—Y lo hago, como el jefe que eres —suspiró frustrado y me soltó. —Buenas noches, Valkiria Liv —se bajó del auto, al parecer un poco molesto y se fue. —¡Ey! —le grité, cuando bajé la ventana del auto —¡Te veo! ¡Pero no eres mi tipo! —¡¿Qué?! —se sorprendió —¡Claro! ¡Ahora créetelo, Val! —solo me reí fuerte y arranqué el auto. No pasaron ni cinco minutos, cuando comencé a escuchar mi teléfono sonar en el bolsillo de mi sudadera de chándal. De seguro era él, así que, en una luz roja lo tomé y lo revisé. —“Dios griego: Avísame cuando llegues a tu casa.” —“Dios griego: No debí haberte dejado volver sola. Fui muy irresponsable.” —“Dios griego: Tus padres me confirmarán apenas llegues a casa, pero tú también hazlo, por favor.” —¿El idiota les había hablado a mis padres? ¿Tenía sus números

