Capítulo 7: Empezar de cero

1448 Words
Esa noche regresé a la mansión con un sentimiento distinto, no era de amor ni de odio hacía Rebecca. Simplemente una sensación de sorpresa y algo de emoción por encontrarla de nuevo luego de tantos años. Su visita realmente me hizo cuestionarme si en realidad me había olvidado de ella, o simplemente había puesto el sentimiento en pausa.... Y al parecer, todo pinta a ser como la segunda opción. Fue extraño el sentir que después de tanto tiempo, aún existían sentimientos hacia ella, cuando intenté de convencerme todos estos años de que estaba bien sin ella y que sin duda era un capítulo ya cerrado en mi vida. Intenté dormir pero infortunadamente no lo conseguí. Era imposible dormir con Rebecca dando vueltas por mi cabeza, con todos nuestros recuerdos ahora volviendo a mi memoria... Con nuestros planes que había desechado, regresando a mí, generando ilusiones de nuevo. No sabía que pensar ni como asimilar la situación, pero si de algo estaba seguro, era de que Rebecca conseguiría lo que estaba buscando, pues estaba a punto de tenerme nuevamente a sus pies. A la mañana siguiente desperté con gran motivación para realizar mis tareas y acompañar a Patrick como de costumbre a sus reuniones, compras y demás asuntos personales. A pesar de intentar concentrarme por completo en lo que hacía, toda actividad que hacía se veía interrumpida por distraerme al optar por pensar en Rebecca y en su repentino cambio que ahora me tenía con más dudas que respuestas. Pasaron los días y nuestros encuentros eran cada vez más frecuentes. Rebecca solía buscarme con regularidad, y ahora, mis días de descanso de nuevo eran para dedicarlos a ella. Los planes que ahora hacíamos juntos para cuando no estuviera trabajando, ahora eran en su mayoría idea de Rebecca. Desde viajes durante horas por carretera, hasta paseos y conciertos disfrutaba a su lado. En el momento Rebecca se encontraba pagando renta en un departamento relativamente cercano a la mansión de los Thompson, de modo que era mucho más sencillo el poder vernos con facilidad. Comenzamos a tener una especie de amistad que a decir verdad no me molestaba; nos apoyábamos en cualquier idea o decisión que tomáramos y sabíamos plenamente que podíamos confiar el uno en el otro, para lo que fuese necesario. Cierto día, ocurrió que en medio de un paseo nocturno cerca a la playa, mientras compartíamos sentados en la arena una copa de vino y algo de clásico jazz, hombres armados nos atacaron y decidieron encañonar a Rebecca con un revolver, exigiendo que les entregara mi motocicleta y todo lo de valor que tenía conmigo. Aunque el robo se presentó en cuestión de minutos, fueron los más tortuosos de nuestras vidas. Vivimos realmente un momento de terror, en donde posiblemente podríamos perder la vida. Lograron hurtar mi moto, un reloj costoso que me había obsequiado Patrick, algo de dinero en efectivo que tenía, unas cadenas, además de mi teléfono celular. Quedé sin nada en lo absoluto esa noche. Sé que quizás suene irónico el hecho de que un escolta sea asaltado. Sin embargo, a pesar de contar con las condiciones para defenderme, opté por no hacer nada y mostrarme sumiso, esto con el fin de evitar alguna reacción violenta en contra de Rebecca. Cuando los tipos se marcharon, quedé atónito en compañía de Rebecca intentando asimilar lo que acababa de ocurrir. Por su parte, pude ver en su rostro que realmente estaba atemorizada por lo que acabábamos de vivir. —¿Estás bien? ¿Te hicieron algo? —preguntó con su voz entrecortada por los nervios. —Estoy bien Rebecca, ¿no te pasó nada a ti? ¡Qué locura! ¿De dónde salieron esos maleantes? —comenté ofuscado. —No lo sé Brad, todo fue tan rápido, ¿pudiste ver el rostro de alguno? —preguntó nerviosa. —En realidad no, estaba tan asustado y preocupado de que no te hicieran nada, que no me percaté de quién tenía en frente. —No puedo creer que hagamos sido víctimas de algo así de infame —mencionó Rebecca—. Creo que deberíamos ir un rato a mi apartamento, así descansamos un poco y piensas muy bien la manera de contarle lo ocurrido a tus jefes; quizás hasta te recompensen con algo mucho mejor. —Yo