CAPÍTULO 3 —¿Otra vez tú?

2810 Words
Al día siguiente, el domingo, me tocaba entrar temprano a mi tercer trabajo. Era peluquera en la veterinaria de mi mejor amigo. Enok me había dado ese trabajo hace un año y a mí me encantaba poder interactuar con las mascotas. —¡Valkiria, estás mojando a los otros perritos! —me gritó Enok. Me gustaba trabajar en su veterinaria que, con tanto esfuerzo, había logrado abrir en el centro de la ciudad. A Enok no le iba mal, pero tampoco excelente que digamos. Aun así, el único amigo que yo conservaba me había aceptado en su veterinaria en el área de peluquería. A veces lo ayudaba con los animales que requerían de algún cuidado médico, porque tenía los conocimientos en humanos y en los animales no era muy distinto, cuando de curaciones se trataba. —Lo siento, estaba distraída —no me había dado cuenta de que estaba mojando a los perritos de las jaulas, mientras mojaba el piso de la peluquería para limpiarlo. Esos ojos celestes hermosos del día anterior me perseguían esa mañana. —Vas a tener que secar a esos perros, porque se pueden enfermar. Últimamente estás muy distraída, Val. No sé qué te pasa. ¿Es por lo del banco? —¡No! Bueno sí, en parte. Llevo nueve años pagando ese maldito banco. Maldita operación— maldije hablando bajito. —Lamento mucho que aún no puedas salir de eso. Pero ¡Ey! —Enok se acercó a mí y tomó mi mentón —Estás viva y sana. Esa operación era necesaria y lo sabes. Dudo que hayas querido usar una silla de ruedas toda la vida —se rio un poco y se alejó de mí. Era un cretino a veces. —¡No te burles, tonto! Hay personas que deben usarlas de por vida —lo regañé —Vete o te mojo —lo amenacé con el agua que salía de la manguera. Estábamos riéndonos, cuando escuchamos que sonó la campana de la puerta de entrada. Sabía que ese domingo tenía un par de clientes perrunos que llegarían por sus cortes de pelo mensual, así que, guardé la manguera y seguí a Enok hacia el otro lado de la tienda veterinaria. Él me iba contando sobre unos clientes nuevos que había conseguido, cuando me detuve de golpe. Adivinen quién estaba en la tienda con su perrito pequeño. Así es… ¡el dios griego! —¿Otra vez tú? —le pregunté con el ceño fruncido —¿Acaso me estás siguiendo? ¡Maldito psicópata! —¡¿Qué?! ¡¿Estás loca?! —me respondió ofendido —¡¿Tienes un tercer trabajo?! —me preguntó mirando para todos lados. Yo no entendía nada. —¿Qué haces acá? —le pregunté cruzando mis brazos molesta. —¿Se conocen? —me preguntó Enok. Él sí que no entendía nada. —¡No! —le grité a Enok. —¡Sí! —respondió fuerte al mismo tiempo el dios griego —¿Me estás negando? —me preguntó un poco divertido y tratando de sonar serio a la vez. —¡Sí! O sea ¡No! No te estoy negando, porque no te conozco —le respondí tratando de sonar seria, pero me estaba costando, porque solo quería reírme ante lo absurdo de la situación. —Bueno ¿se conocen o no? —Enok me miró con los ojos exageradamente abiertos, esperando mi respuesta. —Bueno, sí, pero ni siquiera sé su nombre. Ayer tuvo una emergencia de salud y yo lo ayudé. Eso es todo. —Sí sabes mi nombre —dejó a su perrito en el suelo y estiró su mano para saludar a Enok —Soy Derick Kol, tu nuevo cliente. Agendé una cita ayer en la mañana. —¡Ah! Tú eres uno de los clientes nuevos que llegaba hoy, ¡estupendo! —le contestó Enok sonriente. Me quedé en silencio tratando de no reírme. Debía confesar, que me había entusiasmado ver al dios griego por tercera vez —Val, lleva al perrito de Derick a uno de los caniles. No quise hablar y solo comencé a caminar hacia el otro lado del mesón. Pero me tuve que detener, porque en el piso había un