CAPITULO 9 PARTE II

3149 Words
Maison Me había despertado con mal cuerpo, tenía dolor de cabeza y todo me daba vueltas, no recordaba bien que pasó, me he levantado en la cama de Emma al lado de Jacob, espera ¿Dónde está Emma?, me vinieron imágenes a la mente, la había hecho mía, pero sé lo merecía, desde que la vi por primera vez me recordó mucho a ella, era la misma imagen aunque sus ojos eran otros podía ver el gran parecido que tienen, y ya no había vuelta atrás. Recorrí toda la casa para ver en donde se encontraba, pero no había rastro de ella y tenía que encontrarla, tenía que haberla matado anoche, pero me quede dormido antes de lo previsto, si la mataba jamás se enterarían de que habíamos sido nosotros. Pensándolo bien ella jamás dirá nada de lo sucedido, es tan absurda y miedosa que no lo dirá, estoy seguro. Cuando volví su habitación mire su armario y vi que parte de su ropa no se encontraba en donde tenía que estar, se había marchado, supongo que cuando nos quedamos dormidos escapo a tiempo, estúpida Emma espero que te escondas bien porque cuando te encuentre volveré a probarte y te matare con mis propias manos. Tenía que borrar todo rastro de lo que paso anoche, pero antes tenía que levantar a este patán para que se marchara de mi casa. - Jacob levanta tu trasero gordo y vete de aquí –le tire un vaso de agua. - ¿Pero qué coj**es haces? –se levanta rápidamente sentándose en la cama. - Tienes que marcharte ¿recuerdas algo de lo que paso anoche? –voy recogiendo las cosas tiradas del cuarto. - No recuerdo mucho, pero sí que recuerdos darle lo suyo a esa pequeña zorrita –se ríe. - Vamos ayúdame a recoger no podemos dejar ninguna huella, tenemos que limpiar y quemar todo esto –no dejaré que este imbécil meta la pata. - ¿Dónde está ella? –refiriéndose a Emma. ¿Por qué no ha venido a darnos los buenos días? Le hubiera gustado –puse los ojos en blanco, no quería caer en su juego, por su culpa caí en la tentación de hacerla mía. - Se ha escapado, espero que por su bien mantenga su boca cerrada y ahora cállate y ayúdame j***r. - Vale no me grites macho, pues espero que así sea no quiero problemas con la justicia –se levantó de la cama y empezamos a limpiar todo, después bajamos a la cocina a desayunar. - ¿Oye por qué estás tan tranquilo? Esa zorrita se ha escapado ¿no tienes miedo de que se vaya de la lengua? –le miro serio y con una media sonrisa en mi rostro. - Créeme ella no dirá nada, es tan inocente la pobre –empiezo a reír y seguido Jacob. - ¿Qué le piensas decir a Luan? Tienes que inventarte una buena excusa, amigo, si no lo vas a tener crudo. - Tranquilo, todo está controlado. Mientras me tomaba mi café tranquilamente solo pensaba en ella, es tan perfecta, sus labios carnosos, sus ojos, su pelo… lástima que se lo había cortado porque no pude cogerle bien del pelo, ver como lloraba de dolor solo hacía que me excitase mucho más, ya no podía aguantarme más meses sin tenerla solo para mí. Cuando conoció a Liam se me complicaron las cosas, sabía que si estaba todos los días con él no podría controlarla tanto como me gustaría, pero cuando la vi a través de la ventana besarse con ese mocoso no pude soportarlo más, tenía que actuar rápido si no mis planes se irían a la porra. Amo a mi mujer, pero es algo que no puedo oprimir, este soy yo de verdad, mi instinto me dice que lo haga y ella me provocaba cada vez que me miraba, cada vez que sonreía y cuando se vestía con todos esos modelitos, sabía que lo hacía por mí, ella es perfecta al igual que lo era Sarah, lástima que ya no se encuentre conmigo, tuve que matarla, si no lo hubiera hecho habría arruinado mi matrimonio contando mentiras que según ella eran todas ciertas y eso no se lo permitiría, todo el mundo pensó que era un accidente y así lo pareció, hice todo lo posible para que pareciera un accidente y que se había matado ella, pero su vieja y entrometida madre sospechó de mí desde el principio, no pude matarla porque entonces ahí sí hubieran sospechado de mí y no quería que me separasen de Luan, era la única persona que me entendía, con Luan podía ser yo mismo y ella no juzgaría nunca. Nunca le conté nada de lo que paso