a Mía y como lo harás si no sostienes tu propio peso.
—Relájate—le digo tirando el helado en el basurero—Estoy totalmente en forma.
—En forma de pelota, Jeff.
Me miro en espejo, no me veo en forma de pelota, pero si he dejado de hacer ejercicio y he subido unos kilos, pero ocurre en todas las personas. Se llama flojera.
—Primero que nada, comenzarás a ejercitarte—me apunta con el control del estéreo—Ahora a la barra.
+++
Mara está concentrada en la clase mientras yo la miro pensando en cómo decirle que uno de sus mejores amigos, con los que prácticamente vivió, está enamorado de ella, no tengo que decírselo, pero...me siento en la mitad de dos personas. ¿Se habrá sentido entando en medio de Mía y yo?
—¿Estás bien?—Es lo primero que le pregunto. Ella asiente—¿Segura?
—Fue solo un mal entendido, estamos bien.
—¿Por qué no fuiste a casa? Sabes que Mía y yo no tenemos problema.
—No tienen problema en aceptarme en su casa, pero si están teniendo problemas entre ustedes, Jeff—me mira con esa cara de 'estás haciendo todo mal'.
—¿Mía te ha dicho eso?—juego con el bolígrafo mientras miro hacía al frente.
—No, no es necesario que me lo diga, ella no está bien y tú ¡Dios! No eres el mismo desde hace un tiempo ¿Cómo quieres que siga enamorada de ti?
—¿De qué me estás hablando? ¿Ella no—hago una pausa tratando de entender —está enamorada de mí?
—No quise decir eso—me mira arrepentida y toca mi hombro. No comprendo que le está pasando, pero si estoy molesto con ella—Jeff. Agarro mi mochila y salgo de la clase, Mara sale detrás de mí—Jeff, por favor no me hagas caso, te mentí, no estoy bien, Christopher y yo, ya no nos entendemos—sigo caminado mientras ella intenta alcanzarme—Me desquite contigo, soy una mala mejor amiga si quieres terminar conmigo dímelo. La escucho detenerse—Aceptaré que soy yo, no tú—me doy la vuelta para mirarla—Pero déjame decirte que no podré hacer ni un solo trabajo sola. La miro de arriba hacia abajo.
Mara ha sido mi mejor amiga desde que tengo uso de memoria. El año que me enamoré de mi bajita, Mara me ayudó cuando más la necesite, desde entonces supe que ella siempre estaría de mi lado; conoce todo de mí. Mi pasado, mi presente y seguramente deduce mi futuro. Sabe tanto de mí que debo creerle cuando dice que cambie.
—Tienes razón.
—Presumido—se cruza de brazos y sonríe.
—No, tienes razón, no estamos bien—confieso. Ella deja caer sus brazos a los costados—Me siento estresado, perdido y creo que, por primera vez en tanto tiempo, necesito un descanso de todo.
—¿Todo? Todo no incluye a Mía ¿o sí? Asiento—Jeff, eso la destruiría, ella te ama, lo que dije en el salón es lo que yo siento, es que ya no estoy enamorada de mi marido—sus lágrimas comienzan a salir, me acerco para envolverla en un abrazo.
—Vamos afuera.
Nos sentamos en los bancos de afuera, ella tiene su cabeza apoyada en mi hombro. No sé cómo sentirme en verdad, soy completamente contradictorio en cuanto a mis sentimientos. Me siento cansado de todo, de la poca atención que recibo de la mujer que amo, de la falta de seguridad conmigo, tengo miedo de hacer algo que la lastime, algo que la aleje de mí para siempre, me canse de esperar que se dé cuenta que la extraño.
—Estoy bailando—le digo, Mara levanta la cabeza mirándome sorprendida.
—¿Mía lo sabe?
—No, ella me pidió que la ayude en un baile y decidí que tenía que aprender a bailar. Marcus, mi primo me enseña.
—Eso es tan...romántico—ríe leve—Eres un excelente novio Jeff, me encanta lo mucho que has cambiado por ella.
—A mí también...supongo.
—¿Qué pasa en casa, Jeff?—me pregunta apoyando de nuevo la cabeza en mi hombro—Mía es ahora la fría.
—Ella sigue siendo ella—digo tragando saliva pensando en todo el tiempo que paso solo—Sigue enamorada del baile, a veces pienso que debió ir a Amsterdam.
Mara me mira con tristeza en los ojos no sé si tristeza por todo lo que le está pasando o por lo que acabo de decir. Sin embargo, siento que Mara sabe algo que yo no.
—Eras tú quien no quería que renuncie a sus sueños. Ella renuncio por ti.
—No—le digo mordiendo mi labio esperando entender tanto como ella lo que estoy a punto de decir—Ella no renuncio por mí. Renuncio por su trabajo, y creo que también renunciaría a mí por él.
Mara me abraza poniendo sus brazos alrededor de mi cuello—Oh mi Jeffy estas tan...
—Sólo—termino por ella.
—Sí.
—Ahora háblame de Chris...
+++
Mía está arriba del escenario, presentando una pieza de Peter Pan con Justin, Erica y Luck. Ella es campanita, la dulce y simpática campanita. Ella muere de celosos porque Peter se enamoró de Wendy, solo la vi celosa una vez.
Cuando la obra termina, se acerca a mí a paso rápido para abrazarme.