perro enorme que estaba echado, descansando. Nunca había atendido a clientes tan enormes y eso me asustó. —¡Wow, wow, wow! —levanté las manos —¡Es enorme! —Enok caminó detrás de mí y se asombró cuando vio a semejante animal en el suelo. —¡Oh, por dios! ¡Es un Mastín Terranova! —Enok se acercó al perro, puso su mano en la nariz del animal, esperó a que lo olfateara y le diera permiso de tocarlo. Pero el perro se entregó de inmediato y mostró su barriga para que él lo acariciara. Era un amor. —¿Cómo se llama? —preguntó Enok, mientras seguía acariciando al enorme perro. —Odín —le contestó, pero mirándome a mí. —¡Vaya! Val, tendrás que servir a Odín —mi amigo estaba sonriente. Amaba mi cultura nórdica, pero en ese momento, no me estaba causando gracia. —Jaja. Muy chistositos los dos —les contesté. Me acerqué a Odín y dejé que olfateara mi mano. Pero en vez de mostrarme su barriguita, se puso de pie, se acercó a mí y me olfateó. Como yo estaba un poco agachada para quedar a su altura, Odín olfateó mi rostro, mis brazos y mi cabello largo que caía por mis hombros. Pensé, por un momento, que me haría algo malo, como morderme o gruñirme, pero, en cambio, comenzó a lamer mi rostro dándome besos. —Qué raro —dijo Derick de repente. —¿Qué cosa? —le preguntó extrañado Enok. —Odín jamás le había dado besos a otro humano, más que a mí. En general, es un perro muy cariñoso y juguetón, pero jamás le había demostrado tanto amor a otra persona. —Sabes que soy una valkiria, ¿cierto? —le dije a Odín haciéndole cariño en su cuerpo. —Parece que se enamoró de ti —me dijo sonriente Derick. Lo miré con una media sonrisa, porque en general, los perros siempre me amaban. Justo en ese momento, comenzó a sonar el teléfono de la oficina de Enok. —Vuelvo enseguida —se disculpó con Derick. —Tú y yo seremos muy buenos amigos —le dije a Odín. —¿El padre puede ser incluido en esa amistad? —dejé de acariciar a Odín y miré a Derick de forma seria cruzándome de brazos. —Ayer te burlaste muchísimo de mí. ¿Qué te hace pensar que sería tu amiga? —Ya te lo dije ayer, jamás me burlé de ti, solo te quería ayudar. —Pues tus amiguitos no pensaban igual. Si tú y yo somos amigos, significará que, en algún momento, tendré que conocer a esos niños y no estoy dispuesta a que se burlen de mí otra vez. —Jamás los tendrás que conocer. Te doy mi palabra —me contestó levantando una mano como en los tribunales. —Creo que tú y yo pertenecemos a mundos muy distintos, Derick. —No, no, no. Eso lo esperaba de cualquier otra persona. Pensé que eras un poquito más inteligente. —¡¿Qué?! —le grité enojada, colocando mis dos manos en la cintura. —No te enojes —me contestó riéndose —Me refiero a que, en pleno siglo veintiuno no puedes poner de excusa que seamos de diferentes clases sociales. Eso a nadie le importa en estos tiempos. Puedo tener todo el dinero del mundo, pero eso no quita que sea amigo de quien se me dé la gana. —No es una excusa. Trabajo en un restaurante carísimo. Ya he tenido suficiente de los ricachones. Solo traen problemas —le contesté molesta. La última vez que había salido con un chico de clase alta, había sido la peor experiencia de mi vida —¿Sabes qué? Tengo mucho trabajo, así que, deja a tus mascotas y vete —le quité la correa de su perrito pequeño y la de Odín —¿Cómo se llama tu perro pequeño? —le pregunté con el ceño fruncido. —Bruno. —Vamos, Bruno, vamos, Odín —comencé a caminar hacia el área de la peluquería canina, pero Derick me siguió. —Vamos, Valkiria, dame una oportunidad —este chico realmente era muy insistente. —Detente, Derick —le contesté calmadamente, mientras metía a sus perritos