**ANGELA** Un todoterreno gris, de cristales tintados y aspecto imponente, se detuvo frente a la entrada principal de la finca. Vi cómo un par de hombres de Bianco se apresuraban a abrir la puerta trasera con una reverencia casi religiosa. De su interior bajó una mujer mayor, vestida de un n***o riguroso que contrastaba con la luz vibrante del jardín. Tenía el cabello blanco recogido en un moño perfecto y caminaba con una elegancia severa, apoyada en un bastón de madera oscura. La miré un segundo por encima del hombro. “Otra tía abuela o alguna pariente de la familia”, pensé, volviendo a centrar mi atención en Gumersindo, que acababa de encontrar una rama y me la ofrecía con ojos suplicantes. No le di importancia. En el mundo de Bianco, la gente iba y venía en coches blindados constante