—Me encanta que estés aquí—me dice sonriendo amplio—Sé que los alumnos deberían hacer estas cosas, pero extrañaba tanto bailar.
—Lo sigues haciendo bien—me inclino a besar sus labios.
—Señor, Lenin—dice Justin refiriéndose al trabajo que comenzaré el lunes.
—Señor, Ryan—le digo en el mismo tono de burla—También ha estado asombroso hoy—levanto la ceja.
—Gracias, me gusta escuchar eso de tu parte—dice tomando agua de una botella—Me gustaría más cuando sepas de danza eso sí sería un halago—trago saliva y me preparo para golpear su horrible cara, pero me detengo—Mía has estado fantástica. Nos vemos luego.
—Adiós—dice ella. Él se pierde entre muchos bailarines y Mia agarra mi mano para tranquilizarme—Entonces el siguiente nivel son las indirectas.
—Me dijiste que intentará llevarme bien con él porque es tu compañero, pero es imposible—la abrazo y ella esconde su cabeza en mi abdomen—Está esperando que me equivoque.
Se aleja para mirarme a los ojos, sus ojos siguen siendo el lugar perfecto para perderme—Te amo a ti Jeff, siempre te amaré.
Recordé la voz de Mara en mi cabeza 'ella renuncio a su sueño por ti' porque la horrible voz de Mara tiene que aparecer justo ahora.
—¿Pensaste en que hubiera pasado si te ibas a Amsterdam? Ella se aleja de mí y agacha la cabeza, este tema siempre la pone incómoda, es como abrirle la puerta a una herida del pasado.
—No, Jeff no pienso en cosas que no sucedieron ¿ok? Deja eso en el pasado—me mira enojada.
—Pero, bajita...
—¿Te molesto que estuviera aquí cuando regresaste de New York? Esperabas otra cosa—me dice cruzada de brazos—No te pedí que me buscarás, lo hiciste porqué quisiste—levanto la ceja confundido, de repente no soy yo quien cambia de humor sin razón aparente.
—No dije eso—le digo cruzado de brazos—Sólo pregunte si dejaste ese sueño por...olvídalo.
—¿Qué?
—Olvídalo.
—Dime.
—¡Qué lo olvides!—digo fuerte y sin pensar dos veces desaparezco entre la multitud de bailarines, de primer año, de segundo y bailarines naturales.
Marco el número de Mara, es la única persona a la que quiero ver ahora, me gusta pasar tiempo con ella, me gusta que entienda lo que me sucede con Mía.
—Hola ¿termino la función? Seguro me llaman para festejar—dice con la voz tan chistosa que tiene.
—Estoy solo, pero podemos festejar que...—pienso que decir, pero no se me ocurre nada.
—Podemos festejar que seré Wells de nuevo—ríe en la otra línea, los tramites del divorcio han comenzado.
—¿Vienes por mí?
—Cómprate un maldito auto, Jeff—dice riendo y escucho las llaves sonando—Estaré en cinco minutos.
Me siento a esperarla, algunas bailarinas salen vestidas, a otras se le nota por la forma de caminar que lo son. Un auto se estaciona frente al edificio, Mara saca su mano por la ventana, camino subiéndome del lado del acompañante, ella me mira de arriba a abajo como si buscará algo.
—Te andas vistiendo bien Lenin ¿vuelves de casería?—bromea comenzando a conducir. Sabe perfectamente que no tengo ojos para nadie más que no sea Mía, sin embargo, no puedo evitar pensar en las cosas que a mi mejor amigo le gusta de ella.
—Mía, elige mi ropa—contesto mirando que ella trae puesta un pijama—¿Te levante?
—Leía en la cama mientras Christopher hablaba de lo molestoso que es dormir en el sillón—se hunde de hombros—Todavía no encuentra un departamento.
—En mi edificio está disponible el departamento C—la miro levantar una ceja mientras dobla hacia la derecha—No para él—muerdo mi labio aguantando una sonrisa—Para ti—queda un silencio incomodo mientras ella hace un gesto pensativo—Mía se pondría feliz.
—¿Y tú?—me dice riendo—No te vas a poner celoso de que me dé más atención.
—Tendré a mi compañera de estudio a sólo dos departamentos del mío, no creo.
—Me quieres utilizar para no ir caminando Lenin, admítelo.
—Has descubierto mi plan, necesito un chófer personal y tú no puedes decirme que no.
—Claro que si puedo—larga una carcajada—No soy Mía, Jeff se decir perfectamente que no y jamás podrás hacerme cambiar de opinión.
—¿Qué quieres apostar a que no puedes decirme que no? Ella estaciona el auto frente a su casa.
—Jeff Lenin, estás queriendo apostar conmigo.
—Me gusta apostar, Mara Wells.
—Bien, hagamos una apuesta—levanta la ceja y mirándome fijo—Pero una que sea difícil—se queda pensando un bueno rato. Mi celular comienza a sonar, Mía está llamando desde casa, corto la llamada y apago mi celular.
—Apuesto a que no puedes estar dos semanas sin hablarme.
Ella se ríe—Sí que eres un presumido ¿Qué gano? Me hundo de hombros—Si yo gano me llevas a uno de esos almuerzos familiares. Oh, malos recuerdos al primero que fui con Mía—Y si tú ganas te hago la tarea de higiene por dos semanas. Asiento—Empezamos mañana, hoy festejemos.