en un canil grande —No entiendo por qué quieres ser mi amigo. Me estás dando miedo y te advierto que sé karate y defensa personal —le advertí de forma seria, cuando cerré el canil para mirarlo. —Soy cinturón n***o —me respondió orgulloso de sí mismo. —¿Ah sí? Pues yo también —le contesté con una ceja levantada orgullosa de mí. Obviamente, era mentira. Solo sabía defensa personal, porque papá me había obligado a tomar un curso años atrás, cuando me habían asaltado en la calle a plena luz del día. —Siento que me estás mintiendo —me dijo con los ojos entrecerrados cruzando los brazos en su regazo. —Jamás sabrás si te estoy mintiendo o si te estoy diciendo la verdad. Ahora dime de una vez qué quieres que les haga a tus mascotas y ya vete de una vez por todas. Me estorbas —me crucé de brazos otra vez y lo miré. —Bañarlos, limpieza de glándulas, limpieza de orejas, corte de uñas —me dijo serio, mientras enumeraba con sus dedos lo que me iba solicitando. Esa actitud me pareció muy desagradable. —Bien, ahora te puedes ir. Enok te explicará el resto —lo empujé hacia el pasillo y cerré la puerta detrás de él. Los días domingo, Enok atendía solo hasta las dos de la tarde. Para nuestra mala suerte, Derick nos había avisado que llegaría justo a las dos para retirar a sus perritos, porque estaba lejos. Literalmente, estábamos afuera de la tienda esperando al dios griego con sus dos perritos sentados en el suelo y atentos a toda la gente que pasaba caminando por la calle. —¿No te ha vuelto a escribir? —le pregunté a Enok. —Nop —me contestó. De repente, su teléfono comenzó a sonar y se alejó de mí. Eso me pareció extraño, pero no le tomé importancia —Val, no te enojes, pero me tengo que ir urgente —me dijo cuando volvió a mi lado a los minutos después. —¡¿Qué?! ¿Me dejarás sola esperando? ­—Sabes que si no fuera importante no me iría —puso cara de gatito de shrek y me reí. —Está bien. ¡Pero me debes una! —Te prometo que te lo compensaré. ¡Eres la mejor! —me dio un beso largo en la mejilla y se fue corriendo. De seguro tenía una cita con alguna chica. Me quedé esperando con Bruno y Odín a que llegara su dios griego, mientras ellos me miraban sin entender nada. —Está haciendo frío —comencé a hablarles a los perros —El otoño está llegando y el idiota del dios griego nada que aparece —les dije, mientras miraba alrededor y a la gente pasar —Bueno, caminemos un poco, me estoy congelando. La calle en la que estábamos era de una sola dirección, así que, si Derick llegaba y veía la tienda cerrada, era obvio que debía continuar avanzando por la misma calle hasta encontrarnos. Cuando íbamos llegando al final de la primera calle, tocaron la bocina. Miré enojada hacia el auto, pero mi enojo se esfumó, cuando vi que era él. Estacionó el auto y bajó rápido para alcanzarnos. —¿Te estabas robando a mis hijos? —me acusó sonriente. ¡Vaya! Su sonrisa realmente era preciosa. No pude evitar sonreír devuelta —Tienes una sonrisa hermosa, Valkiria —lo miré y sentí cómo mis mejillas se sonrojaron un poco. Hace mucho tiempo que no me pasaba eso. —Gracias, tu sonrisa también es linda —le contesté un poco tímida —Decidimos caminar, porque estaba haciendo un poco de frío. —Dudo que mis perritos hayan podido opinar —me contestó riendo. —Está bien, yo decidí caminar un poco —le respondí sonriente. —¿Quieres que te lleve a tu casa? ¿O al restaurante en donde trabajas? —Hoy no trabajo en el restaurante. Y no, no te preocupes. Vivo como a quince minutos de acá y prefiero caminar. —No soy un psicópata, por si estás evitándome. —No seas ridículo —me reí —Si lo fueras, yo ya me hubiese dado cuenta. Tengo