Capítulo 3 =NIEVES=

1290 Words
Levantarme de madrugada… un placer que no disfruto. Agradezco a los cielos y a todo lo que es bueno que ya no estudio y no tengo que levantarme a horas del demonio. ―Nieves, ya son las ocho de la mañana ―Alex comienza a despertarme. Claro que solo con palabras no iba a funcionar e inteligentemente había preparado una taza de café n***o. ―No quiero. ―Tienes que salir de la cama ―me saca las sábanas, yo me las vuelvo a poner. ―No hay nada interesante fuera de la cama. ―digo y me acomodo aún más en la cama. ―Tienes que ir a un funeral… ―con esto abro los ojos y miro hacia el reloj, diecisiete de abril, ocho y cuarto de la mañana. Rápidamente me levanto causando que me maree. Cierto que hoy era el funeral público de Andrew Finnigan. Hoy volvería a ver a Dave en más de cinco años. ― ¿Por qué no me levantaste más temprano? ―reclamo y agarro la taza de café para empezar a beberla, no tenía tiempo para un buen desayuno―. Por cierto, ¿Qué haces en mi casa? Alex sonríe, lo miro y lo encuentro ya con su traje n***o colocado y su pelo engominado de tal forma que parecía arreglado y desarreglado. Lo único que no se había afeitado y le daba un toque más maduro. El toque nomás, el resto lo borraba cuando abría la boca. ―Tu padre me envió a despertarte ―contesta y me pasa mi ropa interior y una toalla limpia. ―Gracias, ¿a qué hora llegaste? ―pregunto sacándome el pijama antes de entrar al cuarto de baño. No importaba que me viera desnuda, no quiero ni recordar el número de veces que me tuvo que desvestir para meterme en la cama luego de una borrachera. ―A las cinco de la mañana… ―me sorprendo, es demasiado temprano. Un escalofrío recorre mi cuerpo al pensar que a esa hora ni el sol le acompañaba. ― ¿Qué hiciste con tanto tiempo? ―Reordené tu biblioteca… deberías comprar más libros, me cansé de ordenar siempre los mismos. ―se queja. Alex tenía esa manía de reordenar la biblioteca de cualquier persona, dice que se aburre del mismo orden y quiere algo nuevo y como mover los muebles de una habitación es algo más trabajoso prefiere la biblioteca. Yo ya no sé dónde están mis libros, pero por amor y paciencia le dejo desordenar mi orden, lo que él dice aburrido. ―Cuando nos casemos traerás toda tu biblioteca y crearás la biblioteca de tus sueños. ―respondo y una sonrisa nerviosa aparece en sus labios, no logra verse su hoyuelo. ―Para eso tendría que derribar alguna que otra pared. Mis ojos se agrandan. No quiero eso, todo menos eso. ¡No quiero ni pensar en el polvo que eso va a hacer! ―Ni se te ocurra. Alex pone su expresión de cachorro abandonado y comienzo a reír. Él parece enojarse. ― ¡Vete a bañar ya! Después en el auto discutiremos todo. ―Me empuja al baño y cierra la puerta―. En menos de quince minutos te quiero afuera del baño, ¿entendiste? Reconozco que tengo la tendencia de quedarme bajo la regadera hasta que el agua salga fría. ―Está bien, mi capitán. Antes de que vuelva a responderme prendo la regadera y me meto dentro. Bañándome comienzo a pensar… No es que quiera verlo a Dave, no es que quiera hacerme la interesante, tampoco quiero verlo y tampoco quiero escuchar lo que la gente va a decir. Realmente me pregunto porque estoy tan nerviosa… Solamente no quiero volver a pasar vergüenza. Termino de bañarme y salgo del baño. Alex me sigue hasta el vestidor. En cuanto abro la puerta, por un instante, mis ojos –como todas las mañanas–, van a parar a mi vestido de novia en medio de la habitación. Ese vestido blanco de princesa, de un sueño de princesa, que terminó siendo una pesadilla. Un escalofrío recorre mi espalda. ¿Por qué mi madre quiso armar así el vestidor? Mi madre tenía la idea de que mi vestido de novia y el traje del novio sean, por varios años, el centro de este pequeño e íntimo cuarto. No se había equivocado, el vestido seguía cumpliendo su rol, pero a su lado no había nada, en mi mano no había nada, y medio vestidor estaba completamente vacío. ―Eres masoquista, si fuera tú, yo ya lo habría quemado o enterrado en el jardín ―Dice Alex y entra a la habitación antes que yo para buscar entre mi ropa algo n***o para el funeral. ―Lo intente una y mil veces, nunca pude… ―mis ojos siguen clavados en el vestido. Pasaron cinco años y seguía igual que esa primera vez. ―Deberías reorganizar el vestidor. ―Alex me quita de la ensoñación dejando un conjunto en mis brazos para ir después hacia el tocador. ―Fue hecho para dos personas, no puedo… ―sigo sus pasos y me siento en el tocador. ―Dejemos la charla para otro día… De esto tienes que encargarte tú, no entiendo esas cosas ―me corta la conversación―. Anímate que tienes que lucir esplendida, es tú segunda salida a la sociedad desde que estas oficialmente comprometida… Además teniendo esta belleza de prometido tienes que lucir tus caderas y dejar a Dave preguntándose porque salió disparando. Termino mi maquillaje sencillo y veo la ropa de Alex escogió, mis ojos se agrandan y mi boca se descoloca. ―No me parece que un funeral sea un lugar para vestir tan provocativamente. ―era un vestido n***o, sí; pero con un tajo en la pierna demasiado provocador, no tenía escote, pero estaba tan ceñido al cuerpo que sería difícil aparentar modestia así vestida ―Tonterías, además toda la alta sociedad va a ir al funeral, lo que quiere decir que todas esas arpías hijas de papá van a querer tener en sus manos al único heredero de Morning Holings. Tú serás una más del montón, pero conmigo de tu lado… Además Dave va a estar mirándote, eso te lo prometo. ― ¿Y porque voy a querer que él me mire? Supuestamente estoy felizmente comprometida contigo. ―pregunto y Alex sonríe enormemente, casi encegueciéndome. ―Sencillo, porque quieres que llore lo que te hizo llorar ―responde y vuelve a señalar el vestido, dándome a entender que debía ponérmelo―. Y si te vistes así te doy mi palabra de hombre que alguna lágrima va a salir de sus ojos. Río imaginándomelo. Asiento y me cambio rápidamente tratando de no estropear el maquillaje. No es que quiera hacerle llorar, pero la idea de que viva lo que yo viví, aunque sea una minúscula parte, sí que pone una sonrisa en mi rostro. No es cristiano, lo reconozco, pero yo tampoco estoy buscando ser Santa, no con este vestido. ― ¿Cuánto tiempo queda? ―pregunto viendo que todavía faltaba arreglar el cabello ―El tiempo suficiente para que te hagas una coleta y salgamos rajando ―responde luego de mirar su reloj rolex. Hago caso y salimos rápido de mi casa que está en medio de la ciudad. Cuando bajamos a la calle un auto ya está esperándonos. ― ¿Qué es eso que siempre decía Dave? ―pregunto en cuanto estamos adentro del auto y en dirección al salón donde se haría el funeral. ― ¿Odio mi vida? ―contesta y rio. ―No, lo otro… Que maravilloso día para un funeral.   
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