ese día con Sarah y tampoco le conté que no podía tener hijos, no hubiera soportado que me dejara por eso y ella deseaba tener hijos, hice hasta lo imposible para que no se enterara todos estos años y así ha sido hasta que Luan recibió unas analíticas que ni yo sabía que existía, eso me hace pensar que alguien quiere que me separe de ella, pero no lo van a conseguir. Tengo que llamar a Luan y decir que Emma ha desaparecido si no cuando vuelva pensará que yo le habré hecho algo y no quiero que piense eso. Emma Había cogido un autobús para ir a la estación de autobuses, tenía que marcharme de este lugar y el primer lugar que se me ocurrió fue mi antigua casa, la casa que pase toda mi infancia, la de mis padres. No sabía qué me iba a encontrar, no sabía si ya estaba habitada por unos desconocidos, pero tenía que verla aunque sea despedirme de ella. Antes de ir a la estación tuve que pasar a la farmacia para pedir una píldora del día después, me daba miedo pedirla y que no me la quisieran dar, pero debía de asegurarme y tomar las precauciones necesarias. - Buenos días –me dice la señora no muy mayor detrás del mostrador. - Buenos días –me acerco. - ¿Qué deseas, cielo? –dice mientras organizaba algunas cajas de lo que deduzco son medicamentos. - Quisiera comprar una pastilla del día después –la mujer deja de coger las cajas y me mira fijamente, puedo notar que se está fijando en mis golpes de la cara, soy tan tonta no me había acordado que tenía la cara destrozada. - ¿Cómo dices? - Lo que ha escuchado –no quería ser grosera, pero necesitaba urgentemente esas pastillas. - Niña ¿no crees que eres muy joven para necesitar esas pastillas? ¿Te ha ocurrido algo? - No, solo necesito esa pastilla, mi novio y yo tuvimos un percance, pero con esto se solucionará –tengo la impresión de que esta señora no me está creyendo. - Vale –se marcha a los estantes de atrás y coge una caja, luego vuelve otra vez al mostrador. –mira es importante que antes de tomártela me digas cuantas horas han pasado desde que tuviste relaciones sexuales. - ¿Por qué quiere saber eso? - Es por si te la tengo que dar o no chiquilla. - Fue… Hace unas cuantas horas –le digo tímidamente. - Entonces no han pasado cuarenta y ocho horas, de modo que te explico, esta pastilla no es un método de anticoncepción es importante que lo sepas, también es importante que te lo tomes lo antes posible, tendrás que acudir a tu médico para hablar sobre los mejores métodos que se adapten a ti, si vomitas dentro de las dos horas después de haber tomado la pastilla deberás comunicarte con tu médico para saber si debes tomar otra pastilla. - De acuerdo –me lo había explicado también que daba gracias a dios que no han pasado más de dos días. - ¿Lo has entendido? - Sí, todo a la perfección. - Debe de ser horrible lo que te han hecho, no me puedo imaginar cómo te sientes ahora. - Sí, me han jodido la… vida… -me doy cuenta de que la mujer me había calado y sabía que no había sido un accidente con mi novio. - Cielo, esos golpes… -me empecé a ponerme nerviosa, no sabía que iba a pasar si llegara a decírselo a la policía. –¿Te quedas un momento aquí? Ahora vuelvo –deja las pastillas y veo que se acerca al teléfono ¿está llamando a la policía? Tenía que marcharme de ahí inmediatamente. Saqué rápido el dinero, no sabía cuánto costaban así que le deje veinticinco dólares, cogí las pastillas y salí corriendo del establecimiento. Pude escuchar que estaba hablando con la policía y cuando salí de allí pude ver que iba tras de mí, pero se quedó en la entrada, yo iba corriendo lo más rápido, no pare de correr hasta que me asegure de que nadie me seguía detrás. Cuando llegue a la estación de autobuses fui directamente al mostrador para pedir mi billete directo a Muskegon, el hombre que estaba en el mostrador me miro algo dudoso, se estará preguntando como una chica joven como yo viajaba sola en autocar. - ¿Viajas tu sola? –me pregunto mirando de arriba abajo mientras sus gafas se las acomodaba para verme. - Si, mis padres me recogerán en la estación cuando llegue, he venido a visitar a mi abuelo, está muy enfermo –tenía que inventarme cualquier excusa que diera