un sexto sentido para los psicópatas —él se rio y le entregué las correas de sus perritos. —¿Te puedo acompañar a tu casa? Podemos ir caminando —me preguntó de forma tímida. Eso me pareció muy tierno. —¿Y tú auto? —Puedo volver por él después —le restó importancia. Pero sentí culpa, porque si le llegase a pasar algo a su auto, sería mi culpa. Además, él iba a tener que devolverse caminando y eso no me parecía buena idea. —Mmm, no puedo permitir que te devuelvas caminando, está bien, aceptaré que me lleves en tu auto —él se puso contento y caminamos hacia el vehículo. Subió a los perros en la parte trasera, les colocó sus cinturones de seguridad y yo me subí en el asiento del copiloto. Nos fuimos hablando de cosas sin importancia durante el corto trayecto hasta mi casa, pero una cosa sí había logrado saber de él y es que, era una persona muy graciosa e inteligente. —No quiero sonar insistente —me dijo cuando estacionó frente a mi casa —Y sé que ni siquiera te has acordado de la tarjeta que mi hermano te entregó ayer. Supongo que tampoco me llamarás, pero te juro que solo quiero ayudarte y que no hay ninguna mala intención en mis palabras. —No entiendo por qué me quieres ayudar tan desesperadamente. ¿Acaso me ves como una obra de caridad o algo por el estilo? ¿Soy como una especie de proyecto para los ricachones? —No digas tonterías —me respondió riendo un poco —Sé lo que es tener varios trabajos y lo sacrificada que puede llegar a ser la vida. Sé que no tienes tres trabajos porque ames trabajar, me imagino que tienes una razón muy importante para matarte trabajando —miré mis manos mientras lo escuchaba, porque tenía una razón muy importante para hacerlo —Solo quiero ayudarte a salir adelante. —Te lo agradezco, pero… —Escúchame —me interrumpió de forma calmada —Tengo un puesto de trabajo en mi empresa, que necesito cubrir con urgencia. Solo será un tiempo mientras encuentras otro trabajo que te acomode. El salario es buenísimo, el horario igual y tendrás los fines de semana libres. Si al cabo de un mes no te gusta el trabajo, está bien. Puedes irte sin ningún compromiso de por medio y yo me quedaré tranquilo, porque te devolví la mano después de que me salvaste de morir ahogado —su oferta no sanaba mal, porque necesitaba un trabajo estable otra vez. Pero no podía dejar a Enok solo de la noche a la mañana. —Derick… Te lo agradezco, de verdad, pero no puedo dejar mis tres trabajos abandonados, así como así y… —Ven mañana a primera hora a mi oficina, conoce el lugar, las funciones que podrías desempeñar y si te gusta el trabajo, te daré el resto del día para que puedas avisar con un poco de tiempo en todos tus trabajos y el martes comienzas conmigo en la oficina —pensándolo bien, no perdía nada con intentarlo. A mis veintisiete años, ya estaba cansada de trabajar en tres lados distintos —En mi tarjeta está la dirección de mi oficina y mi teléfono personal. Piénsalo un par de horas hoy y me escribes la respuesta antes de las doce de la noche. —Está bien, lo pensaré y antes de la medianoche te responderé. Te lo agradezco, Derick y gracias por traerme —me bajé del auto lo más rápido que pude, porque verlo tan de cerca y por tanto tiempo, me estaba nublando el juicio. Era un chico demasiado hermoso. —¡Ey, Valkiria! —me gritó de repente, cuando me estaba alejando del auto —¡Te encantará el trabajo! —me habló sonriente. —¡¿Cómo lo sabes?! —le grité confundida. —¡Porque trabajarás conmigo! —me contestó guiñándome un ojo. Arrancó su auto y se fue. Me quedé mirando cómo el auto se perdía en la calle a lo lejos.
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