—¿Qué? Salté del auto antes de que me diera una respuesta. La lluvia cayó en mi cara y brazos de inmediato, pero estaba tan furiosa que no me importó. Saqué las llaves que Nikolas me había dado y pasé al vigilante sin siquiera saludarlo. Lo escuché saludar a alguien más. Me quité los tacones y me subí al ascensor. Pero antes de que las puertas se cerraran Nathan se metió dentro. —¿Por qué demonios huyes? —bramó enojado, lo que a su vez me hizo enojar más a mí. —Vete a la mierda Nathan, no puedes venir y ordenarme que me case contigo como si fuera tu maldita esclava. —No me dejaste explicarte —respondió, calmándose. —No quiero tus explicaciones, la respuesta es no. Las puertas del ascensor se abrieron en mi piso. Sali rápidamente, con Nathan detrás de mí. —Es