el pego. - Lo siento mucho, toma tu billete, espero que tu abuelo se recupere –me creyó y entonces me dio mi billete. – Viaja con cuidado. - Gracias - cogí mi mochila que había dejado en el suelo y me fui a los asientos hasta que llegara el autocar para marcharme, salía a las diez en punto de la mañana y yo había llegado muy temprano, era las ocho. Las horas se hacían eternas, daba vueltas sin sentido y como aún quedaban varias horas para salir de esta ciudad fui a la máquina expendedora a por una botella de agua para tomarme la pastilla, también cogí un sándwich y una barrita de chocolate para el viaje, sabía que iba a ser un largo viaje, pero no iba a comer hasta dentro de muchas horas por si vomitaba. Antes de que fueran las diez fui al baño y salí hacia la parada en donde le quedaban quince minutos para salir, a mi lado había varios hombres y alguna que otra mujer mayor, esperaba que al ser solo personas mayores fuera un viaje tranquilo. Después de muchas horas de viaje llegué a Muskegon, mi hogar, en donde crecí y fui feliz. Cogí un taxi desde la estación, ya que no quería tardar más en llegar y aún me quedaba un buen rato para llegar, dentro del taxi mirando desde la ventana me vinieron tantos recuerdos buenos que es imposible no querer quedarme siempre, pero tengo que seguir con mis sueños, primero sacarme mi carrera, después vengar a mi familia y por último vengarme de Maison, esto no se iba a quedar así. Había llegado, después de tantas horas por fin, me quede parada fuera de la casa, se veía horrible, vacía y sin vida, aunque no quería que viviese nadie aquí pensaba que esta casa tendría una segunda oportunidad, que una familia fuera feliz como yo lo fui aquí. Llevaba puesto una gorra y unas gafas para que nadie me reconociera, fui hasta la parte de atrás y pude lograr entrar porque la puerta estaba medio rota, no decir que no tenía miedo porque estaba aterrada, solo la idea de que alguna persona sin techo este en mi casa me aterraba. Cuando entré vi que todos los objetos estaban por el suelo y todo lleno de polvo, cogí un cuchillo para defenderme por si había alguien en casa, pero mientras más me adentraba más me daba cuenta de que nadie se encontraba aquí, subí las escaleras para subir al piso de arriba con cuidado, revise todas las habitaciones y gracias a dios no había nadie, ahora podía estar tranquila. Lo primero que hice fue ir al cuarto que antes eran de mis padres, abrí su armario y aún estaban sus cosas aquí aunque un poco desordenada, supongo que después de tanto tiempo esta casa sola habrán entrado ladrones. Me acerqué a la cómoda donde tenían todos sus objetos y no quedaba nada de valor ahí, solo ropa íntima y bolsas de tela, estaba rebuscando aunque no sabía el que buscaba, cuando llegué al último cajón note que este tenía doble altura, algo se escondía debajo, levante la lámina de cartón y ahí vi lo que en el fondo algo me decía que es lo que estaba buscando. Una caja de tamaño medio estaba ahí esperando a que fuera encontrado por mí, la abrí y mis lágrimas empezaron a salir, dentro había fotos, alguna que otra joya y ¿dinero? Muchísimo dinero más de lo que podría imaginarme. Me senté en el borde de la cama y miré aquella foto de esa familia que parecen tan felices, la sonrisa de mi madre no tenía mucha diferencia de la mía y sus ojos eran iguales que los míos, ahora que me doy cuenta me parezco tanto a ella, yo sonreía al mirar a mi padre, era una escena perfecta casi como de película. Cuando deje de llorar y recordar buenos momentos guarde la caja en mi mochila y seguí investigando mi casa, aún no había mirado las cosas de mi cuarto, pero estaba muy cansada, decidí coger sabanas empaquetadas que tenían mis padres en su armario y limpie la cama para colocarla, me sentí tan sola, estando en su cama me imaginaba a ellos conmigo abrazándome, les echo tanto de menos que mi vida se ha convertido en un infierno desde que murieron, poco después me fije que se había hecho de noche así que puse mi mochila a mi lado y me quede dormida al instante. Luan Llevo fuera de la ciudad una semana entera, sin saber nada de Maison, pienso tanto en él que aún no me creo que