Cuando llegamos al edificio Kol, Derick seguía pensativo. Le pregunté un par de cosas y en cada respuesta obtuve un “ajá”. Era todo monosílabos y cero ganas de conversar o responder como una persona decente. Cuando nos subimos al ascensor, no pude evitar preguntarle si estaba bien. —Sí —fue lo único que me respondió. —Derick, ¿realmente estás bien? Me sentiré culpable todo el día. —¿Por qué? —me preguntó con una leve sonrisa. —Porque no debí haberte preguntado por esa chica. Simplemente debí recordarte minutos antes de la cita. —¡¿Qué?! ¡No! ¿Estás loca? No pienso juntarme a almorzar con esa psicópata y ya no me hables más de ella, por favor, que me arruinas el día. —¡Wow, wow! Detente ahí —le contesté enojada. —Discúlpame. Ya ves, su nombre me descompone. Me revuelve el estómago y

