Prólogo
—Esta es la maldición que les impongo, y recae en ustedes por sus malas acciones en contra mía. En ustedes recaerá el peso del dolor tan inmenso que mi corazón siente al no sentirse amada por aquel que me cautiva. No podrá romperse a menos que su amor sea lo suficientemente fuerte para engañar al destino y al tiempo. En ustedes recae la verdad, y nadie podrá contradecirla.
Un viento fuerte resopló dentro de la sala común del castillo, y los invitados a la boda quedaron atemorizados por la terrible voz de la bruja que asechó a la reunión. Una horrible bruma verde inundó el lugar y después de un tiempo, cuando esta se vio dispersa, los invitados y los familiares de los novios que iban a consumar su matrimonio, lograron ver solo los cuerpos de aquellos enamorados que yacían en el altar.
El rey dio la orden, de buscar a aquella bruja que le había quitado el sueño a su hija y a su yerno, aquella que le había quitado su felicidad y lo había despojado de toda dicha. Sin embargo, cuando encontraron a la bruja, no se pudo consumar venganza alguna, pues aquella mujer se había quitado la vida.
Una tragedia como ninguna.