no creo que sea oportuno ir a tu apartamento ahora —contesté—. Lo que debemos hacer es abordar dos taxis, e irnos cada uno para nuestra casa. —¿Y si los tipos están escondidos en algún lugar y se van tras de mi al verme sola? —dijo Rebecca. Por mi parte debo decir que no había analizado la situación desde esta perspectiva, así que terminé dejándome convencer por sus palabras, y decidimos abordar un taxi camino a su casa. Al llegar al lugar, innegablemente me mostré algo sorprendido por el lugar en el que ahora vivía. Un departamento pequeño, pero lo suficientemente amoblado para tener una vida cómoda. Tenía muebles en cuero, un gran televisor que ocupaba toda la pared de la sala, cuadros de arte lujosos, y demás que una persona sin empleo normalmente no podría pagar. Lo más extraño del caso, era que al preguntarle por la procedencia de sus nuevas pertenencias, me respondía con evasivas. —¿Cuándo conseguiste todo esto Rebecca? Si me dijiste que ahora no estás trabajando —comenté. —¿Ahora tú eres el único con derecho a un golpe de suerte en la vida Brad? —respondió con ironía—. Además, nunca dije que no estaba trabajando, simplemente decidí tomarme unas vacaciones —refirió. —No entiendo cuál es tu misterio Rebecca. Desapareces durante más de tres años, luego regresas como si nada hubiese pasado, y para terminar, resulta que no puedo hacer de qué manera conseguiste todo lo que tienes ahora, ¿es un chiste acaso? —No, no es ningún chiste Brad, es sólo que ahora me gusta mantener cierta parte de mi vida en privado, y la verdad lo prefiero así—contestó, al tiempo que guiñaba su ojo izquierdo. Preferí entonces no preguntar más acerca del tema, y rápidamente desviamos la conversación. Hablamos de muchos recuerdos de nuestra relación pasada, de momentos que habíamos tenido la suerte de compartir y de todos los planes que no alcanzamos a realizar debido a nuestra separación... Tuvimos tiempo incluso de preparar algo de cenar para los dos, y enseguida Rebecca aprovechó para comentar lo siguiente: —Brad, espero que no vayas a confundir las cosas... —¿A qué te refieres con confundirlas? —pregunté con asombro. —Pues sí... Tú me entiendes Brad —contestó—. No quiero que pienses que por ahora estar acá contigo, estoy buscando que regresemos. —No te preocupas, no he pensado nada al respecto —respondí. —Simplemente quiero disculparme por mis errores del pasado, y empezar de cero, una amistad contigo —refirió Rebecca. —Está bien y lo entiendo —mencioné—. Podemos dejar lo del pasado atrás, y empezar de nuevo. —Estoy de acuerdo, me agrada la idea —dijo Rebecca. Luego de la cena, compartimos una copa de sangría —deliciosa, por cierto—, conversamos un rato más y pasada la media noche, decidí abordar un taxi para regresar a la mansión. Por fortuna, cuando estuve de vuelta en casa, Patrick y su esposa se encontraban dormidos, así que no se habían percatado en el momento de lo que me había ocurrido, pero de igual manera tenía que pensar en la forma de decírselos a la mañana siguiente. Pasé una mala noche para ser honesto. Di cientos de vueltas en la cama, cuando de pronto varias preguntas asaltaron mi mente, y empecé a sentirme algo desconfiado por mi encuentro con Rebecca. Me pareció bastante curioso que al momento del atraco, los ladrones no se hubieran percatado ni un poco de Rebecca. Comprendo bien que principalmente se enfocaron en mi por la motocicleta que tenía. Sin embargo, cuando encañonaron a Rebecca con el arma, fácilmente hubiesen podido arrebatarle unos pendientes y collar de lujo, pero esto nunca ocurrió. ¿Tendría algo que ver con el asalto? ¿Los ladrones eran sus cómplices? Fueron algunas de las dudas que surgieron después de lo ocurrido, y esperaba resolverlas pronto. Mientras tanto, amanecía en la mansión, de modo que debía ponerme en pie para comenzar con el itinerario del día. Lo primero que hice fue darme una ducha de agua caliente y posteriormente tomar mi primer café de la mañana, que de hecho, nunca podía faltarme. Después, decidí salir hasta el jardín trasero, donde se encontraba Patrick con su esposa e hijo, jugando con Lucky y Tom.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD