—¿Detestas los olores en general? —le pregunté, siendo sincera, un poco embobada. —Ajá. No pienses mal de mí, pero Matilda no acostumbraba a lavar sus dientes después del almuerzo y debo confesar, que era asqueroso —me dijo hablando bajo. —Yo también detesto los olores en general —le respondí con voz de estúpida, porque era la primera persona que conocía en la vida, que tuviese algo en común conmigo. Ahora que lo recordaba, cuando Derick me besó, su aliento era mentolado y de seguro había masticado goma o algún dulce de menta. —Bueno, me alegro de que tengas una buena higiene. Nos vemos al rato —lo miré con cara de idiota hasta que cerró la puerta de su oficina. ¿Qué había sido todo eso? Una persona estornudó, cerca de donde me encontraba y me sacó de mis pensamientos, así que, me apr