fuera capaz de mentirme, estaba segura de que él me amaba, pero no comprendía por qué me mintió de esa manera. Cuando me llamaron de la clínica para darme los resultados no podía creer lo que me habían dicho, les pregunte si había algún error informático, es más, les insistí en que se equivocaban, pero volvieron a consultar los resultados y eran los mismos. Tenía que preguntarle a Maison si era cierto todo esto y si en realidad era así no le perdonaría, mi mayor deseo siempre fue ser madre y siempre pensé que no podíamos tener hijos por mi culpa, pero ahora sé que he perdido mi oportunidad de coger en brazos a mi bebe y sentir como se movía dentro de mí. Cuando me monte en el coche con Emma y me preguntó que sucedía no quería decirle nada, tampoco quería que se preocupara, estaba tan feliz de haberse cortado el pelo y de querer enseñárselo a Liam que no era justo preocuparla. Mis impulsos no fueron de la mejor manera cuando llegue a casa y ver a Maison en la cocina tan tranquila, la rabia y el rencor me estaban consumiendo por dentro y si no le decía las cosas claras sentía que me moriría por dentro. Después de esa discusión me marché de casa, no quería hablar con él y mi odio empezaba a crecer poco a poco, antes de coger el coche Maison logró subirse, pise el acelerador a toda marcha y salimos pitando de la entrada. - Baja la velocidad cariño –Maison intentaba tranquilizarme. - ¡No me llames cariño! No voy a bajar la velocidad, me has quitado lo único que podía hacerme feliz por completo y no te importo nada verme sufrir durante años. - Esa no fue mi intención, por favor cariño paremos y hablemos tranquilamente, te lo pido por favor –tenía tantas cosas en la cabeza, empecé a razonar y paré al lado de la carretera. - ¿Cómo pudiste? Deseaba que fuéramos felices con nuestros hijos y tú fuiste tan egoísta que no me contaste la verdad sobre ti, si me lo hubieras contado hubiéramos tenido otras opciones, pero no, no te dio la gana. - ¡No estaba preparado para tener hijos Luan! –me quede ahí parada con los ojos como platos. - ¿Cómo dices? Te estás dando cuenta de lo que estás diciendo ¡me estás diciendo que nunca has querido tener hijos conmigo!, ¿sabes lo duro que está siendo para mí? ¡j***r! - Tranquilízate, no he dicho eso, es solo que en ese entonces no estaba preparado para tener hijos, no que no quisiera tenerlos contigo, pero cuando me sentí preparado ya era demasiado tarde. - ¿Demasiado tarde para? Has tenido años para pensártelo y empieza a pensar que jamás me lo ibas a decir –se queda cabizbajo. – Lo sabía, sabía que jamás me lo contarías si no lo hubiese averiguado, he sido tan estúpida de creerte. - Lo siento cariño, no era mi intención hacerte daño. - ¡¿Qué no era tu intención?! Vaya menos mal que no lo has hecho intencionadamente porque si lo hubiera sido… - Sabes que te quiero y que entenderé que no quieras perdonarme, pero por favor no me dejes no soportaría separarme de ti. - Creo que será mejor que me marche un tiempo a casa de mis padres y pensar antes de hacer algo de lo que me arrepienta. - No por favor no hagas eso, no te marches esto lo podemos solucionar entre los dos, no quiero que tus padres se enteren y sobre todo tu padre, no quiero que me odie más de lo que ya me odia. - Es mejor así Maison, en cuanto lleguemos a casa recogeré mis cosas y me marcharé, necesito pensar bien en las cosas, créeme que será mejor así. Montamos en el coche y nos volvimos a casa, después de que pasara eso no volví a hablar con él aunque llame a Emma para saber cómo estaban los dos. Estaba en el porche de mis padres cuando recibí una llamada, era Maison, pensé en cogérselo o no, pero igual era algo importante y no me equivoque. - Hola, cielo, sé que no quieres hablar conmigo, pero esto es importante, Emma ha desaparecido –no tenía palabras para contestarle, mi mente daba vueltas y mi corazón empezó a latir rápidamente, mi Emma había desaparecido y yo no estaba ahí. Tenía que volver rápidamente a la ciudad para encontrarla, no sé por qué se ha marchado, pero no dejaré que por mis acciones ella sufra más de lo que ya ha sufrido.
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